Las nuevas aventuras de Sherlock Holmes (vv. aa., 1987)

Para celebrar el centenario de la primera aparición impresa de Sherlock Holmes, en Estudio en escarlata (aparecido en el Beeton’s Christmas Annual de 1887), se publicó esta selección de relatos, aprobados por Lady Jean Conan Doyle. La antología se compone de dieciséis relatos diferentes, de una calidad bastante irregular. No es mala idea, como “libro-homenaje”, intentar hacer una compilación que aúne relatos del estilo de Doyle, versiones modernas o diferentes del personaje, breves estudios y parodias. Sin embargo, resulta un poco extraño saltar de un género a otro. De todos modos como homenaje es bastante correcto y disfrutable, a pesar de sus saltos cualitativos.

La máquina infernal, de John Lutz, abre fuego (y nunca mejor dicho) con una bastante insulsa historia de asesinato que tiene como principal interés las pinceladas de cambio de época, como la reiterada aparición del carruaje sin caballos o el arma (entonces desconocida) sobre la que gira la narración (un fusil ametrallador), construyendo una imitación del canon (sin la magia que imprime Doyle) bastante olvidable.

El último brindis, de Stuart M. Kaminski, es de lo mejor del lote. Con una mascarada de inicio espectacular, invirtiendo todo lo que conocemos sobre Holmes, llega a hacer dudar al lector realmente sobre la identidad de ese detective que ha aparecido en Baker Street y que parece estar engañando a Watson… Después la historia gira en torno a un crimen más convencional, pero igual de atractivo. Con un final excelente.

La habitación fantasma, de Gary Allan Ruse, presenta una historia casi de tintes sobrenaturales, bastante interesante. Aunque es un modelo de pastiche-imitación del estilo Doyle, logra resultar ser una lectura muy agradable sin caer en el aburrimiento, como suele ocurrirles a otros imitadores. Un poco cogida por los pelos su resolución final, aunque no empaña el buen tono general del relato.

El regreso de la banda de lunares, de Edward D. Hoch, es una secuela del famoso relato canónico escrito por el prolífico escritor de novelas policíacas y de misterio Edward D. Hoch. La finca de Roylott vuelve a ser el epicentro de nuevas maquinaciones asesinas. Más de lo mismo, sin demasiadas pretensiones y con algún acierto original.

La aventura del incomparable Holmes, de John L. Breen. Desafortunado y pretencioso relato en el cual la trama gira alrededor del cine, de reciente invención en el momento en que acontece la acción. John L. Breen nos presenta a un Holmes muy alejado del canon con momentos curiosos que sin embargo no llegan a salvar la situación.

Sherlock Holmes y “la mujer”, de Michael Harrison. ¿Y si Irene Adler no fuera quien Watson dijo? ¿Y si nos lo contara el propio doctor? Un interesante relato-estudio que reinventa una narración canónica (Escándalo en Bohemia) de manera formidable. Otro de los grandes aciertos de esta irregular compilación, y que resulta altamente recomendable. Michael Harrison es un reconocido holmesiano, autor del concienzudo estudio In the Footsteps of Sherlock Holmes.

Las sombras en el prado, de Barry Jones, sube varios enteros la valoración general del libro. Un estupendo relato, también con un cierto tinte terrorífico, sobre un niño enfermo acosado por una visión espectral. Las descripciones del lugar donde sucede el caso, del severo personaje del clérigo, así como el elemento casi sobrenatural del relato y la buena factura del conjunto, al “estilo Doyle”, convierten esta narración en otro acierto de la compilación.

La aventura del secuestro Gowanus, de Joyce Harrington, es una memez considerable. Una versión actualizada de Holmes y Watson, cambiando el sexo a uno de los personajes, en una historia moderna con secuestros, tiros y moteros. Bastante mal narrada, uno no termina de enterarse de qué está pasando en la historia y las referencias a Holmes son como muy de pasada. Vamos, que realmente uno se pregunta por qué han terminado metiendo este relato en la antología. Joyce Harrington es guionista de cine, y con su marido escribió la adaptación de Soy leyenda de Richard Matheson protagonizada por Charlton Heston, El último hombre vivo (The Omega Man, Boris Sagal, 1971) .

El doctor y la señora Watson en casa, de Loren D. Estleman, introduce la parodia en la selección con bastante acierto. Una especie de teatrillo que muestra en clave de comedia cómo era la vida del doctor Watson con su esposa. Muy divertido, plagado de referencias encajadas con bastante gracia.

Sherlock Holmes y “Muffin”, de Dorothy B. Hugues, es una bienintencionada historia sobre una niña miembro de los Irregulares de Baker Street y su relación con Holmes en un caso. Éste en cuestión no es verdaderamente importante en la historia, sino la interacción entre personajes. Resulta bastante disfrutable, con un ligero toque un tanto triste y dickensiano.

Los dos lacayos, de Michael Gilbert, narra, en modo de flashback, un caso que el doctor Watson tuvo que resolver en solitario debido a otras ocupaciones del Maestro. Buena idea meter un relato sobre el buen Doctor, al fin y al cabo también él cumplía centenario. El caso se sigue con interés, aun siendo poco espectacular.

El curioso ordenador, de Peter Lovesey, es otra de las extravagancias incluidas en estas nuevas aventuras, que si bien logran darle un toque variopinto al libro, no termina de encajar demasiado bien con la idea de homenaje centenario. Ambientada en un futuro cercano, un ordenador pondrá en jaque a una red de criminales. Con poca relación con Holmes, y bastante tonto, la verdad.

La aventura del francotirador persistente, de Lillian B. de la Torre, plantea un caso bastante original y curioso, pero sin embargo el autor no consigue del todo que parezca “una historia de Holmes”. Muy directa al grano, con mucho diálogo y poca descripción. Es una historia fiel en espíritu al canon, pero no en la forma.

La casa que Jack construyó, de Edward Wellen, es otra historia centrada en la ciencia ficción, con una lucha “astral” entre Holmes y Moriarty debido a una máquina que permite introducirse en la mente de la gente, y con sorpresa –muy previsible- al final. Resulta pretencioso y a ratos muy aburrido.

El caso del doctor, de archi-conocido Stephen King, de nuevo pone a Watson por delante de Holmes en un relato que, aunque ni recrea el universo ni logra introducir al lector en el Londres de Conan Doyle, es bastante aceptable por cómo plantea algunos asuntos. Uno de ellos, el más destacable, es el modo de ver el modo en que Holmes resuelve sus casos, casi como si fuera el poseedor de un “don” sobrenatural, aunque en esta ocasión sea Watson quien se adelante –King se cubre las espaldas haciendo que Holmes pille una alergia tremenda-. Por otro lado, los personajes parecen un tanto fríos, casi un poco antipáticos en esta historia, y no hablan como se espera de ellos –da incluso la sensación de que Holmes y Lestrade tengan telepatía, por cómo uno plantea una pregunta y el otro la responde tres páginas después-. Quizá lo más flojo sea el crimen a resolver en sí, otra habitación cerrada, con un deus ex machina excesivo y retomando un poco el famoso asesinato en el Orient Express. Es disfrutable, pero a su manera.

Moriarty y el mundo del hampa, de John “007” Gardner, es un –quizá demasiado breve- interesante estudio sobre el funcionamiento de los bajos fondos durante la época victoriana. Gardner ya había publicado en esta misma colección La venganza de Moriarty (que, aunque resulte extraño, es la secuela de The Return of Moriarty, que permanece inédito en nuestro país).

El complemento, en este caso, de la edición de Valdemar, son dos de las divertidísimas parodias que dedicó Enrique Jardiel Poncela al detective londinense: La momia analfabeta del Craig Museum y El anarquista incomprensible de Piccadilly Circus. Tronchantes ambas.

Javier J. Valencia y Dani Morell

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