El instante más oscuro (Darkest Hour, Joe Wright, 2017)

El oscuro señor Winston Churchill

Con el Brexit a la vuelta de la esquina, se han llevado ahora diversos films que retratan las audacias de Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial, un momento en el que estuvo más unida que nunca a Europa. Mientras Christopher Nolan me bombardeaba en la playa de Dunkerque, en mi mente, pensaba; ¿Qué estará pasando en Inglaterra mientras estos pobres desgraciados están luchando minuto a minuto por su supervivencia? Joe Wright respondió a ese pensamiento trayendo un film sobre la cara B de Dunkerque llamado El instante más oscuro. Una película que, por otro lado, es tan innecesaria como deducible, porque lo que relata forma parte de la historia y ya se ha llevado al cine con otros aires, por lo que el factor sorpresa, a priori, es nulo. O eso pensaba al principio. Es evidente que la respuesta fácil es decir que El instante más oscuro es un film hecho exclusivamente para que Gary Oldman consiga, por fin, llevarse su estatuilla dorada a casa. Pero lo cierto es más que eso.

Wright relata el duro camino que Winston Churchill tuvo que atravesar para llegar a convertirse en parte de esa historia empuñando su impecable don para la oratoria y sus increíbles discursos. A decir verdad, tampoco es que a Churchill, en esta versión del cuento, se le plantee como un bonachón. Bajo quilos y quilos de maquillaje y látex se esconde en este Churchill un Oldman especialmente brillante que trabaja hasta el último detalle la personalidad del primer ministro británico durante los años cuarenta del siglo pasado. Wright escribe a un Churchill sincero, sin ánimo de querer magnificar su figura desde un principio. Sabemos quién es, pero puede que no hayamos visto sus trapos sucios hasta ahora. El instante más oscuro se cuece en habitaciones sombrías propias del cine de género. Donde, en diversas ocasiones, la única iluminación que recibimos es la del puro que se está fumando Churchill mientras sostiene en la otra mano una copa de alcohol y lanza balbuceos sobre las macabras ideas que recorren su atormentada mente para intentar trazar un plan efectivo para rescatar a su ejército de las garras del enemigo. Se llega a incluso plantear la posibilidad de sacrificar a parte de ese mismo ejército como distracción para salvar al máximo número posible de hombres. Y en el colofón de esa macabra situación surge, posteriormente, la posibilidad de poder hacer un pacto con el diablo (Hitler) y salvar a Inglaterra –o fantasear con salvarla- de los terribles bombardeos de los nazis. Una iniciativa que viene por parte de aquellos que no querían que Churchill fuera primer ministro y que terminaron sublevándose a su iniciativa de nunca rendirse.

Wright mete baza en esas turbias reuniones entre los altos cargos británicos y Churchill y hace que Oldman saque lo peor de su personaje. Presentándose a sí mismo como un monstruo al que ni las secretarias le duran más de dos días por su incomprensible manera de hablar y su poco tacto con la gente. Lo mejor que posee El instante más oscuro es precisamente no plasmar de buenas a primeras al típico prototipo de ciudadano ejemplar cuyo comportamiento, ideología e incluso manera de ser son admirables. Tanto Oldman como su personaje van creciendo poco a poco mientras pulen, uno sus dejes como actor y, el otro, sus defectos como persona prácticamente intratable. En ese sentido, el film es una especie de Rocky (John G. Avildsen, 1976) en el que Churchill debe ir purgando su mente, liberarse de los lastres y de los perros que ladran en su camino para encontrar una solución óptima que salve a su país. Una tarea que no resulta sencilla pero que el avezado actor resuelve con bastante talento interpretativo. Siendo consciente –supongo- que lo que se busca en El instante más oscuro no es solo mostrar al mundo lo importante que fue Winston Churchill, si no que las apariencias engañan y que, en los momentos más difíciles, es cuando uno debe sacar lo mejor de sí para hacer frente a lo que viene.

Y por su parte, Wright tampoco se queda fuera del discurso de su protagonista y, muy hábilmente, introduce al propio pueblo británico en parte activa de ese instante oscuro para humanizar a Churchill. Una evolución que le lleva de estar en claustrofóbicas habitaciones oscuras hasta el metro de su ciudad para mezclarse con su gente y hacer que la Operación Dinamo cobre sentido y vida propia desde ese mismo momento. Sin necesidad de ver lo que Nolan está construyendo en contrapartida, el mensaje de Churchill es lo suficientemente descriptivo y potente como para que, en nuestras mentes, podamos generar un contexto sobre lo que está sucediendo en las playas de Dunkerque. Que, sin duda, es otro de los logros de Wright.

Puede que El instante más oscuro apoye todo su potencial en la interpretación de Gary Oldman y no tenga mucho más que ofrecer a parte de lo que ya se ha visto a lo largo de los años y se sabe sobre la vida de Churchill. Y que, seguramente, no merezca una nominación a Mejor Película porque solo se trata de un simple biopic más. Pero posee una fuerza de atracción irresistible que hace que se la vea con ojos totalmente distintos y parezca que todo lo que se cuenta sea nuevo de cara al espectador. Puede también que Nolan haya tenido una influencia muy fuerte con su Dunkerque y sea, de forma indirecta, una pieza fundamental del porqué El instante más oscuro está en tal alta estima. O puede que no -aunque, por supuesto, desde hoy mismo, tanto El instante más oscuro como Dunkerque van a ir cogidos de la mano hasta el fin de sus días-. Lo que está claro es que Wright y Oldman han brindado un film que no va a caer tan fácilmente en el olvido como lo han hecho otros largometrajes que representan al mismo personaje, como el reciente protagonizado por Brian Cox.

Xavi Mogrovejo

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