Dheepan (Jacques Audiard, 2015)

dheepan01En el caos tras la guerra de un campo de refugiados de Sri Lanka, Yalini (Kalieaswari Srinivasan) busca desesperadamente a una niña cualquiera de una edad concreta. La encuentra en la huérfana Ilayaal (Claudine Vinasithamby). Después se reúne con Dheepan (Jesuthasan Antonythasan), un soldado que ha estado luchando por la independencia tamil y que ha perdido a toda su familia. Usando nuevas identidades y fingiendo ser una unidad familiar para evitar la deportación, logran ser enviados a París y, tras un tiempo viviendo en hogares de acogida, finalmente a él le dan empleo como encargado de mantenimiento en un destartalado bloque de edificios en los suburbios de París. Pero su bloque está enfrente de otro donde los traficantes de droga hacen su negocio. Un nuevo tipo de conflicto armado ira enraizando y creciendo lentamente en el ambiente, poniendo en peligro la nueva vida de la ficticia familia.

La familia y la guerra. Y el verdadero significado de ambas. Los dos temas sobrevuelan de manera discordante en la última película del laureado Jacques Audiard, uno de los más prestigiosos e interesantes directores franceses de las últimas tres décadas -suyas son inteligentes cintas de cine negro hiper-dramatizadas como Lee mis labios o De latir, mi corazón se ha parado, además de la imponente Un profeta, para el que suscribe la mejor película del año 2009- y que no se ponía detrás de las cámaras desde De óxido y hueso en el año 2012. Y ambos temas se encaran del revés, como si las perspectivas se nos dieran desde el interior de un espejo. De fuera hacia adentro. La familia protagonista no existe. La guerra ha terminado. Pero el sendero del guerrero que se creía en paz le obligará a dar varios pasos del revés al ver una fractura en la Tierra Prometida, que se resquebrajará lentamente. Y el nexo de unión entre los tres personajes se irá formando accidentadamente, a base de histeria, impaciencia y también deseo, apenas por amor, sinceridad y comprensión.

dheepan02Pero el mayor defecto de la película es precisamente la división de ambos temas. La historia centrada en la familia se acerca, por momentos, al cine político y social. Parece elaborarse un drama que sólo va a hablar del proceso de adaptación de unos extraños en una zona muy peligrosa de un país en paz, pero –como todos- con zonas en perpetuo estado de contienda. El thriller ocupa el lugar como género predominante en el último tercio de la película, cuando Dheepan se haga fuerte en otro tipo de selva, pero que de todos modos conoce muy bien. El cambio de ambos géneros es demasiado áspero, demasiado brusco, e incluso llega a incluir algún momento excesivamente redundante (la aparición del viejo general intentando convencerlo violentamente de que le ayude a proseguir desde Francia apoyando a la rebelión Tamir huele a escena añadida en algún proceso de reescritura, como si urgiera la necesidad de recalcar el conflicto del personaje principal, que ansía la paz pero siempre tendrá la guerra en la cabeza). El encaje de la obra es desigual. Como si narrara dos buenas películas distintas, pero que en forma única queda un tanto deslavazada. No termina de cerrar satisfactoriamente la primera, y el cambio del protagonista resulta un tanto desagradable por su rapidez. El epílogo desconcierta.

dheepan03Pero la obra se sustenta bien: por un lado porque Audiard es un magnífico director, que sujeta los dos primeros tercios de la obra como si fuera un caballo salvaje al que deja desbocarse en la tercera, y ahí dota de brío y nervio su discurso, cuando la violencia se apodere de la pantalla. Pero lo mejor de la película son sus tres intérpretes principales, actores noveles que, o bien han nacido para esto, o convierten a Audiard en el mejor director de actores sobre la faz de la Tierra. En especial Antonythasan, que, según desveló en la pasada Seminci, 20 años atrás había abandonado realmente la guerrilla Tamil y había emigrado a Francia, igual que su personaje en el film. Con todas las aristas que tiene el guión su personaje es un ser vivo que respira en perpetuo conflicto y el actor transmite todas sus sensaciones (en especial la angustia), aunque el extraño ritmo del filme en ocasiones lo haga parecer como un loco y un sensato de una escena a otra. Tal vez premeditadamente, si nos atenemos a la escena que abre y cierra la obra, protagonizada por un majestuoso elefante libre, el animal salvaje que ha sido y volverá a ser.

Dheepan ha sido una de las Palmas de Oro de Cannes más polémicas de los últimos tiempos. Nadie la daba como favorita clara y su premio generó bastante controversia. Pero esconde quizá un perverso sentido si nos atenemos a que se trata de una película deliberadamente controvertida. Ignoro si merece Palma de Oro: atención sí, desde luego. Y que el público sea su jurado.

Javier J. Valencia

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