En tiempo de brujas (Season of the Witch, Dominic Sena, 2011)

Dehemn y Felson son dos soldados a las órdenes de la Iglesia Católica que durante el siglo XIV se dedican a arrasar poblados enteros en el nombre de Dios. Arrepentidos de sus actos, desertan pero son capturados y condenados. Para cumplir su pena deberán trasladar, junto a un equipo diverso entre soldados, curas, monaguillos y estafadores, a una niña acusada de brujería a un monasterio donde será juzgada. Durante su trayecto, empezarán a ocurrirles acontecimientos sobrenaturales…

Dice una leyenda urbana de Hollywood Boulevard que Nicolas Cage está endeudado hasta las cejas, y que para poder sufragar sus gastos y mantener su modo de vida se ve obligado a firmar cualquier papel que le ofrecen. No dispongo de los datos suficientes para saber cuanto hay de verdad en todo ello, pero aunque Cage nunca haya sido precisamente el actor más exigente del mundo a la hora de aceptar un papel, cierto es que lleva ya una temporada bastante larga un tanto funesta a pesar de sonadas excepciones –pocas veces un actor estuvo tan adecuado como él en los últimos tiempos como en la cínica Teniente corrupto de Werner Herzog-.

No será precisamente En tiempo de brujas la película que vaya a elevar su categoría como actor y bien podría ser uno de esos papeles que el actor firma, de ser cierto,  sin leer el guión. La película, dirigida por su viejo colega de fechorías Dominic Sena (60 segundos, Kalifornia), narra la historia de dos soldados al servicio de la Iglesia Católica que renuncian debido a su mala conciencia a causa de las matanzas perpetradas durante las Cruzadas por su ejército, y que son condenados por desertores. Para cumplir su pena deberán transportar a una niña (interpretada convincentemente por Claire Foy), presuntamente una bruja y causante de ser una de las portadoras de la peste negra a Europa, a un templo donde se dirimirá su verdadera naturaleza. Para tal viaje, los dos soldados se verán acompañados, cual juego de rol, de variopinta compañía, muchos de ellos rostros reconocibles de la televisión.

No esperen mucho más desarrollo de personajes que las breves líneas que he escrito sobre ellos por que no la hay, el libreto es muy parco a la hora de describirlos, lo justo para que no incordien en la “oscura aventura de fantasía” que se va a desplegar ante nuestros ojos, con ataques de lobos infográficos, misteriosas apariciones de fallecidos en el pasado, intensos intentos de atravesar un puente de cuerda en lo alto de una montaña con un carro de notables dimensiones, o la batalla final, ante seres del averno escapados de la Play Station 3. Las muertes de los personajes secundarios no funcionan en cuanto solo hemos conocido pequeños matices de sus personalidades, las situaciones están manidas y todo resulta de un predecible que asusta, hasta quién va a morir, quién va a sobrevivir… sin embargo, si que hay un giro hasta cierto punto sorprendente respecto a la verdadera identidad de la niña. La película no es que pretenda precisamente jugar a la ambigüedad con ello (está bastante claro que todo lo que rodea a la aventura de los personajes tiene causas sobrenaturales), pero sí da un giro que, a decir verdad, tampoco cambia en gran cosa la perspectiva del asunto, aunque para haber presenciado una obra hasta entonces tan alejada de ensalzar las virtudes de la Iglesia, se torna de repente pro-cristiana.

En todo caso, si el espectador busca algo más cercano a los planteamientos a los que en teoría se enfrenta la película (aunque luego se dedique a ser un espectáculo de acción y fantasía de bajos vuelos), en torno a la relación entre la brujería y la Iglesia durante la época de la Peste, que acudan a la mucho más recomendable Black Death: viaje al infierno, del cada vez más interesante Christopher Smith, que a esta otra, su hermana pequeña, ligera de cascos.

Javier J. Valencia (texto realizado originalmente para la web Pasadizo en el año 2011)

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