Que el diablo te lleve (Sebelum Iblis Menjemput, Timo Tjahjanto, 2018)

No hace mucho aparecieron unas declaraciones de Ennio Morricone que ponían a caer de un burro a Quentin Tarantino, autor con el que se labró un Oscar con ‘Los odiosos ocho’ (2015). Posteriormente, el propio Morricone aclaró que solo se trataban de mentiras, puesto que él no había dicho nada negativo de Tarantino. Verdad o no, lo que el compositor italiano decía en esas supuestas declaraciones era que, Tarantino, no era un director. Era un plagiador que se dedicaba a coger fragmentos de otros largometrajes para componer los suyos. No era autor de sus obras, en otras palabras. Al poco tiempo, las redes enloquecieron –como viene siendo normal a día de hoy- y empezaron a surgir pequeños videos que desgranaban la filmografía de Tarantino para buscar los referentes a los que, como se suele decir, hace homenaje en sus películas. El resultado, fueron un compendio de vídeos en los que quedaba claro que gran parte de los planos de Tarantino están inspirados en films icónicos, como, por ejemplo, ‘Psicosis’ (1960), a la que imita u homenajea en ‘Pulp Fiction’ (1994) en la secuencia en la que Bruce Willis está en su coche deambulando por la ciudad. Ciñéndose a los planos que Hitchcock utilizó para la secuencia en la que Janet Leigh también escapaba en su coche con el dinero robado. Eso no significa que la obra de Tarantino quede devaluada. En ningún sentido. Porque Tarantino, a pesar de que, sí, toma prestado de aquí y de allá lo que le viene en gana, sus obras tienen alma propia. Tienen un sello personal tan potente, que enmascaran sus referentes bajo una manta –o, quizá, edredón- de diálogos ingeniosos que consiguen que nos olvidemos por completo de sacar nuestro espíritu caza-guiños y nos dejemos llevar por sus historias desmadradas -de hecho, las películas de Tarantino se consideran un género en sí mismas-.

A Timo Tjahjanto le ha pasado un poco lo mismo con su nuevo largometraje, ‘Que el diablo te lleve’, el segundo film que estrena en la plataforma Netflix este año. Tjahjanto recurre a una cantidad inmensurable de referentes dentro del género de terror para elaborar una pócima de horror en su caldero mágico. ‘Que el diablo te lleve’, precisamente, se podría resumir en un mar de referencias sin una identidad propia que solo hace que sumar escenas, secuencias y extractos de guion de películas históricas dentro del género por el que navega. Referentes que van desde ‘The Blair Witch Project’ (1999) hasta ‘The Babadook’ (2014), pasando por ‘The Ring’ (1998) y terminando en la ‘Poltergeist’ de Tobe Hooper. Y empleando como hilo principal ‘La serpiente y el arco iris’ (1988) y la filmografía de Sam Raimi, a destacar ‘Evil Dead’ (1981). Incluso utiliza el recurso que empleó William Friedkin en ‘El Exorcista’ (1973) mostrando rostros endemoniados en los rincones menos esperados.

‘Que el diablo te lleve’ podría catalogarse fácilmente de copia barata. Y, a Tjahjanto, de un autor que ha querido pasarse de listo por amar en demasía el cine y sus referentes y no poder despegarse de ellos ni para construir sus propias obras. Podría caer en el mismo pozo en el que Morricone enterró a Tarantino –independientemente, repito, de si sus acusaciones eran verdaderas o falsas-. Pero lo que ha logrado Tjahjanto es justo lo que Tarantino hace con sus películas: le ha dado una esencia propia. A pesar de que salten todas las alarmas con un puñado de referentes como los ya mencionados –y muchos otros que me dejo- ‘Que el diablo te lleve’ se siente como si no estuviera estirando de esos precedentes. El director de ‘The Night Come for Us’ se permite el lujo, además, de ofrecer una clase magistral sobre cómo evitar los jumpscares en el instante en el que se presenta al monstruo, demonio, fantasma, ente o lo que toque. Sabe jugar con la cámara para que la puesta en escena se convierta en una pesadilla sin necesidad de tener que poner en su montaje un golpe estridente de sonido para que, literalmente, el espectador salte de su butaca. Tjahjanto busca crear incomodidad en el espectador. Pero no una incomodidad que haga uso del factor psicológico, sino una incomodidad física. Que el espectador vea el monstruo, que el protagonista también le vea, y que tengan que enfrentarse a él cara a cara. Es un recurso que ya utilizaba Sam Raimi con su ‘Evil Dead’ (1981), pero Tjahjanto dispone de mejores recursos para que la fórmula sea más efectiva.

Esa idea, la de combatir al demonio cuerpo a cuerpo sin echarse a correr, la remarca con las disputas familiares a las que los protagonistas deben enfrentarse. La tensión entre los personajes va in crescendo a medida que los demonios que les invaden van saliendo a la luz. Los pactos con el diablo y las consecuencias que estos conllevan.

Tener muchos referentes, y enseñarlo en pantalla, no es malo. Siempre y cuando la firma de la persona que encabeza la obra tenga la personalidad suficiente como para no renunciar a su autoría para aportar algo y diferenciarse del resto. Y con Tjahjanto, igual que con Tarantino, podemos empezar a hablar de un conjunto de películas que pertenecen a su género.

Xavi Mogrovejo

Esta entrada fue publicada en Cine Terror y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.