Sleepwalker (Saxon Logan, 1984)

Sleepwalker

En El pájaro burlón tenemos una serie de especiales dedicados a aquellos títulos que consideramos Weird Movies. Cuando lo tuvimos que definir para seleccionar aquellas películas únicamente destinadas a los paladares degustadores de lo extraño, decidimos que como mínimo uno de los requisitos que estas cintas tuvieran que cumplir es que fueran o raras, u olvidadas, malditas o exóticas. Los primeros puestos siempre están copados por aquellas que cumplen los cuatro: sus formas narrativas son inusuales, por su procedencia son poco comunes (o precisamente por no dar lo que se espera de esta), no se ha hablado excesivamente de ellas, esperan ser en muchos casos reivindicadas y además la envuelve una aureola de malditismo, ya sea por problemas en su rodaje o por su distribución (bastante invisible en estos casos). Pues bien, Sleepwalker de Saxon Logan cumple de sobras estas cuatro condiciones siendo además una obra de lo más estimulante…

Los hermanos Alex (Bill Douglas) y Marion Britain (Heather Page) viven en una destartalada casa en la campiña inglesa. El primero padece sonambulismo y la segunda se ve afectada por unas terribles pesadillas. Marion ha invitado a su ¿amiga? Angela Paradise (Joanna David) y a su marido Richard (Nickolas Grace) a cenar, pero una tormenta que ha destruido la ventana de la cocina se ha llevado por delante la comida que había preparado. Los cuatro van a cenar a un restaurante y en menos de un tris estalla el conflicto entre los cuatro personajes: Richard resulta ser un neoliberal amante de las políticas de Thatcher y trata con desprecio a Alex, un traductor socialista un tanto misántropo. A Marion, ex escritora ahora dedicada a leer para editoriales, se le va fácilmente la mano con la botella y no tarda en sentirse atraída por el marido de su amiga, mientras cuenta que una noche, afectado por su sonambulismo, su hermano intentó estrangularla. La mansa Angela contempla la situación como un alma en pena, incapaz de responder a la actitud insufrible de su compañero o de su presunta amistad. Cuando los cuatro se retiren a descansar, la locura se apoderará de la pantalla, y así cada uno de ellos soñará que asesina, o que es asesinado, por alguno de los otros tres…

saxon-logans-sleepwalker1

Saxon Logan es un discípulo del director Lindsay Anderson, uno de los adalides del movimiento free cinema y que fue su asistente en O Lucky Man, amén de ser quién le convenció mientras trabajaba como ayudante de dirección en la BBC que se lanzara a dirigir sus propias obras. De hecho Logan se define a sí mismo de un modo bastante semejante a como lo hacía su mentor, como un “director vocacional” que solo se involucra en producciones que le despiertan un interés personal. Después de dirigir un par de cortometrajes, Stepping Out (1977) y Working Surface (1979), protagonizados también por Bill Douglas (que fue más conocido en su país por su faceta como director y guionista) realizó Sleepwalker, mediometraje que ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín de aquel año: pero lo que podía presagiar el inicio de una travesía, como mínimo, interesante, vio truncada su trayectoria cuando no encontró distribución en su país -a lo que no ayudó su formato-, ni tan solo en el mercado del video: y eso que hablamos de una época en la que más o menos todo se distribuía. Sleepwaker resultaba demasiado desconcertante: no era exactamente una película de terror pero aunque su propio director la considera una comedia negra (en sus propias palabras cercana a La casa de las sombras alargadas (1983) de Pete Walker pero con una gran influencia de El caserón de las sombras (1932) de James Whale) tampoco encaja del todo en esa definición. El seguidor habitual del cine de terror podría sentirse estafado por una obra que dedica gran parte de su metraje a presentar y definir a una serie de personajes que representan en sí mismos arquetipos de diferentes aspectos del Reino Unido, y si alguien se acercara a la película creyendo que iba a ver una comedia -por negra que sea- probablemente se le congelaría la sonrisa ante su siniestro final. Se trata de una obra inclasificable, que comienza como si fuera una obra dramática y social -aunque tremendamente exagerada- pero con un estilo visual que recuerda a la Hammer y que poco a poco va virando al giallo italiano, con una fantástica fotografía de tonos azulados de Nick Beeks-Sanders que le da un tono muy distinguido y una pegadiza banda sonora de Phil Sawyer realizada con sintetizadores.  Mike Leigh meets Dario Argento, si es que tal cosa es posible. Como dice Logan, la película era recibida con consternación por parte de los distribuidores británicos, incapaces de saber cómo venderla. Pero quizá lo que temían es que era una obra que les tocaba muy de cerca.

Sleepwalker2

Sleepwalker juega simbólicamente con dos conceptos enfrentados entre sí: los Britain, que viven en un castillo llamada “Albion”, representantes del “viejo mundo”, y los Paradise, que reflejan el nuevo con sus agresivas políticas y frías maneras de ver el presente, donde todo tiene un precio: pero no se casa con nadie, ya que tanto el viejo y el nuevo mundo también está enfrentado consigo mismo, como representa el trato que se dan entre ellos ambas parejas. Cuando empiece la parte más alucinada de la obra, todo este aspecto simbólico estallará en sangre, aunque el espectador tendrá difícil donde aferrarse (si es que puede). Se trata de una obra fascinante y que a día de hoy no está teniendo problemas en encontrar un nuevo público desde que el British Film Institute la encontró y la editó en DVD y BluRay en el 2013, convirtiéndose en una de las ediciones más celebradas de su serie Flipside. Por desgracia la salida de este tipo de proyectos a mediados de los 80 era complicada y tras unos pocos pases en cines de arte y ensayo desapareció con tanta rapidez que durante años hasta se dudó de su existencia.

Desencantado, Logan abandonó su intento de convertirse en director de obras de ficción y se dedicó al documental con mucho éxito. Sus obras rodadas en Africa Black Rhino: The Last Stand (1987), A Place of Skulls (1989) o Mozambique: The Struggle Continues (1989) tuvieron muy buena repercusión y ha ganado varios premios. Pero por desgracia, se perdió a uno de aquellos directores de obras de ficción con una mirada muy personal, con un toque que prometía no dejar a ningún espectador indiferente.

Javier J. Valencia

Esta entrada fue publicada en Cine Terror y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.