El puente de los espías (Bridge of Spies, Steven Spielberg, 2015)

puenteespias01Spielberg, por célebre, está sujeto a recibir críticas ligeras, manías y prejuicios. También la adoración absoluta, pero lo más sensato es reconocer que en tan vasta filmografía hay un poco de todo, y también que la mayoría son grandes piezas que demuestran ante todo un abrumador dominio del lenguaje cinematográfico.
En eso, este autor es un maestro incontestable. Quizás no predicamos con todos sus relatos, incluso aborrecemos un poco el exceso de edulcorante que añade a muchos de ellos, pero su habilidad tras las cámaras da para escribir muchas páginas.

En este caso, el prejuicio que precipitadamente se cernía sobre la película hablaba de su plétora patriótica, y nada más lejos. Bridge of spies no es el panfleto estadounidense que algunos pregonaban, es más, el único americano digno que aparece es el que interpreta Tom Hanks, y es que esta no es una historia política, ni una de espías, ni un drama, ni una aventura. Bueno, sí es todo eso, pero es esencialmente un film sobre la integridad humana.

puenteespias02El personaje de Tom Hanks entiende muy bien que cada cual juega un papel en esta guerra fría y no importa el bando, sino los derechos humanos. Lejos también de lo que cabía esperar, el supuesto enemigo, el espía ruso, es el otro único personaje retratado con inteligencia, sensibilidad, simpatía e integridad. En ellos dos pivota todo el devenir, son los únicos que se mantienen firmes a pesar de las miradas acusadoras -siempre alienadas con la ayuda de los medios de comunicación-.

El sistema está cegado por el odio belicoso, el pueblo cegado por el miedo inducido por parte del sistema, y de este círculo vicioso solo se libra aquel con punto de vista propio. Con esto deja en evidencia a toda la lobotomizada sociedad que solamente reconoce al bueno cuando se lo dice su periódico habitual. Eso sí, el espíritu crítico de Spielberg tiene un límite, y se ampara en la Constitución americana para avalar la causa de nuestro protagonista. Con ella en ristre, como algo sagrado, hasta los altos tribunales tienen que claudicar.

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También se nota su mano amable al dulcificar lo que debieron ser los interrogatorios militares, tanto soviéticos  como americanos. Pero podemos disculparlo porque con un tratamiento más realista según la época podría haber empañado el tema real de la película e incluso pecar de efectista. Su cine no va de eso. Spielberg no pierde el rumbo y todo suma en la misma dirección, siempre hacia delante, aportando en cada plano y reforzando su discurso. Es un narrador excelso.

Es Hollywood y por supuesto que hay estereotipos, no se busca enemigos, va a todos los públicos, etc. pero con estas condiciones, que son más dificultades que ventajas, hace un cine de alta calidad a todos los niveles; técnicos y literarios. No en vano aquí hay una suma de tres poderes: Roal Dahl, Melisa Mathesson y Steven Spierlberg. Y ya que estamos, un cuarto: Janusz Kaminski.

Entre todos consiguen un film elegante, con varias capas y por tanto inteligente, intenso, entretenido –dos horas y media que se pasan volando-, e incluso divertido. También lleno de lugares comunes, sin espacio para la sorpresa, y dentro de los cánones. Pero aun con todo, tiene personalidad. Y tener personalidad en aquella industria, es admirable.

Óscar Sueiro

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