Ärtico (Gabriel Velázquez, 2014)

Probablemente, antes de leer este texto, no sabías de la existencia de esta película, y mira por donde, resulta que es el mejor estreno de cine español en lo que va de año, y uno de los mejores también a nivel internacional. Cuando digo “mejor estreno”, no me refiero a éxito en taquilla, claro, sino a calidad cinematográfica.

Es muy desalentador escuchar a todo el mundo hablar de nuestro cine con desprecio, a sabiendas de que lo desconocen en un 70%. En 2014 se han estrenado 48 largometrajes, y Ärtico es la número 44 en recaudación. ¿Cuántas de estas películas conocéis?

Es imposible ver films españoles en la gran pantalla a no ser que estés muy atento, que vivas en una gran ciudad con salas de cine independiente, o que estés dentro del circuito de festivales. Una semana en cartel y a saber dónde. Yo la rescaté ayer en una pequeña sala de Barcelona, Zum Zeig, muy bien acondicionada y con una propuesta totalmente alejada del mainstream. Pero voy a hablaros de Ärtico, que para eso habéis clicado el link.

La mayoría de los que escribimos crítica de cine, tenemos la manía de buscar referentes comparativos, y eso es por dos motivos; para que el lector cinéfilo se haga una idea de por dónde van los tiros, y para hacernos los interesantes demostrando que tenemos un gran background y cultura. Yo soy uno de esos, y las primeras obras que me vienen a la cabeza son Los santos inocentes –novela de Miguel Delibes con adaptación cinematográfica de título homónimo dirigida por Mario Camus-, y Deprisa, deprisa, de Carlos Saura, pero con formas narrativas más propias de Víctor Erice en El Sur. Ärtico es cine kinki rural de autor contemporáneo con pinceladas noir.

La cámara está fija, distante, su relación con los personajes es fría, como de paciente observadora. Se aprecia un cuidado especial por el encuadre, por ensalzar el paisaje y dar a las localizaciones la importancia que merecen. También juega elegantemente con el fuera de campo. El plano general es el dominante.  A penas hay diálogos y los actores o tienen muy poca experiencia interpretativa, o directamente no tienen. Esto no lastra el peso dramático, ya que sólo se hace patente en alguna secuencia con texto, pero el peso de lo vivido en la vida real de los actores, compensa, y supera con creces la interpretación que podría hacer un niño bien de escuela de teatro.

El relato se desarrolla en la Castilla León profunda, con Salamanca como telón de fondo, y la banda sonora está enraizada a esa tierra. Resultan fascinante el repicar de manos como leit motiv, y el flamenco con complicidad al gran Rafael Farina. Todo está llevado a cabo con gran coherencia y homogeneidad.

Más allá del retrato de la visión de la familia, de la soledad, de la frustración, del entorno y de la adolescencia, la película quiere llamar la atención sobre a dónde nos llevan las políticas que están llevando a cabo actualmente, los recortes en educación y la ley anti abortista, por ejemplo. Tenemos una juventud desamparada y con pocas perspectivas de evolución. Es bastante desesperanzador.

Los personajes son víctimas de las limitaciones que tiene su forma de vida, de las que ellos mismos son conscientes y les genera rabia e impotencia. El director nos hace empatizar en cierto grado y los humaniza. Quisieras darles algunos consejos, pero quizás ya es demasiado tarde. La tragedia se cierne sobre ellos. A pesar de todo, al final, con los últimos planos, se abre un rayo de luz y quiero creer que habrá otro destino para las inocentes generaciones venideras que juegan en el patio, ajenas a todo mal.

En la parte de lo que me ha convencido menos hay algunos detalles, como por ejemplo la secuencia en la que entendemos que el padre de Simón, le castiga con el cinturón y luego él desprecia a su mujer en la cama. Digo que no me convence porque me parecen un subrayado innecesario. La figura autoritaria del padre ya queda reflejada con otros detalles más sutiles, y tampoco me creo que un chaval se deje pegar a esas alturas de la vida. Y la indiferencia por su mujer y su hijo, también había quedado retratada antes.

Con la presentación de los personajes tengo sentimientos encontrados; por un lado, es de las pocas veces que les vamos a ver en primer plano y eso tiene mucha fuerza, y por otro, me choca dentro del total, y me recuerda un poco al programa de televisión Hermano mayor –aunque no tengo nada en contra de este, sí que tiene un tratamiento sensacionalista que me distancia-.

Con Ärtico, Gabriel Velázquez cierra su trilogía de la familia, a la que preceden Amateurs (2008) e Iceberg (2011), que no he visto y ahora me interesan mucho. Es muy evidente la sensibilidad con la que rueda el salmantino y creo que tiene mucho que ofrecer. A seguir muy de cerca junto al titán del cine español, Jaime Rosales.

Oscar Sueiro

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