Creep 2 (Patrick Brice, 2017)

Ha quedado demostrado que al cine de género, cuanto menos presupuesto tenga, mejor le salen las cosas. Mark Duplass y Patrick Brice vuelven a la carga con la secuela de Creep para profundizar más en el personaje interpretado por Duplass y ahondar así en la mente de un asesino en serie que, en esta segunda parte, parece estar cansado de su condición de psicópata y quiere colgar los hábitos de asesino. Para ello, pretende contratar a una cámara para documentar el final de su carrera como lunático. Y ahí es donde entra en juego Desiree Arkhavan, la co-protagonista del largometraje, dando vida a Sara, una videoartista que se ofrece a filmar ese proyecto. Lo cierto es que el argumento, a modo de planteamiento, parece prácticamente un calco de la primera parte de Creep, pero tanto Brice como Duplass han sabido darle un giro de tuerca a su historia aplicando la crisis de los cuarenta a Aaron, el asesino interpretado por Duplass. Una especie de estudio de lo que es ser un macabro asesino fatigado por los años y cansado de repetir una y otra vez el proceso de asesinato al que siempre somete a sus víctimas y empieza a hacerse preguntas existenciales. Quiere hacer algo grande para terminar con sus matanzas e irse, como diría aquel, por la puerta grande. Esto es, descubrir al mundo a uno de los mayores asesinos en serie de la historia a modo de documental. De hecho, y tal y como se plantea a su personaje en esta Creep 2, es como si Norman Bates fuera una niñita de papá comparado con Aaron. Incluso, en un momento determinado, parece como si la propia cinta quisiera homenajear a Psicosis –la de Hitchcock, por descontado- con una escena en la que la ducha y el asesino son los elementos focales de la situación. Con la diferencia de que, tanto Brice como Duplass, adaptan ese instante al found footage casero con el que se rueda el largometraje. Es tal su esencia casera que llega a parecer algo real todo aquello que pasa por delante de la cámara de Sara. La naturalidad de los dos personajes protagonistas, las situaciones tan inverosímiles pero a la vez tan reales que van desatándose a medida que se acerca la noche. Transmite un miedo que se te mete hasta los huesos con tan solo un par de miradas de Duplass a cámara o con sus reacciones impredecibles. Claro que, como toda producción de Blumhouse, guarda un par de jumpscares típicos que rompen un poco con la esencia que intenta transmitir Creep, pero, por suerte, gracias a su escasez, no llega a ser algo molesto.

Y otro puntazo del que Creep 2 puede estar más que orgullosa es de la brillante actuación de la debutante en la saga, Desiree Arkhavan. Llegar al nivel de implicación de Mark Duplass con su papel es algo que ni el propio Patrick Brice consiguió en su momento. Y resulta que Arkhavan ha logrado, a grosso modo, sobrepasar en determinados puntos a Duplass adueñándose de las escenas en las que parecía que el control de la situación la llevaba él. Gracias a su presencia, Creep 2 se convierte en algo así como La novia del monstruo que cambia por completo los esquemas de Creep y da pie a una ya confirmada tercera parte. Desde luego, es una lástima que se haya estrenado directamente en Netflix y no se haya podido disfrutar en pantalla grande de este terror low cost tan impecable que, sin despeinarse, le pasa por encima a muchas de las producciones más caras de Blumhouse. Por suerte, pudo estar presente en el cincuenta aniversario del festival de Sitges y llevarse bajo el brazo el premio a mejor película de la sección Panorama Fantàstic. Y para los que quedaron descontentos con el poco gore, sangre o violencia, en general, de la que carecía la primera entrega, en esta segunda Brice va a sanar esas faltas de serie B con unos pocos momentos en los que la palabra locura se queda corta. Con sus toques de humor, eso sí, para darle mayor juego a Aaron y contrastar de manera más exagerada su mentalidad psicótica con las dosis justas de comedia.

Xavi Mogrovejo

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