Descubriendo Nunca Jamás (Finding Neverland, Marc Forster, 2004)

Estamos ante una comedia edulcorada, pero no nos dejemos engañar. El tono de comedia entrañable es sólo el envoltorio. Un envoltorio que esconde un drama familiar que puede arrancarnos alguna lágrima que otra… Y es que esta artimaña narrativa es ya más vieja que el mundo. Se trata de hacer que el espectador coja el máximo cariño a los personajes, y luego… ¡zas! Tragedia. Pero, a pesar de todo, en esta ocasión está efectuado con mucha sobriedad porque el director consigue atrapar al espectador en un punto en el que, con un par de trucos más, podría exprimir sus lacrimales. El caso es que sabe pasar de puntillas por la tragedia e incluso dar un mensaje esperanzador y positivo. Y eso es la película en sí misma, un mensaje esperanzador y positivo.

A mí, desde luego, me parece un film hermoso en el que hay que reparar en los detalles, en las relaciones de los personajes entre sí, en especial la relación de amistad y amor soterrado que viven Johnny Depp (James Barry) y Kate Winslet (Sylvia Davies), una relación dibujada con miradas, con sonrisas, con pequeñas muecas. Pero las cosas no son tan fáciles. El personaje de Depp está casado, infelizmente casado, cosa que refuerza el deseo de verlo junto a Kate Winslet. Este triángulo sentimental es el único toque de cotidianidad y realismo que hay en la película, y que probablemente esté destinado a hacer empatizar al público de mayor edad. El resto es para niños y para los que no queremos crecer nunca. Una oda a la imaginación como ya lo fue la maravillosa Big Fish (Big Fish, 2003), de Tim Burton.

Finding Neverland supone un mensaje de fe para los niños, una fe alternativa a la de la religión. ¿O acaso no es Nunca Jamás el Paraíso? Lo bonito de todo esto es que ese paraíso es nuestro paraíso particular. Y esa sana dosis de esperanza es la que intenta transmitir James Barrie al niño prodigio de la película, el más pequeño de los hijos de Sylvia, que está a punto de perder la ilusión al descubrir lo injusta que puede ser la vida. Tanto el mensaje, como el halo de fantasía que lo rodea me parecen totalmente lícitos para contagiar ese espíritu optimista a los niños, y por qué no, a los no tan niños.

Para que todo esto funcionase hacían falta unas buenas interpretaciones y esta película las tiene. Johnny Depp, tan cómodo en la piel de personajes excéntricos como Eduardo Manostijeras, Ichabod Crane, Ed Wood, etc. no podía desentonar en absoluto interpretando a este libremente adaptado James Barrie. Kate Winslet, una todo terreno, interpreta a la perfección a esta maltrecha madre de familia, y la sorpresa: Freddie Highmore, el jovencísimo hijo menor de Kate Winslet, que hace un papel con un peso dramático que no aguantarían muchos actores adultos. Y por último una también estupenda Radha Mitchel, la correcta Julie Christie, y el siempre en su sitio Dustin Hoffman, que en esta ocasión pasa casi desapercibido. También es de agradecer el tratamiento artesano que se le ha dado al apartado de efectos especiales. Un tono de fábula que potencia ese aire imaginativo teatral. En fin, una golosina con un regustillo amargo.

Anécdotas:

* Nominada a 7 Oscars de Hollywood, únicamente se llevó un galardón por la banda sonora original de Jan A.P. Kaczamarek * Aunque la película sitúa el encuentro entre J.M. Barrie y Sylvia posterior a la muerte de Arthur Lewellyn Davies, lo cierto es que ambos se conocieron cuando aún estaba vivo, acudiendo éste incluso al estreno teatral de Peter Pan.* Hubo en realidad cinco hijos de Lewellyn, aunque el que sirviera de inspiración para Michael Nicholas Darling fue dejado de lado, en parte debido a que a muchos ni siquiera llamaba la atención en la obra. Su hija, Laura Duguid, fue invitada a participar como actriz en el rodaje en un breve cameo, e incluso se hizo con el anillo real de compromiso que Barrie quiso entregar a Sylvia, pero que jamás tuvo lugar debido al fallecimiento de ella.

Óscar Sueiro

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