ARE YOU BLACK ENOUGH? (II) – Dolemite (D’Urville Martin, 1975) + The Human Tornado (Cliff Roquemore, 1976)

Que lo guarro y desagradable vende es una verdad incontestable. La incorrección política siempre ha tenido a sus artistas y su público, pero ahora con internet y el do-it-yourself es mucho más fácil que tus gilipolleces lleguen al común de los mortales. Es por ello por lo que, independientemente de la calidad sus películas, siento una entrañable admiración por la figura de Rudy Ray Moore (1927-2008).

Moore, reconocido en la actualidad como “el padrino del rap”, era uno de esos entertainers a la antigua usanza. Fue bailarín, cantante de R&B, sirvió como animador durante la segunda guerra mundial y en 1970 inició su carrera como “Dolemite”, el personaje que interpretaba en su monólogos. Dolemite era un pimp (proxeneta) deslenguado y violento cuyas aventuras llenas de sexo, violencia y tacos dieron para decenas de discos de comedia. En la tradición de los Dirty Dozens afroamericanos (las competiciones de insultos rimadas) Moore rimaba sus obscenidades sobre arreglos de funk y R&B compuestos expresamente para la ocasión, e intercalaba sus monólogos con actuaciones musicales. Obviamente, aquellos discos con portadas llenas de tías en pelotas, casi siempre acompañadas por el propio Moore también desnudo, no se vendían en las estanterías de las tiendas “respetables”, por lo que el “boca-oreja”, en especial en los guetos negros, hizo que Moore fuera una celebridad del underground estadounidense.

Las ganancias de aquellos primeros discos fueron invertidas en la realización de la película Dolemite en 1975. Producida por el propio Moore y dirigida (es un decir) por el actor clásico del género D’Urville Martin (que aquí se reserva el papel del villano, Willie Green), Dolemite es un despropósito de principio a fin, aunque tiene tantos puntos hilarantes que casi salva su obvio amateurismo. Dolemite sale de la cárcel después de ser injustamente incriminado por venta de pieles robadas y cocaína a cambio de acabar con la operación de tráfico de droga de su rival, Willie Green, que incluso ha asesinado a su sobrino en su ausencia. Green se ha quedado con el Total Experience, el club de Dolemite, pero este se unirá a su antigua socia Queen Bee y a su ejército de chicas del club entrenadas en artes marciales para eliminar a la banda  de Green, que está respaldada por un corrupto alcalde.

Decir que la película tiene algo parecido a “montaje” sería mentir. Lo planos y contra planos casi nunca se corresponden, el raccord es algo ocasional y personalmente perdí la cuenta de la cantidad de veces que el micro de pértiga se ve por encima del plano. Pese a que todo está acabado “a mordiscos”, la película no es para nada modesta; Moore cambia de traje, a cada cual más excesivo, en todas las escenas que puede, las actuaciones musicales suenan bien pese a ser playbacks de lo más obvios y la decoración es de un horror vacui afro-setentero de morirse. Y he hablado de artes marciales, ¿verdad? Las coreografías son… la única palabra que me viene a la mente es “voluntariosas”. Moore puede que no fuera el tío más musculoso o delgado del mundo, pero al menos pone ganas para pegar esas patadas giratorias. Me consta que entre algunos de los extras hay gente que sabe de artes marciales (salen en los créditos) pero una cosa es saber y la otra que queden bien en cámara. Pero la voluntad está ahí, no hay nadie más apropiado que Moore para poner esas hostias en cámara, los fans estadounidenses más grandes del cine de artes marciales chino a inicios de los setenta eran los habitantes del gueto. Y Dolemite se reserva un par de monólogos, obviamente la mejor parte de toda la película. Además dudo que en los setenta alguien hubiera pronunciado la palabra motherfucker tantas veces en una sola película. Dolemite tiene momentos divertidos, pero también montones de escenas alargadas hasta la saciedad para alargar tiempo, el clásico síntoma del “no tenemos guión” al que Moore respondería “hago un par de monólogos, hostias al final y ya se nos ocurrirá algo!” En definitiva, lo que pasa en muchas exploitations de la época; que el tráiler es mejor que la propia película. A las pruebas me remito;

Dolemite arrasó en los cines del gueto, por lo que el año después llegó la apresurada secuela, The Human Tornado. Más hostias, más mujeres (moderadamente) atractivas en pelotas y más tacos por minuto. Tras una actuación de monólogos (bastante más divertidos que en la primera) Dolemite está montando una fiesta con unos amigos cuando un grupo de rednecks llama al sheriff del condado, ya que esos negratas no parecen tramar nada bueno. Dolemite se está trajinando a la mujer del sheriff cuando éste los pilla, y después de que su ayudante mate a la mujer por adúltera, nuestro héroe huye (en una escena en la que se lanza por una ladera en pelotas, con replay incluido) junto a unos amigos (entre los que se encuentra un joven Ernie Hudson), secuestra el coche a un mariquita y se larga a California a perderse de vista. Allí contacta de nuevo con Queen Bee, cuyo club está en auge, cosa que levanta ampollas en un jefe mafioso, Cavaletti, que rapta a dos de sus chicas y las mete en una sala de torturas digna de su contemporánea Sardu (Bloodsucking Freaks,1976). Dolemite y sus amigos se lanzan al rescate mientras que el sheriff paleto intenta convencer a la policía de que fue él quien mató a su mujer.

Moore es aquí más consciente de sus limitaciones como luchador y hace algo que tiene mucha tradición en Hong Kong; acelerar las peleas para que no se vea que el luchador es más lento que un desfile de cojos. Por lo demás, tenemos mucho más sexo, con Moore trajinándose a la mujer de Cavaletti para sacarle una confesión tras hipnotizarla en una secuencia tan lisérgica que solo se podía haber hecho en esa época, con un orgasmo-tornado que destruye la cama como colofón. Y una pelea con alguien a quien llaman constantemente “el campeón de nunchaku de centro américa” (no seré yo quien les contradiga) llena de efectos de sonidos chorras en post-producción. Visualmente, The Human Tornado está algo mejor que su antecesora, por lo que el tal Cliff Roquemore siguió colaborando con Moore más adelante en otras películas del cómico fuera de su personaje estrella. Pero lo que gana en eso lo pierde en la frescura amateur chunga que tenía la primera, que se notaba hecha por alguien que no tenía ni puñetera idea de cine pero que la  llevó adelante por sus cojones toreros y se salió con la suya. Su tráiler, eso sí, sigue siendo genial:

Moore seguiría con su ametralladora de motherfuckers pero nunca llegaría a tener un público mainstream tan amplio como otros contemporáneos como Red Foxx o Richard Pryor, pero sí seguiría apareciendo en películas y series, y grabando discos hasta casi el día de su muerte. E incluso salió en la película de los raperos Insane Clown Posse, Big Money Hustlas (2001). Como veis, mal gusto hasta la tumba.

Victor Castillo

También en EPB: ARE YOU BLACK ENOUGH? (I) – El Padrino de Harlem (Black Caesar, 1973)

 

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