La mujer de negro (The Woman in Black, James Watkins, 2012)

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En 1989 Granada Television produjo una TV Movie basada en la popular novela de Susan Hill The Woman in Black, cuento de terror gótico al estilo de los de finales del siglo XIX. El telefilme causó un duradero impacto en todos aquellos que lo visionaron y hoy en día es un pequeño clásico en el mundo de los telefilmes de género –que merece pronto un artículo revisando los más destacados-, el cual mezclaba la clásica sobriedad de las producciones británicas para la pequeña pantalla con una elegante puesta en escena de sus momentos cumbre de horror. Diciéndolo de otro modo, contaba en su metraje con algunos momentos que ponían los pelos como escarpias y un par de sustos de campeonato, todo ello con mucha clase.

Esta nueva versión, dirigida por James Watkins –cuyo título más reciente tras las cámaras es la excelente Eden Lake, vencedora moral del Sitges 2008-, parece tener un ojo puesto en aquella versión del 89 (la cual por cierto protagonizaba Adrian Rawlins, padre de Daniel Radcliffe en la saga Harry Potter) durante un cincuenta por ciento de su metraje, y se nota en sus mejores momentos, cuando desarrolla la escabrosa historia de fantasmas que rodea a la remota localidad británica y maldice a los más pequeños del lugar. Sin embargo, pierde muchísimo fuelle cuando se rinde a los efectismos más baratos, a los sustos de volumen alto para contentar a la chiquillada pero irritar al resto y parece olvidarse de la TV movie como referente para disfrazarse con descaro de baratijas tipo Cae la oscuridad.

El resultado, a grandes rasgos, es una lástima. La sensación de una oportunidad perdida, de una historia que daba para mucho más pero que termina provocando sensaciones desiguales. Efectividad momentánea y decepción un segundo después. Una historia más que interesante manipulada en exceso sin tener muy claro los beneficios que esos cambios produce. Esa sensación de falta de convencimiento la transmite el propio Daniel Radcliffe, correcto y sencillo en las escenas en las que interactúa con el resto del cast, pero flojo tratando de llevar al espectador a solas por los pasillos del –excelentemente fotografiado- caserón donde en vida habitó la terrible mujer de negro, necesitado del apoyo de los ya aburridos sustos de portazo y sopetón.

Javier J. Valencia

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