Terrores catódicos (9): Robin Redbreast (James MacTaggart, 1970)

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Tal vez la entrada en la década de los 70 significó el final de la “Edad de oro del cine de terror británico”, con la lenta decadencia y desaparición de productoras como Hammer o Amicus, pero el género siguió brillando en las islas británicas gracias a la pequeña pantalla. En los 70 se desarrollaría la llamada Golden Age of British TV Chillers que abarcaría series de televisión (por ejemplo las antológicas Dead Of Night (1972) o Beasts (1976), esta última escrita por el legendario guionista Nigel Kneale), especiales (como A Ghost Story for Christmas, mini-películas emitidas emitió por la BBC en fechas navideñas entre 1971 y 1978, originalmente adaptando relatos de M.R. James), o telefilmes (The Stone Tape (1972), también escrita por Kneale, o la magnífica Count Dracula (1977) de Phillip Saville). Al contrario de en otras ocasiones en las que este sección centra su atención en obras televisivas que “traumatizaron” a los televidentes y son (más o menos) conocidas, esta vez la intención rescatar una obra un tanto ignota, y no tan solo por nuestros lares sino en su propio país de origen… gracias a la mala costumbre de la BBC de borrar los másters de sus cintas para reaprovecharlas y grabar encima. Lo he escuchado cien veces y las cien me ha hecho llevarme las manos a la cabeza… en fin.

En 1970 la BBC comenzó a emitir el programa A Play for Today, dedicado a la representación de obras dramáticas usando el medio televisivo: no me estoy refiriendo a una grabación de representaciones teatrales “tal cual”, aquellas que se ruedan directamente sobre un escenario en directo y que suele constar de tres o cuatro planos, sino directamente a la versión arcaica de lo que hoy conocemos como película para televisión o telefilme. Dando el protagonismo en su mayoría a las interpretaciones, pero usando un (muy austero) lenguaje cercano al cinematográfico. La particularidad de A Play for Today en concreto es que fue concebido para hablar de temas de actualidad, lograr sensación de inmediatez ofreciendo comentarios sociales o políticos, “productos de su tiempo” pensados para una única emisión. Dado como desapareció la mayoría de su material de archivo, al menos eso lo consiguieron (gran parte de sus programas se han perdido para siempre). Conoció un éxito considerable, se emitió durante 14 años y futuras celebridades de la realización o del guión británico pasaron por él durante los inicios de sus carreras; véase Mike Leigh, Dennis Potter o Alan Clarke.

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Robin Redbreast se emitió originalmente y en color el 10 de Febrero de 1970, pero debido a los cortes de electricidad que se dieron en ese periodo a causa de la crisis energética y que gran parte de los espectadores se quedaron colgados sin ver el final se volvió a emitir el 25 de Febrero del año siguiente, consiguiendo el modesto honor de ser el primer A Play for Today reemitido. Y a su vez fue una suerte para poder verlo en nuestros días, ya que el máster de esa primera versión se ha perdido para siempre, pero de la segunda se conserva un telerecording en blanco y negro que sobrevivió (alguien debió dejar la cinta en el fondo del cajón, con buen tino) y que es la que editó en el 2013 en DVD el British Film Institute. Es curioso lo del color, cuando vi el telefilme desconocía este dato, y debido a algunas secuencias (la pesadilla de la protagonista, algunas escenas nocturnas) pensaba que el blanco y negro era original… desde luego, mal no le sienta.

Norah Palmer (Anna Cropper) es una editora de guiones en la mitad de la treintena que tras una ruptura bastante dura con su pareja decide darse una temporada de “aislamiento” y se va a desconectar a un remoto (e indeterminado) pueblo en el campo, en una cabaña que ha heredado que en la localidad llaman “Flaneathan” (País de pájaros). De entrada, todo parece ir bien con los lugareños, si bien resultan un tanto excéntricos, en especial Mr. Fisher (Bernard Heptdon), arqueólogo aficionado y caballero “muy leído” que parece tener siempre respuestas para todo además de mostrar un interés un tanto inquietante en el hogar de Norah. Pero desde el momento en el que la protagonista entable amistad con Rob (Andy Bradford), un joven de poco más de veinte que vive bastante aislado y que se revelará como un huérfano que estuvo al cuidado de la ruda y cotilla ama de llaves de Norah, Mrs. Vigo (Frida Bamford), a su alrededor parecerá activarse un calculado mecanismo que la llevará a tener relaciones sexuales con él y quedarse embarazada. A partir de ahí comenzará a sospechar de los habitantes de la localidad y a creer que están evitando que  marche de regreso a Londres…

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John Bowen, reputado guionista y novelista en su país de origen, confesó que algunos aspectos de Robin Redbreast le vinieron a la mente tras investigar sobre el asesinato Lower Quinton en 1945 en la tranquila población de Warwickshire: Jamás resuelto, la rumorología señaló que su muerte fue causa de un crimen ritual cuya intención era devolver la fertilidad a las tierras locales, cuya cosecha el año anterior había resultado muy mala. Se trató de un crimen que gozó de una gran popularidad en los medios de su época, y que obligó al aparentemente “nuevo Reino Unido” surgido tras la II Guerra Mundial a enfrentarse a la realidad: todavía existía un viejo país en su interior, aferrado al folklore y a costumbres que parecían de otro tiempo, y éstas podrían ser terribles y asustar al mundo moderno… En cierto modo, “redescubrieron” el “folk horror” y cualquiera diría que sus mentes creativas lo asumieron. Precisamente desde Gran Bretaña han surgido verdaderos clásicos del subgénero, por ejemplo, la obra que siempre es considerada “pariente directa” de la que hoy hablamos…

El hombre de mimbre (“The Wicker Man”), la única, maravillosa e inimitable película de Robin Hardy, siempre fue considerada “deudora” de la obra escrita por Bowen y dirigida por James MacTaggart: al fin y al cabo también mostraba a un protagonista procedente del “mundo moderno” que era absorbido por las costumbres de una pequeña, remota y aislada localidad que mantenían ritos paganos y costumbres olvidadas y que desembocaba en uno de los más sorprendentes e irrepetibles finales de la historia del cine. Tampoco voy a poner a Redbreast a esa altura, la película de Hardy lo lleva a otro nivel y le otorga mayor importancia a la religión, además de estar barnizada de una extraña ironía durante todo su metraje que contrasta con el humor rural y un tanto absurdo que tiene su predecesora durante su primer tercio. Además de que El hombre de mimbre le saca todo el partido posible a los aspectos visuales y musicales que su medio le permite, algo a lo que la modesta TV Movie no puede ni aspirar. No obstante, la influencia está ahí, y tanto Bowen como el guionista de Wicker Man Anthony Shaffer señalaron el legendario libro La rama dorada de James Frazer -estudio comparativo de mitología y religión de enorme influencia durante el siglo XX no solo en materias artísticas sino también esotéricas- como principal fuente de información. Y es en su mayor diferencia la que hace que la comparación entre ambas sea tan satisfactoria: mientras que el policía interpretado por Edward Woodward en la película del 73 era un retrógrado cristiano y reprimido defensor de unos conceptos que por mucho que ocuparan un lugar principal en el mundo “civilizado” parecían proceder del más remoto de los pasados ante las costumbres de Summerisle (al menos, algunas) , la protagonista de nuestro telefilme es una mujer libre, independiente y poco dada a los sentimentalismos, que no quiere ni oír hablar de matrimonio y valora seriamente la posibilidad de abortar al poco de quedarse embarazada, provocando el único momento en toda la película en la que logra dejar con la boca abierta a Mrs. Vigo (hablamos de 1970). Ambos protagonistas están situados en el extremo de la escala de valores que tenga el espectador, y aunque Wicker Man es mucho más extrema, también buscaba un público determinado… mientras que en el caso que nos ocupa iba a ser emitida por la cadena más importante del país con el claro objetivo de que la viera el mayor número de espectadores posible. Un desenlace como el de la primera sospecho resultaría imposible en televisión de su tiempo: pero no por ello el final de Robin Redbreast es igualmente terrible, solemne y hiela la sangre.

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Portada de la edición en DVD editada por el British Film Institute. No incluye subtítulos en español, pero si en inglés para sordos.

Así que aunque se presten a la comparación, lo cierto es que se complementan perfectamente y dan para una sesión doble de terror rural y paganismo a lo british. Summerisle el pueblo para veranear y Flaneathan como segunda residencia, para descansar los fines de semana. En ninguno podrá dormir tranquilo… pero tendrá que admitir que tienen su atractivo…

Javier J. Valencia

Más “terrores catódicos” en El pájaro burlón:
Terrores catódicos (1): Ghostwatch – Prohibido en televisión durante una década (Ghostwatch, Lesley Manning, 1992)
Terrores catódicos (2): Los chicos de Stone (Children of the Stones, Peter Graham Scott, 1977)
Terrores catódicos (3): The Kingdom – Antiguo y futuro reino (Morten Alfred / Lars Von Trier, Riget, 1994 – Riget II, 1997)
Terrores catódicos (4): The Night That Panicked America (Joseph Sargent, 1975)
Terrores catódicos (5): Gárgolas (Gargoyles, Bill L. Norton, 1972)
Terrores catódicos (6): La mirada del mal / América Oculta (American Gothic, CBS, 1995)
Terrores catódicos (7): Kolchak, el vigilante nocturno (Kolchak, The Night Stalker, 1972-1974)
Terrores catódicos (8): La oscura noche del espantapájaros (Dark Night of the Scarecrow, Frank De Felitta, 1981)

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