Todo el dinero del mundo (All the Money in the World, Ridley Scott, 2017)

Drama y thriller a partes iguales, Todo el dinero del mundo relata el secuestro en Italia en 1973 de John Paul Getty III y los desesperados intentos de su madre por convencer a su exsuegro, John Paul Getty, para que pagase el rescate de su nieto. Lo cierto, es que el argumento solo es una excusa para que Ridley Scott pueda realizar una crítica inmensa hacia el capitalismo a todos sus niveles, dándole forma a este con la figura de Christopher Plummer, que después de suplir a Kevin Spacey en el papel ha demostrado que, el personaje de John Paul Getty, solo lo hubiera podido encarnar él. Dejando de lado las razones por las que Spacey ha sido eliminado del metraje, Todo el dinero del mundo se ha convertido en uno de esos casos en los que la segunda opción de casting, esa que nadie se plantea una vez confirmada la primera, ha resultado ser muchísimo mejor que cualquier otra. Plummer se encarga de desnudar y dejar a la vista los trapos sucios de aquellos a los que la avaricia les supera tanto que parece que, en vez de sangre, sea dinero lo que corre por sus venas. Y las referencias al poder están a la orden del día. Llegando hasta al nivel de que Paul Getty se compara con los emperadores romanos en cuanto a riqueza y cree formar parte de su legado.

En contraposición entra en juego Michelle Williams, dando vida a Gail Harris, madre de John Paul Getty III, para enfrentarse a Plummer y situarse en defensa de aquellos que no disponen de los lujos y riquezas que, en este caso, posee el personaje de Plummer –que es la mayoría aplastante de la población-. Ella es la encargada de plantar cara a ese tipo de persona que prioriza su fortuna a costa de todo mientras que, Plummer, es el que aquí recibe los palos y desarrolla el rol de poli malo. Entremedias, aparece un ex agente de la CIA, ahora convertido en mercenario, interpretado por Mark Whalberg. Un elemento que, aún siendo cierto o falso dentro de la historia verdadera –a la cual Scott avisa que añade partes de ficción-, despunta demasiado con el tono de la película y rompe la atmosfera de intriga con la que Scott rueda la mayor parte de metraje. Sea por la fama que arrastra consigo el actor protagonista de las últimas entregas de Transformers o sea porque tanto Williams como Plummer están demasiado soberbios, Whalberg no cohesiona como debería con el resto del reparto. Por supuesto, este se ve complementado por un buen puñado de secundarios, pero no despiertan la sensación que Whalberg levanta al aparecer en algunas de las escenas más importantes. Aunque, en su defensa, es una de las actuaciones más serias que ha traído hasta ahora.

Todo el dinero del mundo es un ejemplo de que, cuando a Scott le viene en gana, también puede hacer buenos largometrajes fuera de su filmografía de ciencia-ficción. Lo que no deja a un lado, eso sí, es su carácter para recrear las escenas de terror con la máxima sensación de agobio posible. Aunque, aquí, lo hace de un modo más suave y descafeinado para no espantar al público al que se dirige la cinta, pero sin renunciar a esa tendencia que tiene de hacer sufrir al espectador aguantando el plano en los momentos de tensión más extremos. Es por ello por lo que, en un momento determinado de Todo el dinero del mundo, decide rodar con todo lujo de detalles cómo John Paul Getty III es torturado por sus cautivadores con la intención de enviar un pedazo de su cuerpo a su familia para conseguir el dinero del rescate. Un momento que roza el gore y la serie B y que le sirve a Charlie Plummer, el secuestrado, para lucirse ante la cámara y romper con la monotonía de su personaje, del cual, hasta prácticamente ese instante, recibimos los mismos estímulos durante la totalidad de la película.

Obviamente, este no es el mejor film de la carrera de Ridley Scott, pero desde luego tampoco es uno de los peores. Todo el dinero del mundo encaja de maravilla el suspense con el drama, este último con sus dosis justas para no caer en la sobreactuación con ninguno de los actores, lo cual se agradece, y en medio de su crítica hacia ese uno por ciento de la población que es la considerada la más rica del mundo, cuela pequeñas briznas de comedia para alentar al espectador a entrar en su juego morboso de meterse con los que se consideran poderosos y superiores al resto de la humanidad.

Xavi Mogrovejo

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