Filth (Jon S. Baird, 2013)

El término “filth” significa “inmundicia”, “porquería”, “asquerosidad”, cuestión que, unida a los trailers que encontramos, nos da una idea a priori bastante clara de en qué puede consistir esta película: una historia gamberra, sucia y corrupta… una especie de Teniente corrupto a la escocesa. Sin embargo el film concluye en sus créditos finales con la canción “Love Really Hurts Without You” de Billy Ocean, lo que sorprende y extraña, no parece quizás el tema más acorde al tono de la propuesta, ¿verdad? Pues bien, no es que la película juegue a la contradicción, o que establezca un engaño elaborado para con el espectador entre lo que parece vender y lo que luego realmente ofrece; lo que encontramos en Filth es verdaderamente uno de los retratos más viscerales, valientes y oscuros de los niveles más profundos a los que puede llegar la autodestrucción de un individuo.

You run around town like a fool and you think that it’s groovy” (“Vas por la ciudad como un idiota y crees que es maravilloso”) canta Billy Ocean. Y es que Bruce Robertson, el protagonista de esta historia, es un completo idiota que se cree el auténtico jefazo por excelencia. Es detective en la policía de Edimburgo, aunque no lo parece en absoluto: se trata de un corrupto y misántropo ser humano, violento, racista, machista y homófobo, que dedica la mayor parte de las horas del día a sus vicios y excesos con el alcohol, cocaína y prostitutas, mientras al mismo tiempo se aprovecha de aquellos a quienes tendría que cuidar para abusar de su dinero, influencias o sexo. ¿Y quién encarna a esta maravilla de persona? Pues un James McAvoy completamente entregado a dos mil revoluciones desde la primera hasta la última escena. Ya hemos sido testigos en anterioridad de buenas y magníficas interpretaciones del actor escocés, como en El último rey de Escocia, Expiación y Trance (así como su encarnación de Charles Xavier en X-Men: First Class que a muchos de nosotros nos encanta). Sin embargo hay que admitir que el trabajo interpretativo que McAvoy lleva a cabo en Filth es colosalmente una superación de lo anterior que se ha podido ver de él. No se sabría cómo clasificar el tipo de actuación que lleva a cabo McAvoy, pues es más bien algo así como que el actor es de esos intérpretes que se quitan el cinturón de seguridad y saltan al vacío sin paracaídas, sin ningún tipo de control, sin ningún tipo de método etiquetable, arrastrándonos a nosotros con él hacia la oscuridad. El torbellino interpretativo que nos ofrece en este film es un desafío emocional no solo para él sino para el propio espectador.

You cheat and you lie to impress any guy that you fancy” (“Engañas y mientes para impresionar a cualquier tipo que te guste”). Si hay alguna clase de juego en Filth es el del compás entre el tono cómico y a la vez trágico, un baile ambiguo que con el paso de los minutos nos va extrañando más y más la mirada, hasta hacernos empezar a intuir lo que va a acontecer y lo que ya ha acontecido. Todo ello por supuesto es gracias a un guión más que notable, escrito por Jon S. Baird e Irvine Welsh, y basado en la novela del mismo Welsh, escritor escocés de renombre recordado sobre todo por su libro Trainspotting y por la película que de ella realizó Danny Boyle en 1996. Por un lado, la trama se ubica desde el minuto uno en la mirada del personaje de Robertson (McAvoy), motivo por el cual el mundo cómico que vemos es el mundo cómico que ve el detective, con el que nos reímos y divertimos, pero en el que la ambigüedad de la realidad empieza a surgir poco a poco a medida que avanza el metraje. Por otro lado, uno de los elementos que más caracterizan la literatura de Irvine Welsh es el fuerte y cerrado dialecto escocés que se impregna en sus historias, y esta cuestión queda trasladada perfectamente al guión de Filth a través de unos diálogos que conforman un universo propio y único para los personajes que protagonizan la trama; algo así como un planeta extraño y ajeno, olvidado y abandonado por el resto del cosmos.

“You walk like a dream and you make like you’re Queen of the action” (“Caminas como un sueño y haces como si fueras la Reina de la acción”). Y sin duda el otro elemento que perfila esta película son toda la serie de alucinaciones y ensoñaciones que sufre el protagonista como consecuencia de su constante vida autodestructiva. Y aquí radica también el acierto del film: como espectadores ya estamos acostumbrados a películas que jueguen con este tipo de elementos oníricos, y aun así el trabajo de planos, maquillajes y movimientos de cámara logra sorprendernos, fascinarnos e incluso aterrorizarnos en algún que otro momento, de la misma forma que el personaje de McAvoy se encuentra cayendo más y más en el abismo de su propia mente, de su propia subjetividad, de su propia pesadilla. El viaje inicial del film desemboca en algo que no esperábamos a primeras y que nos trastoca poderosamente, dejando en nuestras retinas una poética sátira sobre la ridiculez humana. De hecho, a decir verdad el alma de Filth se podría quizás resumir mejor no en la canción de Billy Ocean, sino en el tema “Creep” (Radiohead) -versionado en el film por Clint Mansell y Coco Summer- con el que concluyen las últimas escenas de la película:

I’m a creep                                                         “Soy un desgraciado
I’m a weirdo                                                         Soy un bicho raro        
What the hell am I doing here?                        ¿Qué diablos estoy haciendo aquí?
I don’t belong here”                                            No pertenezco a este lugar

Xavier Torrents Valdeiglesias 

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