Terrores catódicos (4): The Night That Panicked America (Joseph Sargent, 1975)

panickedCAPNuestra cuarta entrega de “terrores catódicos” se sale un poco de la línea habitual de la serie, ya que The Night That Panicked America no pertenece al género fantástico ni de terror. Sin embargo, hay parentesco al ser el terror su tema principal. Me explico: el telefilme en cuestión narra el acontecimiento histórico que ocurrió en Estado Unidos la noche del 30 de Octubre de 1938. Un jovenzuelo Orson Welles y sus compinches del Mercury Theatre se dispusieron a interpretar una versión de La guerra de los mundos de H. G. Wells a través de las ondas radiofónicas y cuenta la leyenda (con unas versiones más exageradas que otras) que en diversas zonas del país hubo verdaderos estallidos de pánico, ya que Welles enfocó el asunto con un estilo veraz, basado en diferentes informes ficticios de boletines de noticias. Por lo visto, The Mercury Theatre On The Air no es que tuviera un público muy amplio, y esto pudo ayudar al fenómeno, ya que muchos lo conectaron con la narración ya empezada mientras buscaban cambiar de emisora, Al no conocer la existencia del  programa, lo confundieron con noticiarios reales y seguramente se llevaron el susto de sus vidas…

Orson Welles durante la emisión de La guerra de los mundos

Orson Welles durante la emisión de La guerra de los mundos

La película, hábilmente construida partiendo de los cimientos de su brillante guión, está dividida en dos líneas argumentales. En la principal, asistimos a la creación del legendario espectáculo, empezando por los prolegómenos del mismo y las dificultades del proverbial último minuto, como la necesidad de cambiar de efectos de sonido a falta de unas pocas horas de salir en directo, o el veto de la emisora de usar a Roosvelt como personaje de ficción aunque se tenía un actor que lo imitaba a la perfección (Welles encontrará la manera de solventar el asunto, a su inimitable manera). Pero una vez hace su aparición el legendario futuro director de Ciudadano Kane toda la estación se deja llevar por su poderoso magnetismo, y una vez se disponga a dirigir la obra, dará inicio un espectáculo radiofónico eléctrico, con mucho ritmo y metódicamente calculado. El actor Paul Shenar (fallecido en 1989), encargado de dar vida al genio, es la estrella de la función en un reparto televisivo plagado de futuras estrellas de la pequeña pantalla y tremendamente sólido, y aunque físicamente no termine de parecerse mucho a Welles, logra transmitir que es la causa del movimiento  de toda la energía que se estaba acumulando en ese pequeño plató, como si de un director de orquesta se tratara. Y sobre todo, su increíble trabajo con la voz, con la que llega a mimetizar hasta el calco la del original, le hacen destacar por encima del resto.

Paul Shenar como Orson Welles

Paul Shenar como Orson Welles

La segunda línea está a su vez dividida en varias pequeñas historias acerca de ciudadanos de diversos lugares de la geografía norteamericana que se vieron afectados, de un modo u otro, por la representación de La guerra de los mundos. Algunas son dramáticas –y están a punto de terminar como el rosario de la aurora-, como la que protagonizan Vic Morrow y Eileen Brennan dando vida a un matrimonio al borde de la separación debido al hastío que tiene él de su vida, su esposa y sus hijos, pero la amenaza marciana le hará replantearse su decisión y tratará de poner a salvo a los suyos. Otras son bastante divertidas, como la que protagoniza Harrison (Byron Webster), el mayordomo del repelente millonario Matlock (Clarke Gordon), habitual seguidor del programa de Welles que sabe perfectamente que se está radiando una obra de ficción, pero que no termina de encontrar el momento de decírselo a su superior –el cual está celebrando una fiesta para gente bien– y para cuando lo intenta es recibido con desprecio, por lo que decide dejar que su jefe haga el ridículo. También hay lugar para el romance, en la historia que protagonizan Cliff DeYoung y Meredith Baxter, los cuales son una pareja cuyo proyecto de matrimonio está prohibido por el padre de ella, un pastor, por diferencias religiosas, hasta que la “aparición de los marcianos” les obliga a replantearse sus decisiones. Pero de todas estas pequeñas narraciones la más importante es la que protagonizan un padre y un hijo, los Wingate (Michael Constatine y John Ritter), dos granjeros de la zona de Grover Mills, lugar escogido a voleo por el guionista de la obra (Howard Koch, interpretado por Joshua Bryant) al principio de la película para que sea el lugar en el que aterricen los marcianos por primera vez. El hijo intenta convencer al padre para que le permita alistarse en el ejército para combatir contra los nazis, y la invasión marciana servirá para establecer un paralelismo con una posible invasión del ejército alemán, aspecto que se verá muy reforzado por la voz en off final que no dudará en situar la causa del contexto de histeria por los avatares de la II Guerra Mundial. Los ingredientes ya estaban ahí, Orson Welles solo encendió la mecha.

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El resultado de mezclar las dos líneas es francamente interesante: por un lado tenemos una serie de historias que nos acercan al cine de catástrofes, solo que en este caso… bueno, no hay tal catástrofe. Y por otro, tenemos la vibrante historia de la obra en paralelo, con un grupo de gente que durante un buen tramo de la película ignora el follón que están liando. Hasta que les obligan a hacer cortes para que un mensaje grabado insista en recalcar que están escuchando un programa de ficción (muy hábilmente la mayoría de personajes sumidos en el pánico no lo escucharán en ese preciso momento, por motivos de lo más diverso). Incuso llega a acudir la policía para detener la representación, que dependerá para llegar a su desenlace de la audacia del productor Norman Smith (Tom Bosley) –que tenía que gestionar por un lado los conflictos que estaban causando y por otro el genio en el buen y el mal sentido  de Welles-.  Se trata pues de un sistema narrativo de acción – reacción, en el que contemplamos tal o cual parte del episodio radiofónico y después asistimos a los resultados que genera en el mundo “real”. En cualquier caso, mientras que el segmento protagonizado por el Mercury Theatre parece estar bastante sujeto a lo ocurrido en realidad –con algunos cambios, como en el hecho de que la advertencia de que era un programa de ficción se repitió varias veces, no solo una, como en el film-, con la supervisión de uno de los productores y uno de los actores de la representación original, John Houseman y Paul Stewart, las pequeñas historias protagonizados por los aterrorizados oyentes parecen ser ficción pura y dura (aunque no me mojo ya que ignoro si provenían de hechos reales, rumores o si fueron pura invención de Nicholas Meyer, pero yo apostaría por esto último).

Nicholas Meyer

Nicholas Meyer

Y aprovecho que ha salido su nombre a colación para dedicar unas líneas a la figura del gran Nicholas Meyer, excelente escritor, guionista, productor y director que ha logrado cosechar éxitos en el mundo televisivo, literario y cinematográfico y –casi- siempre relacionado con obras de calidad. Cuando Meyer escribió The Night That Panicked America apenas un par de guiones suyos habían visto la luz, The Invasion of the Bee Girls, con la que no quedó de todos modos satisfecho con el resultado final, y El monasterio de la muerte, una interesante TV movie que tiene como personaje principal al Juez Dee, el popular personaje de las novelas de Robert Van Gulik. Pero sería precisamente aprovechando una huelga del sindicato de guionistas que aprovecharía para matar el tiempo escribiendo una aventura que jugaría con el mito de Sherlock Holmes de un modo nunca visto hasta entonces: Elemental, Dr. Freud. En ella descubríamos que el Profesor Moriarty no era exactamente como nos lo habían descrito en las novelas de Arthur Conan Doyle y que la adicción de Holmes con la cocaína obligó a su buen amigo Watson a llevarlo a Austria, para ser puesto bajo tratamiento de Sigmund Freud. La novela se convirtió en un best seller mundial (y a título personal he de indicar que es una de mis preferidas) y fue el libro que me llevó a interesarme por el mundo de los “pastiches” de Sherlock Holmes (obras “no canónicas”, no escritas por Conan Doyle), ya que hasta entonces, ingenuo yo, pensaba que su existencia era una aberración. Ahora tengo la casa llena, pero eso es otra historia. Elemental Dr. Freud sería adaptada al cine un par de años más tarde, en 1976, en una estupenda película protagonizada por Nicol Williamson, Robert Duvall, Alan Arkin y Vanessa Redgrave, dirigida por Herbert Ross y con guión del mismo Meyer. En 1979 el azar le llevó a estrenarse en la dirección con la estupenda Los pasajeros del tiempo, con Malcolm McDowell y David Warner, y de ahí pasó a realizar una de las películas mejor consideradas de la saga Star Trek, la ira de Khan (1982, y repetiría en 1991 con la sexta, Aquel país desconocido) y el prestigioso y premiado telefilme El día después (1983), acerca de las consecuencias de una posible hecatombe nuclear. Desde entonces ha seguido en activo alternando cine y televisión, y aún escribió dos novelas apócrifas más protagonizadas por Sherlock Holmes, Horror en Londres y El ángel de la música.

Joseph Sargent

Joseph Sargent

Por su parte, el director de la TV Movie fue Joseph Sargent, director más que solvente que debutó en la dirección con una película que nos encanta en esta casa, Colossus: El proyecto prohibido (1969) y que conoció en la gran pantalla la miel del éxito con Pelham 1,2,3 (1975) y la amargura del fracaso con Tiburón 3: La venganza (1987), por citar dos de las más populares de su amplia carrera. En televisión su trayectoria apenas conoció altibajos y llegó a ganar cuatro premios Emmy, siendo un valor seguro en la dirección de telefilmes y mini-series. Falleció en Diciembre del 2014.

The Night That Panicked America es un fantástico ejemplo de las brillantes tv movies norteamericanas de los años 70. Cuando nos enfocamos en telefilmes de terror o género fantástico siempre hacemos empeño en resaltar que cumplían una función no muy alejada a la que haría el videoclub de la década siguiente. Se producían proyectos muy elaborados y muy imaginativos, y de los cuales muchos podrían haberse llevado a la gran pantalla, pero en realidad no era necesario: estas producciones tenían su propio “universo” y su propia manera de funcionar dentro de la industria. En el caso de Panicked, tratándose de un drama de interés histórico, contiene tanto la faceta divulgativa que debería formar parte de la idiosincrasia de la televisión, como un presupuesto lo suficientemente ajustado para no convertirse en un problema para los productores. Si no fuera por los fundidos en negro para publicidad y los habituales recursos del telefilm (como el exceso de uso del plano máster, lo cual no es debido a la ausencia de talento de los directores de televisión, si no de lo apretado de sus agendas y lo limitado de sus presupuestos) podría proyectarse en pantalla grande y por su ritmo y el gran trabajo de su elenco no se notaria demasiada diferencia con una película para cine.

Javier J. Valencia
Entregas previas de “Terrores catódicos”:

Terrores catódicos (1): Ghostwatch – Prohibido en televisión durante una década (Ghostwatch, Lesley Manning, 1992)
Terrores catódicos (2): Los chicos de Stone (Children of the Stones, Peter Graham Scott, 1977)
Terrores catódicos (3): The Kingdom – Antiguo y futuro reino (Morten Alfred / Lars Von Trier, Riget, 1994 – Riget II, 1997)
Terrores catódicos (5): Gárgolas (Gargoyles, Bill L. Norton, 1972)
Terrores catódicos (6): La mirada del mal / América Oculta (American Gothic, CBS, 1995)

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