Una bolsa de canicas (Un sac de billes, Christian Duguay, 2017)

Maurice y Joseph son dos jóvenes hermanos judíos que viven en la Francia ocupada por los nazis. Juntos, deberán sobreponerse a todo tipo de situaciones para sobrevivir y poder reunirse con su familia. Una película basada en la historia real que el mismo Joseph Joffo escribió en 1973.

Una bolsa de canicas tiene un magnetismo en su interior. Algo que, aún copiando la estructura típica de los dramas y melodramas modernos y contemporáneos, la diferencia de las demás. No es una visión distinta sobre el holocausto o sobre la Segunda Guerra Mundial. Es una historia familiar que habla sobre la dura vida que sufrían los judíos, y los franceses en este caso también, ante la amenaza nazi en Europa. Es algo que se ha visto mil veces, pero el film de Christian Duguay (responsable de Scanners II: El nuevo orden y Scanners 3) te llega a lo más profundo de tu ser. Ya sea por la enorme capacidad de empatía de los dos personajes principales interpretados por Dorian Le Clech y Batyste Fleurial, o por la detallista y cruda representación de la brutalidad nazi extendida por el viejo continente. Y esa crudeza, consigue ser tan explícita por el contraste que Duguay realiza. El director llena el film de momentos tiernos, dulces, tan cotidianos que plasman la vida diaria de cualquier persona inocente que lo único que quiere es vivir tranquilamente. Esos instantes de paz, que son bastante abundantes, se le arrebatan al espectador como a si a un niño se le quitase su caramelo. De golpe, sin florituras ni aviso previo. Duguay quiere que de primera mano, el público no solo vea lo peligrosos y duros que fueron esos años. Va más allá para que, el espectador, a pesar de que, probablemente, nunca se ha topado con esa situación o una similar, pueda sentir en su propia piel lo que es ser perseguido como un fugitivo y te arrebaten el hogar y rompan tu núcleo familiar. La propia aparición en escena de Christian Clavier es absolutamente desgarradora. Y sin necesidad de aparecer demasiado tiempo en pantalla o de llorar ante la cámara. Con su compromiso con el personaje y la situación, es suficiente. Se capta su dolor, su desesperación, su preocupación por los jóvenes hermanos y la impotencia ante la opresión nazi. Se hace raro verle tan poco en escena, y más todavía en algo que no sea una comedia. Pero realmente, su aparición es necesaria para insuflar a los protagonistas, y a la historia, un poco de esperanza.

Es cierto que, como todo drama, a veces peca de ser emotiva en exceso. O de ofrecer secuencias muy empalagosas entre los protagonistas o su familia, en general. Pero en Una bolsa de canicas es algo necesario. Es necesario para realizar esos contrastes tan exagerados para que el sentimiento de tranquilidad de los personajes, de paz una vez han encontrado su zona de confort donde saben que no les puede pasar nada, luego quede reducida a polvo. Gracias a ello, es cuando Duguay puede meter más mano para jugar con nuestras emociones tanto como desee. No cambiará ni añadirá nada en lo referente a la visión que se tiene sobre el holocausto, pero desde luego es una cinta que sirve como mensaje directo para todos aquellos que quieran verse sumergidos en lo que es la supervivencia diaria a la que se veían sometidos centenares de judíos. Con la historia de dos jóvenes la historia llega todavía más, aunque eso no es una excusa de la que se sirve Duguay para profundizar más. Solo un conducto a través del cual se puede ver desde otro punto de vista la misma historia. Y, como comentaba, no es que Una bolsa de canicas varíe las reglas del drama, pero hay algo en ella que resulta atractivo a la par que devastador. Se conecta muy fácil con su trama y logra que te preocupes de verdad por su el estado de sus protagonistas y por las situaciones a las que se enfrentan. Te interesas por su bienestar y solo quieres que termine para que llegue un final feliz al que aferrarte antes de abandonar la sala del cine. Para los que sean de lágrima fácil, van a necesitar bastantes pañuelos.

Trailer y datos técnicos en la página de A Contracorriente Films.

Xavi Mogrovejo

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