ARE YOU BLACK ENOUGH? (I) – El Padrino de Harlem (Black Caesar, 1973)

Es curioso comprobar que aunque el cine blaxploitation suele ser considerado como un producto creado por negros y para negros, una parte considerable de los directores que realizaban estas películas eran más blancos que la leche. Tal es el caso del artesano de la serie B Larry Cohen (Estoy Vivo, Regreso a Salem’s Lot, La Serpiente Voladora), artífice de este film de gángsters producido por la American International Pictures de Samuel Z. Arkoff, otro de los grandes del cine barato.

En él nos encontramos como a protagonista indiscutible a un ya en alza Fred Williamson en el papel de Tommy Gibbs, un chico del gueto que trabaja como limpiabotas y que empieza a dar sus primeros pinitos como criminal de baja estofa. Pero su carrera se ve truncada en 1955 por el oficial McKinney, un policía corrupto que le propina una paliza que lo deja cojo y de rebote con sus huesos en la cárcel. Su amigo Joe correrá mejor suerte, entrando en la universidad y esperando el regreso de Tommy para montar juntos su negocio. Al volver al barrio, Tommy mata sin pestañear a algunos enemigos del capo local y pide empleo en su sindicato. Siendo los sesenta, su nuevo jefe no quiere colaborar con un negro, pero le cede una manzana de su territorio. El ascenso de Tommy se hace imparable y con su chulería y arrogancia empieza a ganar más poder, pero también enemigos más poderosos, incluido el propio McKinney, convertido ahora en capitán de la policía.

La principal virtud de la película es su mayor defecto; la presencia del protagonista y su carisma son tan grandes que eclipsan a casi todos los demás miembros del reparto. A eso no ayuda que Cohen pase olímpicamente de desarrollar a otros personajes como Joe, su amigo el predicador Rufus (D’Urville Martin, habitual comparsa de Williamson) o la novia de Tommy, Helen (Gloria Hendry, una de las actrices clásicas del género y chica Bond en Vive y Deja Morir); esto es el festival de Fred Williamson, actor que personalmente siempre he considerado que tiene cara de pasárselo de puta madre interpretando a sus personajes, sea en una de estas películas o en sus posteriores incursiones en el cine de explotación italiano. Si que obtenemos algo más de información sobre los padres de Tommy y vemos como siempre ha tenido una relación muy complicada con los dos, sobre todo con su padre, que al reaparecer en su vida adulta no le será de mucha ayuda, más bien lo contrario.

Fiel al espíritu del que coloquialmente llamo el “subgénero Scarface”, Tommy se permite excentricidades como el comprarle el apartamento a su abogado y todo lo que contiene además de su asistenta, que no es otra que su madre, solo por el gusto de restregarle un cheque millonario por la cara a un blanco. Y como suele pasar en estos casos, con la ascensión llega la paranoia y la pérdida de control. En ningún momento se nos muestran drogas ni alcohol, dando a pensar que todo lo que le pasa a Tommy se lo ha ganado el solito con su chulería y que donde las dan las toman, llegando el desenlace que normalmente se espera de este tipo de fábulas de ascenso y caída.

El Padrino de Harlem tiene un muy buen acabado formal, interpretaciones decentes y una espectacular banda sonora entre la que brilla el tema Down And Out in New York City de James Brown. Pero no está exenta de algunos defectos esperables en producciones de este presupuesto hechas deprisa y corriendo; el sonido en algunas escenas es algo mediocre y se nota que todos los exteriores se rodaron al “estilo guerrilla” ya que en escenas con multitudes muchos de los extras se dedican a mirar a cámara con gesto de “anda, que nos están filmando!”  Y no solo pasa una vez, sino varias, aunque tiene su encanto.

Si sois capaces de pasar por alto todo esto os encontraréis con uno de los Blaxploitations más carismáticos y elegantes de la década.

Victor Castillo

Esta entrada fue publicada en Cine Negro y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.