Terrores catódicos (1): Ghostwatch – Prohibido en televisión durante una década (Ghostwatch, Lesley Manning, 1992)

Nadie le podrá negar a la cadena BBC de ser una de las más imaginativas y respetuosas con la inteligencia de sus espectadores, ahora bien, desde The War Zone de Peter Watkins hasta la impresionante Threads han tenido siempre un especial tino a la hora de traumatizar a sus televidentes en materia de tv movies. Ghostwatch es un pequeño mito del mundo televisivo, tanto por su calidad como debido al fenómeno que la envolvió, y la ideal para inaugurar una nueva sección de nuestra página dedicada a sacar del pozo del olvido a todos aquellos telefilmes, miniseries o proyectos especiales –normalmente de naturaleza fantástica– de TV que o marcaron a una generación, o pasaron desapercibidos en nuestro país y creemos que vale la pena reivindicar.

El 31 de  Octubre (noche de Halloween) de 1992 la BBC emitió Ghostwatch como un episodio más de su serie antológica Screen One, dedicada a dramas televisivos de bajo presupuesto y estilo un tanto teatral (en la línea de Estudio 1, para entendernos). Aunque su reparto estaba formado por habituales presentadores de TV (como el legendario en el Reino Unido Sir Michael Parkinson, presentador de un exitoso talk show, o la habitual en la tele británica Sarah Greene, que por aquel entonces presentaba un programa infantil los sábados por la mañana llamado Going Live) y actores que se interpretaban a si mismos (como Craig Charles, el popular Lister de The Red Dwarf), e incluso a pesar de que medios como Radio Times habían anunciado el programa como una ficción, su formato de falso documental, una refrescante novedad en aquellos tiempos -antes de que los mockumentaries de terror coparan los estrenos del género, más de veinte años antes de que Jordi Ébole sacudiera a la audiencia en España con el mismo estilo narrativo- lo llevarían a protagonizar un fenómeno mucho mayor del que habían previsto.

Ghostwatch estaba presentando como una serie en vivo dedicado a la investigación de lo paranormal en Inglaterra, y en su “primer programa”, Micheal Parkinson desde el plató del estudio dirigía la emisión. Tendría invitados como la Dra. Lin Pascoe (interpretada por la actriz Gillian Bevan), especialista en poltergeist, que comentaría “in situ” lo que fuera ocurriendo a lo largo de la emisión y una línea abierta de llamadas que invitaba a los espectadores tanto a comentar el caso en el cual se centraban como a contar sus propias vivencias parapsicológicas. A su vez, conectaba en directo con Sarah Greene, que iba acompañada de su cámara y su técnico de sonido a la casa de Pam Early (Brid Brennan) en Northolt, la cual supuestamente estaba habitada por una presencial fantasmal que aterrorizaba a la mujer y a sus dos hijas, Suzanne y Kim, la cual había bautizado al espectro como “Pipes”. Paralelamente, Craig Charles entrevistaría a los vecinos y mantendría conexión desde el exterior de la casa.

Durante más de la mitad del programa la sensación de veracidad estaba conseguida de un modo asombroso. Nada especialmente terrorífico parecía ocurrir en el hogar de los Early… aunque el equipo del guionista Stephen Volk y el productor y director Lesley Manning habían preparado ciertas “apariciones” del fantasma Pipes que solo captaría el ojo del espectador más avizor, y que daba una subliminal sensación de vigilancia constante –Ghostwatch… ¿Pero quién vigila a quién?-. En el primer tramo de la narración, la sensación que produce es de desánimo: el equipo ha sido víctima de un engaño provocado por los traumas de una de las hijas, por mucho que la Dra. Pascoe intenta aferrarse a un clavo ardiendo buscando cada vez más enrevesadas explicaciones paranormales.  Y a partir de ese momento… Sin querer entrar en el peliagudo terreno del spoiler,  las cosas empiezan a cambiar. Los efectos que causa -en el mundo ficticio- el programa Ghostwatch en Inglaterra son totalmente impredecibles incluso por el más sabio de los cazafantasmas. El desasosiego y el terror se apoderaron de la pequeña pantalla.

Por desgracia -aunque en cierto modo haya servido para engrandecer su leyenda- los efectos que causó el programa en el mundo real también fueron impredecibles. Dio la casualidad de que esa noche una película de la cadena ITV fue lider de audiencia un rato antes de la emisión de Screen One y cuando los espectadores cambiaron de cadena Ghostwatch ya estaba empezado… y se lo tomaron como un programa real, con la presencia de los habituales Parkinson, Greene o el también popular presentador Mike Smith atendiendo las llamadas. Incluso la susodicha línea telefónica, abierta realmente al público, indicaba por si las moscas que se trataba de un programa ficticio… pero las líneas se colapsaron y gran parte de los espectadores no pudieron escucharlo.

Ojo, tampoco exageremos: incluso con esas la gran mayoría de espectadores, dada la naturaleza del programa, sabían que estaban viendo una obra de ficción. Pero hubo quienes llamaban (sobre ¡30.000 llamadas estimadas durante su emisión!) aterrorizados creyendo que los efectos del programa estaban repercutiendo en su casa -con todo el sentido del mundo, según se mire, dado el color que empieza a tomar el asunto durante su último acto-, y provocando al día siguiente el cabreo de gran parte de la audiencia y de la prensa. Peor lo tendrían posteriormente, con casos de niños que sufrieron estress post-traumático debido al visionado del programa (no es precisamente un motivo de celebración, pero  son los primeros de los que se tiene constancia en la historia de la televisión), y en especial el caso de Martin Denham, un joven de 18 años con deficiencia -tenía problemas de aprendizaje y una edad mental de 13 años- que se suicidó debido a la depresión que -según las alegaciones de sus padres- le provocó la emisión.

Toda la polémica generada y las repercusiones posteriores llevaron a la BBC a prohibir cualquier tipo de reemisión durante los años venideros, salvo algún pase por alguna minoritaria cadena canadiense o alguna aislada proyección en Festivales, hasta que en el año 2002 se “levantó la veda” y fue editada en DVD y VHS por el British Film Institute, lo que le consiguió un nuevo público, y que a su vez generó que empezaran a salirle hijos por todas partes, desde The Blair Witch Project, que intentó buscar un fenómeno semejante y acabó convirtiéndose en mundial gracias a las nuevas tecnologías, hasta la estupenda Rec que buscaba idéntica sensación de realidad, por no contar las mil y una derivadas en lo que se ha llamado found footage: toda la saga Paranormal Activity y sus propias hijas bastardas tipo Grave Encounters tienen una deuda impagable con Ghostwatch, aunque carecen de su espíritu innovador y rebelde. Ninguna obra en la gran pantalla intentando ficcionar a la pequeña funciona igual que la televisión misma, y por una vez la caja tonta le marcó un gol a la fábrica de sueños.  Con los años ha tenido reivindicaciones de todo tipo, en forma de documentales, blogs, incluso una mini-secuela realizada por su creador Stephen Volk para su web llamada 31/10. 

Javier J. Valencia
Terrores catódicos (2): Los chicos de Stone (Children of the Stones, Peter Graham Scott, 1977)
Terrores catódicos (3): The Kingdom – Antiguo y futuro reino (Morten Alfred / Lars Von Trier, Riget, 1994 – Riget II, 1997)
Terrores catódicos (4): The Night That Panicked America (Joseph Sargent, 1975)
Terrores catódicos (5): Gárgolas (Gargoyles, Bill L. Norton, 1972)
Terrores catódicos (6): La mirada del mal / América Oculta (American Gothic, CBS, 1995)
Terrores catódicos (7): Kolchak, el vigilante nocturno (Kolchak, The Night Stalker, 1972-1974)
Terrores catódicos (8): La oscura noche del espantapájaros (Dark Night of the Scarecrow, Frank De Felitta, 1981)
Terrores catódicos (9): Robin Redbreast (James MacTaggart, 1970)
Terrores catódicos (10): The Quatermass Experiment (Sam Miller, 2005)

 

 

 

 

 

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