Nymph()maniac Vol. I & II (Lars von Trier, 2013)

Hay un momento en Nymph()maniac en que Von Trier nos enseña las cartas. Joe acaba de relatar una experiencia sadomasoquista a Seligman y éste, como ha hecho a lo largo de toda la película, introduce una digresión culta sobre lo narrado. En este caso se pregunta qué clase de nudos se habían empleado y cuenta la extraña historia de un alpinista que en un momento de desesperación inventó un tipo de nudo que le salvó la vida. Joe lo mira y dice algo como “de todas las acotaciones que me has hecho hoy, ésta sin duda es la más floja”. Desde ese momento el espectador lo tiene que tener claro: Nymph()maniac es una comedia.

Todo el film juguetea con el espectador y de ahí surge una especie de espíritu festivo que, ante lo crudo de mucho de lo narrado, nos descoloca e incomoda. Así oscilamos entre la risa y el espanto, al son que marca el director danés.

La historia de Joe, su relación con el sexo a lo largo de su vida, es tan importante como la manera en que Joe la cuenta, en esa habitación deprimente ante un oyente pedante y artificial (la idea que Von Trier tiene de nosotros, sus espectadores). Sí, Nymph()maniac es una comedia, pero no nos reímos con ella (o no mucho), es ella la que se ríe de nosotros. Y en este giro fundamental descansa la genialidad de la película.

No todo en ella es así. Así por ejemplo, muchos de los pasajes en los que aparece el padre (sus disertaciones sobre los árboles o ese brutal capítulo titulado “Delirium”) están rodados con una seriedad y una pericia técnica que nos descoloca más todavía. No sabemos si el director sigue jugando con nosotros o acaso nos está contando “algo”, si realmente le ha preocupado algo más que el hermoso sonido de su voz.

Y sin embargo, todo es juego. Porque para el danés el cine es una conversación brillante entre la película y su público. Entre él (la voz narradora) y Seligman (nosotros). Por eso quizás el antecedente más evidente que podemos encontrar sea Cinco condiciones, convirtiéndose esta Nymph()maniac en la plasmación práctica de muchas de las teorías fílmicas planteadas allí.

En alguna de las críticas que se han podido leer por ahí se habla de que más que una película sobre el sexo, se trata de una sobre el amor. Eso es verdad sólo en parte. Si algo es Nymph()maniac es una declaración de amor que Von Trier se dedica a sí mismo, a su maestría como narrador. Un homenaje brillante en muchos de sus tramos.

Es imposible no sonreír, por ejemplo, cuando Silegman comenta que es “antisionista” (que no es lo mismo que “antisemita”) e imaginar a Von Trier guiñándonos un ojo con una media sonrisa en la boca.

A falta de ver el montaje completo (habrá que esperar al DVD), el sexo aquí, aunque explícito, rara vez pasa a un primer plano. Queda enmascarado por otros temas, otras dudas, otros sentimientos. El director juega otra vez con nosotros, en este caso con nuestras expectativas.

Nymph()maniac es una gran película. Juguetona y desconcertante. También artificial. Pero eso se le puede perdonar por la valentía que muestra a veces. Ahí está ese final, donde tras ese discurso falsamente ultrafeminista todo termina con un chiste. Porque a pesar de ser cultos y refinados, nosotros, sus espectadores, no somos más que unos pobres tipos que queremos follarnos a Joe.

Daniel Lasmarías

También en EPB: Melancolía (Lars von Trier, 2011)

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