El escándalo de Ted Kennedy (Chappaquiddick, John Curran, 2017)

“Destruyendo mitos” hubiera sido un título más óptimo para el largometraje de John Curran, donde se narra el terrible accidente automovilístico que Ted Kennedy sufrió en 1969 que provocó la muerte de una de sus secretarias de campaña, Mary Jo Kopechne. El escándalo de Ted Kennedy es de esos biopics que extraen una parte importante de la vida de una persona que ha dejado su huella en la historia. Tanto para bien, como para mal. En el caso de Ted Kennedy, no deja de ser un hecho atroz e imperdonable que, por desgracia, se ha convertido en idea para formar un film donde se vea la redención de Kennedy por arrebatarle la vida a una persona por culpa de su imprudencia. Y lo peor no es que el personaje en sí pida disculpas para salvar su carrera política y mantener el nombre de su familia más o menos limpio, sino que se pasa por alto un homicidio como si Ted Kennedy se hubiera comportado mal en el recreo.

Mientras el Apollo 11 se encaminaba a la luna y Neil Armstrong la pisaba por primera vez a la par que pronunciaba esa frase célebre: “Un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”, Estados Unidos estaba distraído protegiendo a Ted Kennedy de una negligencia por la que debería haber pagado un precio más alto. Como si fuese el ombligo del mundo. Y lo que escandaliza realmente es el destape que hace Curran sobre cómo funcionan los casos legales cuando rodean a esos altos cargos. Curran hace una desmitificación de la brillantez de los Kennedy –que dice la leyenda que han estado gafados siempre- a través de un retrato que, a mi parecer, no hay que ver desde el lado positivo del arrepentimiento del culpable del accidente, sino de muestra de un sistema podrido que lleva décadas estancado. La tragedia estadounidense relatada por la caída en picado de una familia que supone un antes y un después en la historia americana.

Per se, El escándalo de Ted Kennedy es un biopic reglamentario en el que John Curran no aporta absolutamente nada. Fácilmente, podría haber colado como un documental televisivo si Jason Clarke no se hubiera entregado tanto para su papel. Porque, lo cierto, es que el actor hace una interpretación destacable, aunque, en contraposición, tampoco es que hubiera demasiadas otras actuaciones –en nivel de calidad- que pudieran hacerle sombra. Como ocurre en la mayoría de los biopics, donde los secundarios quedan delimitados para que el protagonista pueda lucirse, sin tener que lidiar con el nivel de otros de sus compañeros de reparto para ver quién se lleva la plata o el oro a casa. Y así como otros biopics como Yo, Tonya (Craig Gillespie, 2017) o la reciente Rodin (Jacques Doillon, 2018) rompían un poco con su forma para contrastar de manera más pronunciada con su fondo –para, por lo menos, aportar variedad al género-, El escándalo de Ted Kennedy es un producto arquetípico y prefabricado que ya estaba filmado incluso antes de ser concebido.

Xavi Mogrovejo

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