Jurassic World: El reino caído (Jurassic World: Fallen Kingdom, J. A. Bayona, 2018)

Bayona ha dirigido la mejor entrega de la franquicia jurásica desde ‘Jurassic Park’. Ha dado una clase magistral a la mayoría de directores de Hollywood sobre cómo ponerse al mando de un blockbuster y dar forma a un proyecto comercial con personalidad propia sin salirse de las pautas establecidas por el mismo. ‘Jurassic World: El reino caído’ es seguramente también su mejor film hasta la fecha –con permiso de ‘El orfanato’-. Y no porque disponga de mayor presupuesto o porque lo haya hecho en Hollywood, ni siquiera porque se trate de la quinta entrega de una de las sagas más importantes de la historia del cine, sino porque Bayona ha unido todos los elementos típicos de su filmografía que lo hacen tan único en un mismo escenario fantástico –incluyendo su obsesión hacia la pérdida y las relaciones familiares-. No era una tarea fácil la que Bayona tenía entre manos, la de conseguir desmarcarse del que se dice es su maestro, Spielberg, sin llegar a traicionar la esencia jurásica con la que este dotó a sus dinosaurios. ‘Jurassic Park’ supuso un antes y un después para el cine fantástico. A partir de entonces, de poder recrear dinosaurios que parecían reales en pantalla, nada era imposible. Los posibilidades eran, y cada vez más son, infinitas. Nadie pone en duda que las dos entregas dirigidas por Spielberg son brillantes, pero sí que se ponen trabas a partir de la tercera entrega, ‘Jurassic Park III’ (Joe Johnston, 2001) y con ‘Jurassic World’ (Colin Trevorrow, 2015). Una con un espíritu de puro entretenimiento y la otra ejecutando un ejercicio de nostalgia para contentar a aquellos que disfrutaron de la ‘Jurassic Park’ original y, de paso, capturar al público joven para engancharlo a esta nueva trilogía.

El verdadero problema de aquellas dos secuelas que no estaban a cargo de Spielberg, es que sus directores correspondientes no atinaron en el intento de querer hacer suya la película. Y, con esto, no me refiero a que sean malos largometrajes, sino que ambos se postulan como un “quiero y no puedo” de Johnston y Trevorrow para parecerse lo máximo posible a la dirección de Spielberg en sus films de ciencia ficción. Sin embargo, Bayona no ha rechazado su estilo, ni tampoco ha querido cambiarlo. El director catalán ha hecho suya ‘Jurassic World: El reino caído’. Ha llevado a los dinosaurios a su terreno y, desde ese punto, ha trabajado sobre un guion ajeno –corre a manos de Trevorrow y Derek Connolly- para que esta secuela no parezca una más. Para que tenga alma y una esencia que permita diferenciarla del resto fácilmente.

Teniendo como principal referente a ‘El mundo perdido’, Bayona erige los pilares góticos y terroríficos sobre los que se moverá su film de dinosaurios, esta vez, en verdadero peligro de extinción. Si bien en ‘El mundo perdido’ Spielberg tejía un discurso animalista de fondo bastante suavizado por el hipnotizante poderío interpretativo que derrochaba Jeff Goldblum, en ‘Jurassic World: El reino caído’ Bayona sí que consigue que, como espectadores, nos preocupemos y nos enamoremos de nuevo de los dinosaurios. No era una tarea fácil, debido a que el espectador contemporáneo, tal y como ya se describió en ‘Jurassic World’ (Colin Trevorrow, 2015), lo que busca son monstruos más grandes, más feroces, con más dientes y que asusten más. Ese punto de morbosidad hacia lo monstruoso también está presente en ‘El reino caído’ a través de la figura del Indorraptor. Una especie de monstruo de Frankenstein que sin duda es el protagonista de la función en el segundo acto de la cinta, pero que al contrario que su hermano mayor, el Indominus Rex, no es el eje central de esta.

Bayona, por el contrario, centra sus atenciones en hacernos sufrir por los dinosaurios. Crea un vínculo con ellos que prácticamente no se sentía desde 1993 con la primera parte de ‘Jurassic Park’. Aunque tampoco es que Spielberg quisiera que nos enamorásemos de sus dinosaurios más allá del clásico braquiosaurio. En la secuela de ‘JurassicWorld’ la conexión con estos seres vivos ficticios a los que jamás veremos es extremadamente notable. Y no necesita la banda sonora de John Williams –de hecho, hay momentos de tensión con una música de base Hitchcockiana- para emocionarnos o regalar momentos icónicos que, sin duda, ha logrado y que ya forman parte de la historia de la franquicia. Bayona lo hace con una delicadeza que deslumbra tanto como asusta: a través de sus personajes protagonistas, Chris Pratt y Bryce Dallas Howard –que no tienen nada que enviarle a Sam Neill y Laura Dern- establece un conducto empático que nos conecta directamente con las emociones que sienten estos hacia los dinosaurios. Que aquí no son más que animales explotados por culpa del hombre y del capitalismo.

Y, lo mejor, es que ese sentimentalismo no le impide a Bayona poder meterle mano al terror gótico, sobre todo en su segunda mitad con la llegada del ya mencionado Indorraptor. A pesar de que, sí, es cierto que ese estilo gótico es solo pura estética, puesto que sobre el papel ‘Jurassic World: El reino caído’ no pretende parecerse en contenido a ningún largometraje de terror. De lo contrario, estaría renunciando a gran parte de ese público joven que quiso captar la franquicia con ‘Jurassic World’. Pero esas pequeñas pinceladas góticas –convirtiendo una mansión en un auténtico castillo al uso- le sirven para dejar su impronta y acercar un poco más a la saga al expresionismo alemán para no olvidarnos de que, en sus inicios, ‘Parque Jurásico’ no solo pretendía ser un espectáculo de masas donde prima la comedia. Se pretendía que los dinosaurios generasen miedo en el espectador y resultasen una amenaza.

Las entregas que están por llegar del reino jurásico harían bien si se pareciesen una enésima parte a ‘El reino caído’ de Bayona.

Xavi Mogrovejo

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