Kyuketsuki Gokemidoro (Goke: Body Snatcher from Hell, Hajime Sato, 1968)

Mientras un avión de Japan Airlines surca el cielo, este se tiñe extrañamente de un color rojo sangre. Horas antes, un francotirador ha asesinado al embajador inglés en Tokyo y de la torre de control llegan noticias de que el criminal pueda hallarse entre los pasajeros. Poco después, un objeto volante no identificado sobrevuela el avión y este se estrella junto a cordillera montañosa.

Este es el potente inicio de Kyuketsuki Gokemidoro, una de las pocas incursiones en el terror de la productora japonesa Shochiku, más especializada en drama costumbrista que en dar sustos, aunque esta película consigue crear una genuina sensación de desasosiego y trascender su presupuesto bajo mínimos.

Entre los supervivientes del accidente se encuentran un senador y su esposa, un empresario armamentístico, un científico, un terrorista de tres al cuarto, una viuda de guerra americana, el copiloto del avión, una azafata y como no, el asesino del embajador. Aislados sin comida ni agua y con la radio estropeada, las miserias humanas no tardan en surgir y todos se ponen en contra de otros; intentos de sabotaje, aireamiento de trapos sucios y sobornos con provisiones llevan a todos al límite. Aun así, lo más grave viene de parte del asesino, que ha sido poseído por el tripulante de la nave espacial que se cruzó con el avión, una babosa alienígena que entra en la cabeza de su víctima por una herida en la frente y cuyo alimento preferido es la sangre humana.

Hajime Sato soluciona la papeleta de este thriller de catástrofe con monstruo de manera muy imaginativa, con psicodélicos efectos de luz en las escenas de la nave espacial y con rudimentarios efectos especiales en las escenas en las que el extraterrestre se muestra en toda su amenazante viscosidad. Los ovnis y las maquetas del avión, así como los decorados cumplen su función y no “cantan” excesivamente, por lo que podemos meternos bien en la historia sin distracciones.

En opinión de quien esto escribe, el aspecto más notable de Kyuketsuki Gokemidoro es su capacidad de transmitirnos ese halo de pesimismo y mal rollo derrotista que la envuelve. Esta es una constante muy presente en las películas de terror de la época, siempre dispuestas a los “discursitos” derrotistas; que mal se lo ha montado la humanidad que nos matamos entre nosotros sin miramiento, que mal la guerra, nos merecemos que nos invadan estos alienígenas… y, claro está, la comprensible mención a Hiroshima. El apocalíptico discurso recitado por uno de los poseídos por los extraterrestres ante los supervivientes es el momento clave del mensaje malrollero de la película.

Ya podréis imaginaros que la cosa no acaba muy bien, pero dentro de este final “de bajón” el director despide las cosas a lo grande, de manera épica. Y además en unos escuetos 80 minutos, sin ni siquiera despeinarse. Echadle un vistazo si tenéis oportunidad.

Victor Castillo.

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