Premonición (Afterwards, Gilles Bourdos, 2008)

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Normalmente hay un cierto rechazo a las películas que tratan sobre el más allá desde una perspectiva “científico-fantástica”. Es decir, que especulan sobre el tema (y se convierten en fantásticas, lógicamente, al meterse en territorios todavía indemostrables) pero con un punto de vista completamente serio, como si en cierta medida “creyeran” en lo que están contando, como si abrieran una ventana que no debería ser tomada a risa.

Le pasó a Clint Eastwood con su tan denostada como interesante Más allá de la vida (y que ganaba por la mano no tanto por convertir en ficción con un enorme respeto las posibles respuestas al respecto de la pregunta de si hay otra vida, si no en como son tratados todos aquellos que investigan el tema), y le pasó a Gilles Bourdos un año antes, aunque estrenada aquí con dos de retraso, en esta adaptación de una novela de éxito de Guillaume Masso llamada por estos lares Sólo los mensajeros te pueden avisar cuya adaptación en libreto impresionó a John Malkovich, que decidió interpretar un papel crucial en el filme. Por mucho que la historia se narre con total solemnidad,  se atreve a tener algunos pequeños giros y sorpresas a lo largo de su metraje que otorgan al producto de una superficialidad un poco amarga en su regusto final, eso sin contar que su retirada a conceptos new age es excesiva, no en su parte literaria, en lo cual tiene bastante sentido –se mire por donde se mire-, sino también en bastantes escenas (esas postales idílicas de la familia del protagonista, que suceden en un tiempo indeterminado, y que se repiten de forma cansina a lo largo del film, de pretensiones un tanto de Terrence Malick de baratillo) que nutren al conjunto de una pretenciosa sensación de artificialidad.

No obstante, algunos pasajes de la narración si que resultan disfrutables, cuando no se excede en caer al drama místico a pecho descubierto y dibuja momentos de mayor humildad espiritual, como en los intentos por parte del protagonista, Nathan -como siempre muy correcto Romain Duris, encargado de efectuar un trabajo sólido cuando tiene que echarse la película a sus espaldas-, por salvar la vida de Anna, la camarera interpretada por Pascale Bussières, o el proceso de aceptación de su fatal destino por parte de Jeremy (Recee Thompson), enfermo terminal cuya historia paralela, sin formar parte del cuento fantástico y siendo un drama autoconclusivo, es casi lo más interesante de la película. Se excede un tanto en su colección de tics Malkovich dando vida al misterioso doctor que persigue al protagonista, de dudosa ambigüedad moral (y sospecho que más por mala elaboración por parte del personaje a la hora de expresar sus verdaderas intenciones) y se agradece la presencia de Evangeline Lilly (la popular Kate de Perdidos) en el papel de la esposa del protagonista, y de la banda sonora de Alexandre Desplat, utilizada para jugar al melodrama según conveniencia y que resulta absolutamente efectiva (como suele ser habitual con este compositor).

Javier J. Valencia

 

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