La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, Tobe Hooper, 1974)

Como aficionados al cine de terror, imagino que habréis leído muchos textos dedicados a esta cinta de culto, de modo que, además de hacer un breve análisis, he querido dar mi punto de vista como joven espectador (23 años). La idea es desmitificar el tópico de que todos los jóvenes no entienden realmente el género y animar precisamente a mis congéneres, a que sepan descubrir, contextualizar y apreciar el cine que se sentó las bases para que exista eso que tanto les gusta ahora, y que, generalmente, está por debajo de la calidad esperada.
En 1974, Tobe Hooper dio a luz una de las películas más terroríficas de la historia y una de las más influyentes en el cine de género: La matanza de Texas. Un film de terror independiente con un presupuesto de 140.000 dólares que recaudó más de 30 millones. Basada en hechos reales, muestra a un grupo de cinco jóvenes que viajan a Texas porque la tumba de uno de sus familiares ha sido profanada y quieren revisar los daños. Pero en el trayecto, topan con una familia macabra de caníbales dispuesta a acabar con ellos.

El nacimiento del subgénero slasher empezó aquí su camino –aunque Hitchcock ya había sentado algunas bases con Psicosis (1960)- a partir de la obsesión de algunos cineastas por llevar a la gran pantalla las historias de algunos asesinos en serie reales que aterrorizaban al país mientras que, este, estaba centrado en la guerra de Vietnam. De hecho, fue mediante los terribles asesinatos del recién fallecido Charles Manson y sus discípulos cuando, tanto cine de terror como realidad, se vieron unidos por fuertes lazos, puesto que Manson asesinó a sangre fría a la familia de Roman Polanski (La semilla del diablo, 1968),y a otros componentes del mundo del cine norteamericano. Fue en ese instante cuando algunos cineastas quisieron trasladar ese sentimiento de inseguridad y pánico de las calles al cine. Tobe Hooper fue el más hábil en representar esos lunáticos que habitaban el país y que no eran detenidos por nadie, pero no fue el único que se lanzó al ruedo. Ese mismo año también se estrenaba Black Christmas, dirigida por Bob Clark, un progenitor más del slasher que, sin embargo, no supo explotar tanto el concepto de asesino en serie transformado en monstruo. Unos monstruos que campaban a sus anchas mientras los altos cargos ponían su punto de mira en otra guerra más y descuidaban a su gente. Incluso el propio largometraje en algunas líneas de diálogo hace, en diversas ocasiones, mención a Drácula y a Bela Lugosi. Quizá porque esos monstruos ficticios ahora han encontrado su refugio en la realidado quizá porque estamos ante el nacimiento de otro gran monstruo del mundo cine.Y, en verdad, el propio Hooper se inspira en la figura de un asesino real para crear a su famoso Cara de cuero. Concretamente, en Ed Gein, un asesino y ladrón de tumbas estadounidense conocido como el carnicero de Plainfield o Leatherface, por su obsesión con la piel humana, con la que hacía objetos. Por suerte, fue detenido en 1957. Pero no olvidado, y mucho menos por Hooper, que se aprovechó de su historia para realizar un largometraje visceral, gore y cruel que marcaría un antes y un después. Sobre todo un después, teniendo en cuenta la cantidad de secuelas, y un remake, que ha abastado la cinta.


La matanza de Texas arranca cual road movie, con el elenco de protagonistas en una furgoneta rumbo a su destino. Un modus operandi que se convertirá en un elemento de culto a seguir para próximas películas del mismo género -sin ir más lejos, y por poner un ejemplo reciente, Rob Zombie emplea esa ejecución en títulos como 31 o La casa de los 1000 cadáveres-. Todo va bien hasta que un autoestopista irrumpe su paz y tranquilidad subiéndose a bordo del vehículo con los demás aprovechando que van en la misma dirección que él. Es a partir de ese encuentro cuando el film empieza a volverse macabro y prepara las bases de locura sobre las que se moverá. El secreto de La matanza de Texas reside justo aquí, cuando el misterioso lunático autoestopista dicta cómo funciona un matadero, parte que sirve también para realizar una denuncia hacia el despido masivo de personal de las fábricas porque las máquinas hacen su trabajo. La cinta, grosso modo, funciona de igual modo. Los personajes representan a los animales, que son seleccionados previamente marcados en este caso por el autoestopista, para luego llegar a la zona donde serán destripados por Cara de cuero. Finalmente serán preparados para comer a manos del padre, que aparece por primera vez en la gasolinera –un lugar que también se convertirá en cliché de un gran número de films de terror-.

Pero esa preparación del autoestopista, la primera aparición de Leatherface o el frenético enfrentamiento entre la protagonista, Sally Hardesty, y Jim Siedow, el padre lunático, no es más que una antesala a una de las escenas más espeluznantes y enfermizas del género. La cena o lo que debería ser la última cena, de Sally, la final girl, con la familia de salvajes al completo. Incluyendo al abuelo momificado representado en clave de vampiro por la necesidad de beber sangre para así poder sobrevivir. La escena en cuestión se abre con un grito de Sally y una música estridente que acompaña la situación hasta su final. Una pesadilla con interminables primerísimos primeros planos y planos detalle que introducen al espectador como una posible víctima de Cara de cuero al situar la cámara en el lugar de la protagonista y jugar también con el plano subjetivo. Es una sensación horrible a la que nos somete Hooper.

La matanza de Texas es a todos los niveles una película absolutamente demencial. Hooper supo sacarle el máximo partido al poco presupuesto del que dispuso para crear un ambiente sucio y decrepito con el que el espectador se sintiera incómodo. Se palpa la mugre del escondite de Leatherface incluso antes de entrar en la casa donde reside la familia de matarifes. Una familia de la que tampoco se sabe nada, ni a priori ni a posteriori del argumento. Son peligrosos y están dispuestos a hacer cualquier locura que se les pase por la cabeza, pero en ningún momento se aclara la razón por la que lo hacen, ni el fin. Teniendo a Cara de cuero como actor principal de la función, la obra logra transmitir pánico e inseguridad por el desconocimiento y la desorientación que se tiene sobre la situación que se está viviendo.

Pero, ¿todo ese impacto sigue siendo vigente? ¿Cómo ha envejecido La matanza de Texas? ¿Cómo se ve hoy en día?
A ojos de un público acostumbrado a las películas del siglo XXI, donde los efectos digitales son el pan de cada día, la cinta se puede quedar corta, hablando, por supuesto, en términos generales. Hoy por hoy hay una obsesión innata por la calidad y pulidez de la imagen, cosa que pone a Hooper en la cara opuesta de la moneda por lo sucia que resulta ser la fotografía de su largometraje en cuestión. Es tal la obsesión por la excelente calidad de los efectos que se exige a los films que muchos pasan a ser buenos o malos según cómo sea su CGI. Sin ir más lejos, la reciente La liga de la justicia ha recibido una salva de malas críticas que iban dirigidas exclusivamente a su contenido digital –el mostacho de Henry Cavill como Superman es ya historia del cine de superhéroes-.


El caso, es que existe, a día de hoy, un concepto sobre cómo deben ser los films de terror. James Wan, por poner un ejemplo muy actual, es posiblemente el detonante principal de esa teoría que exige que los largometrajes de terror tengan una fotografía exquisita, sin fallos y que la mayoría de los planos posean poca luz para remarcar una y otra vez que estamos situados en un ambiente de horror. No es que con esto me declare antifan de Wan, para nada. Pero sí que es cierto que parte de esa puesta en escena de Hooper se ha perdido por culpa de los avances tecnológicos. Otros directores, como el ya nombrado anteriormente, Rob Zombie, sí que mantiene el legado de los directores clásicos del cine de género y lo adapta, de algún modo, al cine del siglo XXI. Y funciona maravillosamente bien, pero no resulta ser tan comercial como James Wan.

Por otra parte, muchos han asumido la violencia de la obra de Hooper sin ni siquiera verla, gracias a que esta ha perpetuado viva a lo largo de los años escondida en el interior de la esencia de otras películas de género que empleaban la fórmula macabra del recién fallecido director para crear nuevas historias a partir de las mismas pautas. Si uno, en vez de pasar primero por Hooper, Carpenter, Romero o la primera etapa de Wes Craven, va directo a los films contemporáneos de terror que reúnen las características mencionadas del cine de James Wan, es casi imposible que se sumerja en la angustia que representa La matanza de Texas por estar a años luz de los formatos actuales. Basados, en su mayoría, en los jump scares. Esos golpes de sonido tan molestos, a veces funcionales, que hacen que uno se asuste en el cine sin saber a veces el motivo. Aunque eso no quita que los films que se hacen ahora de terror no sean buenos. Simplemente que son distintos. De hecho, el mismo remake de 2003 de La matanza de Texas de Marcus Nispel es muy recomendable. A pesar de que en parte, en el fondo, lo que busque es recuperar algo de la esencia de Hooper.

Desde el punto de vista de un servidor, un cinéfilo nacido en los 90 y fanático del cine fantástico en todas sus vertientes, La matanza de Texas de Tobe Hooper supone una vía para entender el género de terror desde su nacimiento y poder ver este tipo de cine desde una perspectiva totalmente distinta a la planteada hoy en día. Es un largometraje que no te da respiro, eres testigo de un compendio de asesinatos brutales durante una hora y media. No importa si conoces más o menos a los personajes, o saber dónde estás exactamente, o si hay una historia detrás de todo lo que ves. Es horror puro y duro. Sin filtros, sin censura, sin necesidad de empapar la pantalla de vísceras. Lo que transmite La matanza es el significado mismo de terror. Sí, cierto es que hay partes que cuestan un poco de ver si se tiene la vista acostumbrada solo al cine moderno y contemporáneo, pero si esta se entrena, el film de Hooper consigue lo mismo que en 1974. Dejando de lado que los de mi generación hemos crecido con el cine de Tarantino, y la violencia y la sangre están a la orden del día en cualquier cinta de género. Por lo que no extraña tanto ver cadáveres colgando, caníbales o términos del estilo.

Pero si La matanza de Texas se ve como se debe, sin prejuicios y sabiendo el tipo de película que es, el año, el presupuesto, la intención y lo que se había hecho hasta ese momento, sigue siendo un film de un impacto tremendo. Sobre todo la cena final, que sigue siendo un modelo de inspiración para todo tipo de productos de género –como el reciente Resident Evil 7– y resulta ser imposible no terminar de verla con la adrenalina por las nubes.

Xavi Mogrovejo

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