It Follows (David Robert Mitchell, 2014)

Con la 71 edición del Festival de Cannes en marcha y aprovechando que David Robert Mitchell, director del film del que os vengo a hablar, va a presentar su nueva película, ‘Under de Silver Lake’, qué mejor momento para recordar a ‘It Follows’, su anterior largometraje que tuvo premiére en 2014 en el mismo festival de cine francés. ‘It Follows’, junto con ‘The Witch’ (Robert Eggers, 2015), es el mejor ejemplo para demostrar y dejar claro que se puede hacer excelente cine de género sin necesidad de grandes presupuestos. El encanto de la película reside en su magistral capacidad por captar la esencia del subgénero slasher y convertirla en algo que, a priori, es absolutamente novedoso. Dicho subgénero responde a un conjunto de reglas que son las que le dan forma y establecen una zona de confort sobre la que construir cualquier largometraje de terror que pertenezca a esa categoría. Empezando por los protagonistas, que son siempre –salvo algunas excepciones- adolescentes que están llegando a la etapa de transición para convertirse en adultos. Lo que les lleva a entrar en contacto con el sexo, el alcohol, a las primeras relaciones de pareja, las drogas, etc. El ejemplo más claro, y con el que se inauguró el slasher de forma oficial, es ‘La noche de Halloween’ (John Carpenter, 1978), donde se pueden ver todos esos elementos reunidos y que impulsarían a un buen puñado de films trascendentes de género en la época de los 70 y 80 y que, posteriormente, parodiaría Wes Craven con su ‘Scream’ en la década de los 90.

Partiendo de esta base, Mitchell se salta cualquier tipo de presentación y va directo al grano; a mostrar que su “sombra” –su ser despiadado que es solo es visible por aquellos que practican sexo con los ya infectados por la esencia maligna de este ser- no se anda con miramientos y que su historia va a ser más que cruel y dura. Genera un inicio devastador en el que nuestras incógnitas alrededor del monstruo no paran de crecer, puesto que no conocemos absolutamente nada sobre eso. Evita darle mucha importancia a los personajes que aparecen, para que, como espectadores, nos centremos solo en ese extraño ente que parece merodear a su antojo por el fuera de campo de la cámara de Mitchell. ‘It Follows’ abre con un conjunto de planos abiertos que provocan, sin embargo, una claustrofobia poco común. Hay espacio en ese inicio, se respira el aire del típico barrio medio de Estados Unidos donde reinan las casas familiares arropadas por una atmosfera pacífica y tranquila. Ese lugar de ensueño que siempre ha mostrado el cine yanqui. Pero Mitchell quiere que todo ese ambiente familiar sea ahora un lugar de auténtica pesadilla –algo parecido a lo que ‘Pesadilla en Elm Street’ (Wes Craven, 1984) conseguía con la figura de Freddy Krueger-. La cinta se convierte en pura histeria cuando el personaje femenino que da el pistoletazo de salida a la historia intenta escapar de algo, de ese monstruo sin género ni apariencia física fija. Llegado el momento el metraje se asemeja incluso al estilo del David Fincher de ‘Zodiac’, como si este hubiera echado una mano a Mitchell para fabricar ese ambiente oscuro de thriller en el que habitan los asesinos en serie más peligrosos que uno pueda imaginarse. Y de los que es imposible huir.

Empero, a diferencia de Fincher, Mitchell barniza a su ‘It Follows’ con una fotografía fría, húmeda y de corte más tenebroso –como si quisiera acercarse de manera discreta al gótico- para aumentar esa sensación de misterio alrededor del desconocido ser infernal que quiere acabar con todos los adolescentes que practiquen sexo. Y ese sexo juvenil que tienen los personajes entre ellos es, del mismo modo, frío, porque supuestamente se hace sin sentimientos de amor o cariño. Por lo que esa fotografía de Michael Gioulakis también podría interpretarse como un elemento más dentro de la puesta en escena para concretar más cómo se siente la protagonista, Maika Monroe, después de mantener relaciones sexuales con un chico. Y que ese acto, planteado en el film como un hecho perverso y malvado, te haya usurpado tu inocencia y estés ya obligado a entrar en la dimensión adulta. Mitchell, del mismo modo, con su ser etéreo que acecha de vez en cuando puede estar haciendo una representación del miedo que padecen aquellos que se contagian de una enfermedad venérea y de cómo esta va pasando de uno a otro con ansias de exterminar, dependiendo de cuál sea la enfermedad, al sujeto en el que esté.

David Robert Mitchell se ha convertido en uno de los referentes principales dentro del cine de género indie. Tanto por su estilo -simetría de planos sin nada que envidiar a Wes Anderson- como por su ejecución a la hora de construir una historia de terror que engloba prácticamente todo el cine de género clásico de los años 70 y 80 –con una banda sonora de Disasterpeace que John Carpenter quisiera tener en su poder-. Y, lo mejor de su obra, es que ha conseguido crear un nuevo monstruo, asesino o ente que ha marcado un antes y un después queriendo ser distinta a todo lo que se había mostrado hasta ahora, pero sin renunciar a ello –Michael Myers es su gran referente-. Ansiosos estamos de poder devorar su nuevo proyecto, el ya mencionado ‘Under the Silver Lake’.

Xavi Mogrovejo

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