Exodus: Dioses y reyes (Exodus: Gods and Kings, Ridley Scott, 2014)

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Que socorrida es la Biblia, ¿verdad? Es un libro al que siempre se puede volver para actualizar las historias allí presentes, no se le tiene que pagar derechos a nadie y su condición de greatest hits de la antigüedad nos permite escoger entre un montón de temas diferentes. Si a mediados de 2014 Darren Aronofsky se dedicaba a hacer su propia y triposa interpretación del diluvio universal en Noé, Ridley Scott ha contraatacado con otra historia del antiguo testamento, el éxodo de los hebreos y su liberación de la esclavitud por parte de Moisés. La verdad es que es un tema que está más visto que el tebeo, por lo que Scott al menos ha intentado acercarse a la historia de una manera algo diferente. Pero ojo, sin arriesgar, ya que al final, ya sean Los diez mandamientos (Cecil B. Demille, 1956) o El príncipe de Egipto (Brenda Chapman, 1998) la historia que se nos explica es la misma y está facturada para un público mayoritario que no tiene la vista para experimentos ni para mucha incorrección política.

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El Moisés de Ridley Scott (y por extensión el de Christian Bale) es un action hero, con más de general que de profeta y de vengador que de legalista. Tampoco esto es, ojo, un Moisés Begins, porque el tema de su infancia y juventud se lo fuman en un par de diálogos por si las moscas. Exodus nos habla del profeta desde sus últimos momentos como príncipe hasta su huída a través del mar rojo, dejando el tema de los mandamientos como una pinceladita final. Es decir, tenemos su exilio en el desierto tras su bronca con Ramsés II (un muy convincente Joel Edgerton) su “retirada” a una granja junto a su mujer Zipporah (María Valverde, a la que no le iría mal un cursillo más de inglés) y su regreso tras el incidente del arbusto en llamas y sus conversaciones con Dios (representado por un niño marimandón y tocapelotas).

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Dice Ridley Scott que su condición de agnóstico le hace mejor candidato a dirigir una historia bíblica por ver las cosas “desde fuera” y poder juzgar si la historia que va a contar funciona por sí sola. Aún lejos de querer contradecirle, tampoco es para tanto; el Moisés de Scott visita todos los lugares comunes de apariciones del Creador, plagas y milagros varios. Y algunos podrían tener explicaciones pseudo racionales (como bien explica un médico egipcio a Ramsés después de cada plaga, hasta ser ejecutado) pero cuando entramos en el terreno de la última plaga, la muerte de los primogénitos, no hay ya excusa que valga. De hecho, las consecuencias de esta acción son uno de los pocos momentos en los que la película se permite admitir un atisbo de crítica hacia el plan de Dios, que recordemos es el del Antiguo Testamento, no la versión remakeada y llena de amor por el prójimo del nuevo. Tampoco ayuda que Christian Bale haya dicho por ahí que Moisés era un esquizofrénico y un bárbaro y que posiblemente todo su rollo profético era debido a cosas dentro de su cabeza. Claro que a estas alturas del partido, todo lo que diga Bale en la prensa se debe agarrar con pinzas, ya que la suya (a pesar de ser un grandísimo actor) parece que hace tiempo que se le ha ido.

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Es por tanto Exodus: Dioses y reyes un Gladiator meets los Diez mandamientos? Pues casi que sí. Vais a encontrar acción de péplum épica pero bastante contenida (nada de tics a lo 300) y con poca hemoglobina, interpretaciones buenas y/o correctas (con un sorprendente John Turturro al que me costó reconocer) un gran espectáculo visual al que Scott nos tiene acostumbrados pero también un guión normalito, funcional y con cero desarrollo de personajes más allá del juego de odios, venganzas y discursitos épicos. Tampoco es que yo me esperara un Moisés introspectivo y taciturno con monólogos interiores a tope, pero un poco más de sustancia hubiera estado bien. Si os gustó Gladiator esta os va a encantar. Y no va exenta de polémica, ya que lo de que todos los protagonistas sean blancos está levantando quejas en los EUA, que como siempre confunden diversidad con cuotas de corrección política plasta y ejemplarizante. Aquí creo que nos va a importar un pimiento más allá del bombo de la coproducción y los esperables informativos que quieran convertir a la Valverde en la nueva . Es más, seguro que dentro de unas décadas esta cinta se va a convertir en carne de redifusión televisiva en semana santa y nos quedaremos tan a gustito fritos en el sofá visionándola. Al menos, yo no concibo el péplum bíblico de otra manera.

Victor Castillo

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