Logan (James Mangold, 2017)

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No se como lo ha hecho la gente de Fox, pero en diecisiete años su continuidad mutante rivaliza en confusión con la de su homónima de papel y grapa; entre los desastres provocados por Brett Ratner, el relanzamiento con nuevos actores y el regreso de Singer imponiendo sus ideas, la franquicia de la X está un poco hecha unos zorros. Y ojo, que yo soy de los que disfrutó -moderadamente- de X-Men: Apocalipsis (2016) pese a la alta cantidad de divismo anti maquillaje de Jennifer Lawrence, pero creo que un pequeño descanso le iría bien al producto. Tampoco no soy un ingenuo; Fox no va a soltar la gallina de los huevos mutantes por nada en el mundo y si para ello tiene que inundar el cine y la televisión con tropecientas secuelas, lo harán sin pestañear.

Tras toda la brasa que os he soltado os pensaréis que Logan no me ha gustado; nada más lejos de la realidad. Fox ha tardado siete años en cogerle el puntillo a las películas de Lobezno y por fin ha hecho una decente y emocionante. Digo yo que tal vez hubiera sido buena idea desde el principio lo de poner la calificación R a unas películas protagonizadas por un señor rudo con garras metálicas que son capaces de despedazar al personal, pero está claro que el mercado mandaba y había que meter la mayor gente posible en una sala.

Usando como una muy ligera base los cómics de El viejo Logan, la película nos lleva a un violento 2029 en donde nuestro protagonista malvive como chófer de limusina para costear la medicación de un Charles Xavier de noventa años al que tiene oculto tras la frontera con México. Su factor de curación ha visto días mejores y eso le ha llevado a envejecer prematuramente. Xavier lo tiene aún peor; imaginad que puede suponer una enfermedad degenerativa para la mente más poderosa del planeta. En medio de este panorama aparece Gabriela, una mujer que pide a Logan que proteja a una niña mutante, Laura, hasta la frontera con Canadá. Allí esperan encontrar un lugar llamado Edén, en donde se rumorea que se refugian otros mutantes, que en esa época están ya en peligro de extinción. Perseguidos por el ejército de soldados cyborg capitaneado por Donald Pierce, Logan tendrá que cargar con una niña de una mala hostia y poderes muy similares a los suyos y con un Xavier cada vez más jodido en el que puede ser su último viaje.

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Hay que decir que aquí James Mangold y su equipo se han comportado con el personaje; ya os podéis olvidar de los absurdos cameos en barrena de X-Men orígenes: Lobezno (2009) y de los bostezos salvajes del segundo acto de Lobezno inmortal (2013). Aquí nos encontramos con una road movie seca y sin muchas concesiones al humor y con un Hugh Jackman que parece canalizar a todos los action heroes crepusculares desde Bronson a Eastwood y que, por fin, está casi completamente solo en esto. De los otros hombres -y mujeres- X poco se sabe y jamás se da una respuesta clara a sus desapariciones. Y yo me pregunto, ¿qué leches importa?, todos sabemos que Logan iba a ver envejecer y morir a muchos por culpa de sus poderes y así ha sido; hay que mirar hacia adelante y cumplir una última misión.

Y lo admito; Lobezno me ha llegado a cansinear cosa mala durante todos estos últimos años, pero Logan me ha llegado a la patata por su sencillez, su escala personal y a la vez épica y por el sentido adiós que se le da a los dos actores principales, que abandonan el barco tras diecisiete años en el que sería un magnífico capítulo final. Si solo esto que he escrito fuera verdad…

Víctor Castillo

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