Jobs (Joshua Michael Stern, 2013)

Olvidaos de Piratas de Silicon Valley (Martin Burke, 1999), en aquella tv movie ya se desentrañó toda la trama de la traición, enemistad, odio y guerra entre Steve Jobs y Bill Gates; así que si pensabais que el nuevo biopic del creador de Apple iba a volver a tocar ese tema, esto no es así para nada. En Jobs la famosa enemistad entre Microsoft y Apple se reduce a una conversación-discusión telefónica de pocos segundos en la que solamente vemos y oímos a Jobs hablando con Gates. Pero nada más. Esto va a decepcionar a más de uno seguramente, así que en este caso será mejor que la veáis sabiendo bien que eso es lo que os espera. Sin embargo, una vez entendemos que esto es así, vemos que seguramente esa es una decisión bastante acertada, pues el objetivo de Jobs es hablar de la compleja personalidad del inventor de Apple, motivo por el cual parece lógico que, muy presente aún Piratas de Silicon Valley en el recuerdo de todos, se deje a un lado toda la polémica con Bill Gates y se quiera mostrar únicamente el recorrido vital de Steve Jobs, explicando el nacimiento de Apple, sus primeros años, el ocaso y el renacimiento final.

La película se estrenó en Estados Unidos hace aproximadamente un mes, no ha sido un fracaso pero tampoco un éxito en taquilla, y la crítica en general no la está dejando muy bien. Dicho esto y una vez vista, hay que aclarar que Jobs no es que no sea una mala película, es que de hecho es una película bastante correcta, tirando incluso a un notable en cuanto a biopic. Con un guión ágil y fresco, Joshua Michael Stern (El libro mágico, El último voto) dirige un film con ritmo ameno que entretiene y que explica toda una serie de estados emocionales de diversos personajes sin caer en ningún momento en el melodrama facilón de tv movie de Antena 3 al mediodía. Estamos ante una película brillante en cuanto a su factura, con una trama poderosa que no titubea o languidece en ningún instante, y con un coro de interpretaciones muy correctas (destacar a Dermot Mulroney, a Josh Gad y a Kutcher de quien hablaré más abajo). Unas interpretaciones que nos trasladan a ese mundo de los años 70 y 80, en el que muchos jóvenes informáticos idealistas se vieron de repente en una esfera nueva empresarial, donde fueron arrastrados por una corriente que les convertía en algo muy distinto a lo que eran en un principio cuando en su garaje inventaban el futuro.

Nunca he sido un fan de los biopics, principalmente porque me narran algo que normalmente ya conozco, así que el interés o la emoción están bastante apagados durante el visionado. Sin embargo en Jobs podemos disfrutar de una película en la que se nos narra una vida que ya conocemos pero que no se nos hace en ningún momento aburrida, tediosa o vacía, sino que nos atrapa (sin tampoco encantarnos hasta lo sublime, claro) y nos lleva a disfrutar de un viaje en el que somos testigos de la invención de los primeros procesadores domésticos o los primeros sistemas operativos. Y todo ello encabezado por un Ashton Kutcher que debo decir sorprende en su papel de Steve Jobs por su contención, equilibrio y más que aceptable interpretación. Preocupado por mostrar la complejidad de su personalidad, pero esforzándose todo el rato por no caer en lo melodramático, Kutcher nos muestra a un Jobs humano, demasiado humano; una persona con muchísimos defectos, con muchísimas grietas afectivas y sociales, que se encuentra a sí mismo peleando con su idealismo, con su egoísmo y con su voluntad de comerse el mundo. Aquí radica para mí uno de los puntos más positivos del film y es que en ningún momento se nos quiere santificar a Steve Jobs, en absoluto. La idea es mostrarnos la vida de un personaje que rebosa genialidad y locura a partes iguales. Una buena persona y al mismo tiempo un absoluto cabrón en toda regla. Nada de hacerlo un santo.

En cuanto a aspectos negativos, Jobs peca de varias cosas, pero principalmente hay que apuntar dos de ellas: por un lado, un tipo de encadenamiento de secuencias adornadas con una banda sonora no muy acertada que acontece en varios momentos del film y que el director utiliza o bien para mostrar procesos largos de tiempo o bien para describir un estado emocional de Steve. Aunque la idea parece buena, lo cierto en que muchos instantes está hecho de forma zafia e ingenua, convirtiendo un film serio en algo demasiado juvenil o adolescente. Por otro lado, la película peca también en algunos instantes de una especie de buenismo que no se quiere mostrar a primeras pero que queda disfrazado tras algunas escenas, y que cuando se nota molesta bastante. Más que nada es cuando ello queda unido al continuo mensaje que emerge del film de lo que debería ser Apple en cuanto a una empresa que debe llevar la tecnología a todo tipo de público, a todas las casas, a todas las familias, queriendo que esa herramienta sea la libertad en tanto que extensión del propio individuo. Eso convierte lo que está siendo un biopic correcto e interesante en lo que parece ser un anuncio comercial muy largo del iPOD.

Xavier Torrents Valdeiglesias

Esta entrada fue publicada en Cine Drama, Cine Histórico y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.