Paranormal Activity (Oren Peli, 2007)

No diría que estamos ante la película de género de la década, pero desde luego, se convirtió en un fenómeno porque es una de las películas más rentables de la historia y porque desde la crítica se generó un rechazo que luego no se respiró en las salas de cine.

Este rechazo viene dado por la forma en que se vende el film. Digamos que si quieres venderla como una de las historias más espeluznantes que existen, es probable que se genere una actitud a la defensiva por parte del espectador, que querrá ver cumplidas todas las expectativas que ha creado tal estrategia de marketing. Y si a esto le sumamos que el director (Oren Peli) es novel y que ha conseguido colárnosla con cuatro duros, pues ya nos sentaremos ante la pantalla agudizando los sentidos, no para disfrutar, sino para encontrarle todos los peros posibles. Sí amigos, así es España.

¿Es un error venderla como algo tan aterrador? Yo creía que sí, y que eso podría jugar en su contra, pero por otro lado, es lógico que se la jueguen a esa carta y que pongan toda la carne en el asador, pues una película tan pequeña no suele tener posibilidades de distribución, y mucho menos de distribución a nivel mundial. Así que sólo les queda probar suerte y esperar que funcione el boca-oreja. Y vaya si funcionó… recaudó más de 106 millones de dólares en Estados Unidos, cifra que se magnifica si tenemos en cuenta que hacerla costó menos de 15.000 dólares.

El empujón definitivo viene dado por una anécdota muy curiosa: se dice que le pasaron una copia a Steven Spielberg, interesado en hacer un remake, y que pasó tanto miedo viéndola a solas, que no fue capaz de terminarla y se negó a tener el dvd en su casa. Además, se comenta que mientras la veía, se quedó misteriosamente encerrado por dentro en su habitación y tuvo que venir un cerrajero a abrirle. Si esto último es verdad, no me extraña que pasara espanto el pobre hombre.

Antes de empezar con la producción del remake, Spielberg quiso hacer un pase de la versión original de Paranormal Activity para testear las reacciones del público, y fue tal el miedo de los asistentes, que decidió estrenar esa primera versión y desistir de la opción del remake. Ahora podemos afirmar que fue la decisión acertada, pues con los números encima de la mesa, vemos que la relación costes/ganancias ha resultado harto positiva.

Tanto esta relación de amortización como la factura de la película nos remiten indefectiblemente a The Blair Witch Project (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999), incluso los argumentos que en su día se usaron en contra de La bruja de Blair  son los que abanderan ahora las críticas hacia Paranormal Activity, y nos guste o no, ambas son ya clásicos del género.

Ambas rodadas en vídeo y con un aire amateur juegan su mejor baza al paulatino in crescendo terrorífico con un clímax final potentísimo. Si entras en su juego desde el principio, el resultado es tremendo, y si te vas dejando hacer durante toda la película y al final entras, como mínimo te vas con un buen sabor de boca. El espectador más perjudicado es aquel que no entra al trapo, que se aburre, y que cuando ya está llegando al final de película le da igual lo que le echen, pues ya ha sentenciado su dictamen.

Yo me confieso un espectador intermedio en estos casos, ni me aburro ni me apasiono, pero sí valoro el camino que ha ido labrando el film hasta conseguir ponerme la piel de gallina incluso no habiendo sentido gran empatía. Pero afortunadamente, pese a las críticas que he leído, y pese a las reacciones de los críticos y periodistas en los pases de prensa, el público sí empatiza, el público sí pasa miedo. Y al fin y al cabo, ¿no es eso lo que cuenta? Y si se ha conseguido con solamente 15.000 dólares, pues doble mérito. Es más, esto debería ayudar a soñar a todos aquellos que desean hacer cine y creen que está fuera de su alcance económico. Son muchas las lecturas positivas que le encuentro a que algo tan pequeño se convierta en algo tan grande.

Ahora, por fin, después de estas reflexiones contextuales, vamos a hablar un poco de la película en sí misma. ¿Vale o no la pena Paranormal Activity? ¿Da tanto miedo como proclama su propaganda? Miedo es lo único que cabe esperar de un producto así, pero calibrar el miedo es algo tan personal… como siempre, depende de la sensibilidad de cada espectador, y lo que aterra a nuestras madres quizás a nosotros no nos hace ni parpadear, pero a las reacciones del público me remito: sí, da miedo. Sobre todo durante los últimos minutos.

Si da miedo vale la pena ir al cine a verla, pero en este caso, podría potenciarse viéndola a solas en tu habitación, ya que la mayor parte de la acción transcurre ahí, en el dormitorio de los protagonistas. Por cierto, todavía no les hemos explicado el argumento. Katie y Micah, un joven matrimonio se muda a una casa grande en San Diego, empiezan a experimentar sucesos paranormales y sospechan que vive con ellos alguna presencia. Entonces Micah compra una cámara de vídeo dispuesto a grabar todo lo que vaya aconteciendo incluso mientras duermen.

Los actores trabajan con mucha naturalidad, las secuencias están bien dialogadas y de forma bastante creíble, la cámara está donde debe estar y no da pie a posibles mareos como los que sufrimos algunos con la antes citada The Blair Witch Project, y el devenir de los acontecimientos se nos presenta lógico (dentro de lo aceptable en un marco fantástico, obviamente).

Los primeros sucesos paranormales son casi insignificantes, pero a medida que avanza el metraje la cosa se pone más fea. Y repito, dependiendo de la disposición del espectador, se puede llegar a pasar mal o a aburrirse estrepitosamente, pero ¿la gracia de ir a ver una de terror es pasar miedo, no? Pongamos de nuestra parte. No sé qué es lo que esperan algunos – aquellos que dicen que no pasa nada en toda la peli (habría que verlos a ellos si les ocurre en sus casas) –  de los sucesos paranormales… normalmente son pequeñas cosas como psicofonías, manchas en la pared, luces que se encienden y se apagan, ruidos… A los que necesiten una presencia maligna más tosca los remito a El Ente, de Sidney J. Furie, 1981, que está muy bien, pero va en otra línea.

Es cierto que hay momentos un poco risibles, a mí me molestó especialmente lo de la ouija, ¿pero quién dijo que sea una película perfecta? Es una película que pasa bien, que tiene sus sustos, y que si termina por funcionar, se despide de ti haciéndote saltar de la butaca. Pero ojo, con esto no quiero decirles que es terrorífica, que seguro que lo pasan mal, que no se la pierdan, etc. Pero sí quiero apoyar este intento bien intencionado de hacer terror de lo cotidiano, y estoy seguro de que un director, cualquiera que sea, cuando hace su película lo último que quiere es timar al espectador, de forma que veo un poco ridícula la carga desmesurada que parte de la crítica especializada hizo contra esta ópera prima de Oren Peli, que incluso cuenta con virtudes narrativas propias, como la capacidad de generar la atención absoluta del espectador, que explora minuciosamente un espacio, un encuadre que ya se sabe de memoria –el dormitorio- durante varios minutos. No es tan sencillo mantener un plano fijo tanto tiempo y confiar en su ritmo interno o en el poder de su peso dramático, como suele hacer Michael Haneke en un estilo totalmente diferente, por ejemplo. En este caso, Oren Peli, dirige la mirada del espectador a su antojo y juega con sus nervios – en algunos casos con su paciencia -, dosificando la tensión hasta llevarnos a su tan comentado y efectivo clímax final.

El hecho de poder rodar una película con tan bajo coste y con tanto éxito generó un aluvión de producciones pseudo-amateur que intentaron correr la misma suerte, -de hecho, esta ya tiene cuatro secuelas-, pero creo que tardaremos en vivir un pelotazo así. Y es que los nuevos formatos digitales abren un gran abanico de posibilidades pero de momento el talento no lo regalan.

Por último, ya sólo para los aficionados a estas historietas, cito The St. Francisville Experiment (año 2.000), de Ted Nicolau – ¡sí, el de Terrorvision! 1986 -, muy en la línea del film que nos ocupa pero bastante más barata y más pobre en general, aunque también puede ser efectiva hacia el final. Y puestos a citar, podríamos relacionar directamente Paranormal Actvity con cualquier película de casas encantadas, subgénero en el que se lleva la palma The Haunting, de Robert Wise, 1963. Y ya de paso, recomendaríamos la novela La casa infernal, de Richard Matheson, cumbre también de esta temática.

Óscar Sueiro

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