Cult of Chucky (Don Mancini, 2017)

Cult of Chucky sigue la historia de La maldición de Chucky. Nina, la protagonista, ahora vive en un manicomio, obsesionada con que ella fue quien mató a su familia. O eso quieren hacerle creer. Su terapeuta utiliza un muñeco Good Guy para hacerle ver que, en realidad, son simples objetos inertes incapaces de hacer nada por sí solos. Pero, misteriosamente, llegan al centro otros muñecos de la misma marca. Y es a partir de entonces cuando empiezan a suceder una serie de inesperados asesinatos.
Una saga que lleva vigente casi treinta años a manos de su mismo creador, merece todos los reconocimientos y méritos del mundo. No hace falta que os diga que el personaje de Chucky forma ya parte de la cultura popular y que es historia viviente del cine de género. Sobre todo de la serie B. Don Mancini, además de escribir esta séptima entrega de la franquicia, es el director de Cult of Chucky. Ya lleva tres entregas consecutivas detrás de las cámaras. Las dos anteriores, La semilla de Chucky y La maldición de Chucky, no fueron cosa del otro mundo. Aquí, sin embargo, ha firmado una de las mejores entregas de la saga del muñeco diabólico. Ha conseguido aportar información nueva a la saga y formar una trama con infinitas posibilidades de cara a un futuro. Está más que claro que la saga continuará, pero, si se terminase en este punto, el nivel quedaría bastante decente. Cult of Chucky explota el imaginario del muñeco diabólico hasta su máximo exponente. Nunca se había visto nada similar en la saga, lo que la hace especial en comparación con otras de su mismo género por intentar mantener viva esa chispa de originalidad y sorpresa de cara al espectador veterano del compendio de películas que la componen. Sigue explorando, y contando, los orígenes de Charles Lee Ray, el hombre que habita en el interior de Chucky. Las vueltas que le da al argumento son totalmente gratuitas, pero qué bien funcionan y qué atractivos son los pequeños datos que da a conocer, a cuenta gotas, sobre el asesino en serie practicante de voodoo abatido en 1988. Los actos de la historia se desarrollan en el mejor lugar posible: un manicomio. Escenario que ha sido convertido en algo absolutamente macabro por las películas de terror y que sigue provocando el mismo mal rollo cada vez que se está sumergido en la atmosfera de uno, por muchas veces que ya se haya visto.

Pero Cult of Chucky aporta algo fresco a ese ambiente. Michael Marshall, encargado de la fotografía, baña las escenas con una paleta de grises que oscurecen el relato pero no llegan a convertirlo en algo sacado de la Inglaterra Victoriana para realzar la sensación de pánico y penumbra. Le quita el color a la puesta en escena para que sea Chucky el que obtenga el protagonismo una vez que aparezcan en escena aportando todo el que faltaba antes. Es el personaje estrella, el eje central sobre el que gira el circo macabro que Mancini ha construido una vez más. Resulta hasta irónico que sea él el encargado de darle vida a las secuencias cuando, en realidad, es él mismo el que se dedica a arrebatársela a todos los personajes que se le crucen por delante. Y tiene un buen conjunto de estrellas de la saga con las que compartir pantalla. Empezando por el joven Andy, Alex Vincent, y terminando por un mito de la saga, Tiffany, Jennifer Tilly. Aunque, la verdad, es que ambos quedan bastante desaprovechados y algo obsoletos en la historia, teniendo en cuenta que ahora la que corta el bacalao es Fiona Dourif como enemiga principal del muñeco diabólico. Y, por tanto, la acción la sigue de cerca a ella. Aún así, tampoco hace daño ni molesta ver que Don Mancini mantiene en mente a los que, en su momento, fueron pilares imprescindibles para Chucky. Uno por razones obvias, y otra, Jennifer Tilly, porque supuso un soplo de aire fresco a una saga que parecía a punto de morir. Llegando como novia del maniaco para coprotagonizar una road movie en clave de comedia y seguir dando juego a la leyenda del ya nombrado Charles Lee Ray, véase La novia de Chucky (1998). Cult of Chucky continúa siendo un producto solo para los fanáticos de la serie B, el gore y los asesinatos gratuitos y locos de este muñeco poseído. Ojo con sus increíbles dosis de humor y múltiples referencias a diversas cintas del género, son dignas de ser recordadas. Una lástima que no se haya estrenado en salas comerciales y haya pasado directamente a formato DVD. Por suerte, pudo verse igualmente en pantalla grande gracias al Festival de Sitges de este año. Si Don Mancini tiene intención de hacer más secuelas igual de entretenidas, por mí, que no pare.

Xavi Mogrovejo

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