Pusher (Luis Prieto, 2012)

Pusher, el debut en 1996 en la dirección del director danés Nicolas Winding Refn, se saldó con un éxito de dimensiones mucho mayores de las previstas, para tratarse de una película independiente de bajo presupuesto. Contra todo pronóstico generó una franquicia que produjo dos secuelas (se comenta que Refn solía recurrir a ellas cuando necesitaba hacer dinero), un remake indio (dirigido por Assad Raja en el 2010) y la versión británica que nos ocupa, estrenada en su país de origen el pasado año y que sigue sin tener fecha de distribución en nuestro país.

Aunque la película tiene en su cartel el nombre en letras bien grandes de Nicolas Winding Refn, se debe únicamente a motivos comerciales para aprovechar el tirón de Drive –en la letra pequeña se indica su función de productor ejecutivo-; la dirección de la película fue llevada a cabo por el director madrileño Luis Prieto, el cual de momento está saldando su carrera cinematográfica con una colección de títulos bastante dispares y que incluye, entre otros, el cortometraje Bamboleho, sobre como es la vida delinquiendo en las calles de Barcelona para tres chavales y que cosechó en su día cierto reconocimiento en el circuito festivalero, la comedia Condón Express (2005), que pasó en su día sin pena ni gloria por nuestras carteleras, o el exitazo en taquilla en Italia Ho Voglia Di Te (2007) –y cuya versión española Hoy tengo ganas de ti también generó numerosos réditos por estos lares-.

¿Qué ofrece pues el Pusher de Prieto si nunca has visto la película original? Una turbia historia ubicada en los bajos fondos londinenses, en la cual un camello de poca monta, Frank (interpretado por Richard Coyle, visto en títulos como Grabbers o Franklyn) se mete en graves problemas al perder una gran cantidad de droga de Milo (Zlatko Buric, retomando el papel al que dio vida en las tres entregas originales), un gángster de paciencia limitada con sus deudores. Comenzará entonces una carrera frenética para conseguir el dinero arrastrando por el camino a su compadre Tony (Bronson Webb) y a su pareja Flo (Agyness Deyn) mientras espera con ansía el importe de una operación que se le debe desde Holanda. Pusher, en ambas versiones, es la historia de un hombre cuya voluntad para cambiar los designios de su destino no sirven de nada en cuanto el azar empieza a jugar en su contra, a pesar del esfuerzo y del empeño que pone en ello.

¿Y el espectador que disfrutó en su día con la original? Lo cierto es que no cambia apenas la perspectiva ni los sucesos de la historia, pero la estética si toma un nuevo lustre, fuertemente influenciada por Drive –no hay que decepcionar a los que acudan a la película por el nombre fuerte del cartel-, cambiando aquel estilo sucio y realista en ocasiones cercano al documental por uno mucho más plástico y colorido, cercano a un Danny Boyle pero con bajo presupuesto, y acompañado por una efectista banda sonora del grupo Orbital. Se ofrece bastante más desarrollo del personaje de Flo del cual se tenía en la previa, y se agradece que Buric vuelva a interpretar a Milo con inimitable estilo (el personaje, por cierto, fue el protagonista absoluto de la tercera entrega de la saga original, Soy el ángel de la muerte, en la cual se nos mostraba en toda su gloria el significado de extender el plástico alrededor del suelo de su local –apenas vislumbrado en la primera entrega y en este remake-). Mientras que Coyle ofrece una variante bastante distinta del personaje de Frank que en aquella interpretaba Kim Bodnia, en una versión un tanto más relajada y amable del mismo (al menos hasta que la mierda empieza a asfixiarle) resultando muy adecuada y dándole una vida propia al personaje diferenciándolo del anterior (imprescindible, al llevar el peso de la historia cargado a su espalda), el Tony de esta recreación palidece ante la interpretación del personaje que hiciera en aquellas Mads Mikkelsen y que le llevó a protagonizar la segunda entrega. Uno duda mucho que esto vaya a repetirse aquí, pero si sucede y Brandon Webb interpreta al personaje en una posible secuela no me tendrán como espectador.

En definitiva, no se trata de un must see, pero si de un título de cierto interés para los seguidores tanto de cine negro ubicado en los bajos fondos con estilo british como para los que disfrutaron de la cinta original y en vez de revisionarla quieran disfrutar de otro prisma de la misma. Un interés limitado, sí, pero nada desdeñable.

¿Dos remakes de una película relativamente reciente en un periodo de dos años? Suena a extravagancia, ¿verdad? ¿Pasa por la cabeza del nuevo enfant terrible del cine europeo mantener viva la marca “Pusher” ideando diferentes remakes a lo largo y ancho del mundo entero para que cada nacionalidad le dé el toque distintivo a una misma historia? No es garantía ni mucho menos de que el resultado vaya a ser un producto de calidad, pero como experimento resultaría cuanto menos curioso.

Declaraciones (en inglés) de Luis Prieto respecto a su trabajo y la relación de Winding Refn con la película.

Javier J. Valencia

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