The Florida Project (Sean Baker, 2017)

Con un inicio al estilo de Miliki y su ¿Cómo están ustedes?, The Florida Project da su pistoletazo de salida. Hablar sobre ella es algo bastante complejo, sobre todo por la capacidad de Sean Baker, el director, por realizar un largometraje autoral que se aleja radicalmente de la mayoría de producciones comerciales del cine norteamericano. El film es un breve recorte de la vida de Moonee, una niña de seis años que vive con su madre, Halley, en un motel próximo a Disneyworld. Grosso modo, no hay una historia per sé en The Florida Project. Funciona más como una muestra de la vida de una madre soltera que debe buscarse la vida para cuidar a su hija pequeña. Solo que, aquí, Baker no centra la atención en mostrar la película desde el punto de vista de esa madre desgraciada que debe hacer lo que sea necesario para dar de comer a su hija y poder seguir pagando la habitación del motel en el que se hospedan “temporalmente”, puesto que en EEUU está prohibido vivir permanentemente en una misma habitación de un motel durante tiempo indefinido. Aunque eso no quita que Bria Vinaite, la actriz que se mete en la piel de Halley, no brinde una actuación que pone los pelos de punta, ya que consigue una unión con su personaje que roza los límites de la realidad y la ficción en pantalla. Claro que no haberla visto antes en algún papel ayuda bastante a dicha tarea, dado que no hay ninguna referencia de ella con otros personajes a los que podamos asociar con su figura.

Baker coge como punto central, pues, a la pequeña Moonee, interpretada por una excelente Brooklynn Prince, que llena de alegría, y en términos generales, de vida a The Florida Project. Es el alma de la cinta. Y es por ello por lo que esta se ve a través de sus ojos. Tal y como un niño concibe la vida cuando su única preocupación, más allá de comerse un helado, es la de buscar nuevos sitios para hacer gamberradas o hacer nuevos amigos para jugar e ir en busca de aventuras. Se dejan en segundo plano las responsabilidades con las que deben lidiar los adultos para ver, desde el punto de vista de la inocencia, cómo es vivir en la América de Trump. A su vez, Baker se atreve a desmentir lo que se conoce como el “sueño americano” a partir de mostrar lo que muchas familias sufren: enfrentarse a la supervivencia del día a día. Un concepto que In Time (Andrew Niccol, 2011) ya planteaba a modo de ciencia-ficción. Pero, Baker, en The Florida Project, gira el timón del cine de género y se orienta en dirección al cine de autor –o independiente- para plantear esa idea que, para una gran parte del público, resulta desconocida o imposible de imaginar. Y en ese caos en el que Moonee y su pandilla de amigos nos sumergen, aparece Willem Dafoe para mantener el orden. Es una especie de guardián o protector y a la vez cuidador del motel en el que viven las protagonistas. Y lo más importante, es que aún siendo un avezado y experimentado actor, sabe mantener la distancia y dejar que sean ellas, Prince y Vinaite, quienes tomen todo el protagonismo. Pero ni con esas se libra de ser nominado a los Oscar como mejor actor de reparto.

The Florida Project es una película que desprende tanta alegría como tristeza. La fotografía de Alexis Zabé, que en determinados momentos es deslumbrante, juega ese doble papel a la hora de tener que representar la crudeza de la película que se esconde detrás de la vitalidad colorida que proyecta Moonee. No hay un hilo argumental que seguir en The Florida Project, es una obra en la que uno es testigo de la vida diaria de una familia que debe vérselas con el mundo para poder seguir adelante. Un conjunto de situaciones aleatorias, e impredecibles, que van in crescendo hasta reducirte a polvo.

Xavi Mogrovejo

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