La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, Marcus Nispel, 2003)

Seguramente muchos espectadores vayan a ver este film con cierta reticencia o con algún prejuicio solo porque se trate de un remake. Eso sí, no es un remake de una película cualquiera, es la puesta al día de una película de culto, de un antes y un después dentro del cine de terror. Es por eso que todavía es más fácil acercarse a él con cierta precaución, temiendo que nuestra querida pieza original quede ultrajada por una frívola actualización.

Pero afortunadamente no fue así. El remake de La matanza de Texas fue sumando puntos y ganándose mi respeto fotograma a fotograma. Marcus Nispel, consciente de los aciertos de la película de Hooper y con nuevas ideas estéticas en mente, elaboró una combinación que se aproxima más a la “suciedad” de la primera versión que a las películas de terror contemporáneas. Supo recrear la atmósfera malsana que tenía la versión de 1974, y con ello, ha hecho suya la efectividad que tuvo la versión anterior.

Aún con todos los inevitables paralelismos con la estética de Hooper, el film de Nispel no deja de tener aciertos de cosecha propia, que en gran parte se lo debe a la dirección de fotografía, para la que recuperó al que hizo el mismo trabajo para la primera versión, Daniel Pearl. Esto no es más que otra muestra del respeto que siente Nispel por la versión pionera, y que como ya apuntaba antes, también ha hecho que se distancie del vacuo efectismo que tiene el terror actual.

A grandes rasgos, la progresión narrativa del film es idéntica a la de su predecesora. Te engancha en el mismo punto en que lo hizo aquella, aunque haya cambiado algunos detalles de la secuencia. Me refiero a cuando suben a la furgoneta a un extraño (extraña en esta ocasión). En ese momento consiguen desconcertar totalmente al espectador. Pero a la actualización no le bastaba con que el redneck se cortase la mano y luego lo echasen del coche… el remake necesitaba un poco más impacto para que empecemos a tomárnoslo en serio. Y ¿cómo avisar al espectador de que está ante algo contundente y no ante una patochada protagonizada por guapitos de cara (que lo son)? Pues haciendo que la “rara” se pegue un tiro en la cabeza y a posteriori hacer un plano en travelling que atraviese el agujero que ha dejado la bala por medio de lo que queda de masa encefálica. Ese fue el punto de inflexión en el que me cogí a la butaca y pensé: bien, esto va en serio.

Luego solo quedaba dejarse llevar y esperar a ver qué sorpresas nos deparaba el resto del film. Sorpresas como por ejemplo… que el personaje del sheriff lo interpretase R. Lee Ermey, el sargento malhumorado de Full Metal Jacket (ya homenajeado por Peter Jackson en The Frighteners). Me atrevo a decir que el personaje del sargento es una hermanita de la caridad comparado con este sheriff desalmado; es realmente es odioso y consigue que suframos por los atemorizados secundarios.

Poco a poco y casi sin darnos cuenta la película ya nos ha conquistado, nos hemos sumergido en ella. Y si el miedo nos deja, podemos detenernos un segundo para seguir admirando los nuevos aciertos estilísticos, como los que nos ofrece toda la secuencia de la caravana, de la que si nos mostrasen antes unos fotogramas, creeríamos estar viendo una película de Lynch. También cabe volver a remarcar los tonos visuales conseguidos con la iluminación, que te hace sentir tan atrapado en el exterior como si estuvieras encerrado en un garaje.

Respecto a las actuaciones nada que destacar especialmente salvo el ya comentado antes R. Lee Ermey, más por lo anecdótico que por lo interpretativo. Están todos muy en su sitio, fruto de una dirección que no ha dejado escapar ningún detalle y ha ajustado el casting a los tiempos que corren. Jessica Biel es una mujer impresionante, y además interpreta de modo muy creíble. Resulta muy agradable verla a ella todo el tiempo. Si no os gusta la película, al menos os queda eso.

Óscar Sueiro

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