Overlord (Julius Avery, 2018)

Los monstruos de Abrams siguen brillando. Fácilmente, Overlord puede ser la mejor película bélica del año. Tras su paso por la 51 edición del festival de Sitges, J.J. Abrams vuelve una vez más a la gran pantalla, esta vez en la labor de productor, para traer un largometraje delirante con zombis, monstruos y nazis por en medio, enmarcado en el lapso temporal de la Segunda Guerra Mundial. Julius Avery, el elegido para ser el apadrinado de Abrams que se ha sentado en la silla de director de Overlord, ha parido un film bélico memorable que va a hacer las delicias de los fanáticos de la serie B que sean adictos a la adrenalina y las cantidades industriales de sangre.

Imposible no pensar en que Abrams le ha echado el ojo a Hermanos de sangre, después de su larga trayectoria en televisión, para tirarle un cable a Julius Avery en la modelación de la historia. Y, por extensión, Salvar al soldado Ryan también emana de Overlord y no pretende ser una película bélica más. Ni tampoco una monster movie al uso. Avery introduce al espectador en esos inicios de la reconquista del viejo continente por parte de los norteamericanos al crear un pelotón macarra chiflado para que el público no solo quiera ver cómo estos aniquilan a un puñado de monstruos, sino que quiera interesarse por ellos. Preocuparse por lo que les pueda pasar a lo largo de la trama. Avery presta atención a los personajes y deja que éstos también tomen parte del protagonismo de la historia. Se molesta en definir a cada uno de ellos para que el espectador escoja cuál quiere que sea su compañero de armas durante el film. A destacar la labor de Jovan Adepo en sus labores como principal protagonista que sirve de cabeza de turco para captar la atención más fácilmente al tratarse de un soldado que reniega, tanto como puede, de la batalla. Mientras que sus otros compañeros aprovechan la primera de cambio para masacrar a cualquier alemán que se les cruce por delante.

Tampoco se descuida, al mismo tiempo, en recrear los horrores de la Segunda Guerra Mundial al dedillo. Hermanos de sangre no solo está presente en lo que respecta a la construcción de un pelotón amistoso que protagoniza los hechos. Avery se inspira en esa serie de televisión para recuperar la intensidad que Spielberg y Hanks desplegaron en el primer salto de la compañía paracaidista que encabezaba el producto. Avery, sin embargo, es menos modesto que aquellos y rueda la acción en un vistoso plano secuencia lleno de acción que deja sin respiración. Y eso es solo el inicio, porque Overlord es un verdadero festival de vísceras que, además, goza de unos efectos especiales envidiables. Poco tiene Overlord que envidiar al sonido de las armas del que dispone Dunkirk (2017, Christopher Nolan) y la potencia que los demás artefactos de guerra despliegan en pantalla. La inmersión es total. Lo que automáticamente le sirve para, una vez tiene captado al espectador por sus personajes y su capacidad de atracción técnica, meter esos elementos de terror propiciados por los experimentos que realizan los nazis en un pueblo de Francia. Las leyendas de los mad doctors, al más puro estilo Re-animator (1985, Stuart Gordon), cobran vida y desarrollan una mitología que podría facilitar a Abrams el hacer secuelas –ahora que, por fortuna o por desgracia, está tan de moda otra vez-.

Xavi Mogrovejo

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