Crónica DocsBarcelona 2018

Lo han vuelto a hacer, un año más, lo han vuelto a hacer. Docs mantiene intacto ese sello de calidad en su selección de películas y sube en número de espectadores. Desde luego, para mí ya hace años que es una cita ineludible, una semana que me conecta con el mundo y me hace ver otras realidades a través de miradas diversas, arriesgadas y comprometidas. En algunos casos, de valor incalculable.

Y ya que hablo de valor incalculable, empecemos por la película a la que me refiero; Shootball, de Fèlix Colomer, un documental tan estimulante como indignante. Estimulante por su profundidad y sus testimonios únicos, e indignante por la injusticia que retrata: los abusos sexuales a menores del caso Maristas.

El film contiene un alto grado de intervencionismo de su autor – a lo Michael Moore-, y no puede ser de otra forma, pues la mayoría de personajes entrevistados necesitan de réplicas, interpelaciones y contra-preguntas constantes para que no se salgan con la suya. A este respecto, el director demuestra inteligencia, rapidez y preparación –estaremos todos de acuerdo en que una entrevista bien preparada es aquella en la que el entrevistador va bien documentado y se anticipa a las posibles respuestas evasivas que le dará el entrevistado, además de no dejar nada en el tintero-. De este film solamente me molestan un par de intervenciones en las que el autor para la narración para plantear en off unas dudas morales que creo que le pertenecen al espectador. Al menos a mí me lo pareció. De todas formas, no están para nada fuera de lugar, son muy apropiadas. Es solo que ya me las había hecho y respondido yo mismo. Y a la pregunta clave de “¿debería ponerle un micro y darle la oportunidad de disculparse a este abusador confeso?”, la respuesta es un sí como un templo de grande. En primer lugar, porque esa es la fortaleza y valorar añadido más destacado del documental, como lo es en El asesino de Pedralbes (Gonzalo Herralde, 1979) o en Capturing the Friedmans (Andrew Jarecki, 2003), ambas excepcionales y parientes directas de Shootball -y a las que no tiene mucho que envidiar-. Y, en segundo lugar, porque lo dota de un punto de vista nuevo y una profundidad mucho mayor de lo que hubiera sido un simple reportaje televisivo únicamente culpabilizador.

Esta pequeña fijación por el grado de intervencionismo y sus vertientes me viene porque mi gran amigo, el Dr. Ricard Mamblona, escribió una tesis sobre ello mientras aprendíamos juntos la riqueza y matices de este inabarcable género. Pongo link a la tesis para que la lean todos aquellos apasionados del Documental en todo su esplendor.

Es un pero minúsculo y personal que le pongo a una película absolutamente necesaria e imprescindible que recomendaré hasta la saciedad. Solo queda agradecer su generosidad a los testimonios que fueron víctimas de abusos y a Fèlix Colomer por sacarlo a la palestra e intentar hacer el mundo un poco más justo. Para eso también hay que diferenciar pedófilos de pederastas como hace Among Us, de Guido Hendriks, otra película valiente que reseñé durante el Festival Punto de Vista.

Ahora seguimos en nuestra geografía con Experimento Stuka, de Pepe Andreu y Rafa Molés, que se inician en el documental histórico –con mucha experiencia previa en el medio, eso sí- y lo hacen por todo lo alto. Documentación rigurosa y muy buen gusto es lo que definiría mejor esta película. Para los que no se acerquen por miedo al aburrimiento, les diré que el histórico tampoco es mi sub-género favorito, pero que además de que debe existir y perpetuar esa memoria, si se hace así de bien y con esa cinematografía, entra de forma muy agradable. Os dejo un apunte de la sinopsis para picaros la curiosidad: “En plena Guerra Civil, cuatro pueblos de Castellón despertaron bombardeados y 38 vecinos perdieron la vida. 80 años después, el hallazgo de unos archivos militares secretos revelan que el ataque formaba parte de un experimento de guerra”.

L’Alguer, un pentagrama com un carrer, de Roger Cassany, es un documental musical. Sí, el tema es serio, la extinción de una lengua en un territorio siempre lo es, pero ¿por qué no contarlo cantando? En L’Alguer, una población de la isla de Cerdeña en la que todavía se habla catalán pero cada vez menos, levantan una iniciativa para que el idioma llegue a los niños a través de la música, y en torno a eso y las reflexiones sobre el patrimonio cultural que es la canción típica algueresa, construye un discurso ligero pero reivindicativo de defensa de esa riqueza. Ameno, se sumerge entre el pueblo y nos hace cantar y bailar. ¡Larga vida a la cançó alguerenca! ¡Ah! Impresionante la interpretación de Meritxell Gené al final.

Y ahora, de la mano de Jordi Rovira y Xavier Baig, la película sobre la vida de uno de mis ídolos del humor: Eugenio. Un documental convencional pero hecho con mucho oficio y buen manejo de una gran cantidad de material de archivo, nos muestra con nostalgia pero sin secretos, todo lo que fue Eugenio, hacia fuera y hacia dentro. Ya sabemos que no es oro todo lo que reluce y que los personajes famosos tienen sus luces y sus sombras, pero, al menos yo, no sabía de la depresión que pasó, de su interés por lo trascendental en los últimos años de su vida, o de su relación con la familia. Cuando admiras a alguien quieres saber todo lo que puedas sobre él, y en este sentido, el film cumple debidamente. Un retrato muy completo.

Otra proyección a la que asistí, pero muy diferente, fue la de En la brecha, de Claudia Reig, cuya propuesta era interactiva, se explora a través de esta web y propone una serie de personajes femeninos que sufren de alguna forma más acusada el machismo cotidiano, los micro-machismos. –Curioso eufemismo, pero ya nos va bien a los hombres empezar por ahí y luego darnos cuenta de que todo es machismo y punto-.

Todas estas mujeres están bien escogidas porque en sus trabajos se acentúa más el prejuicio de la sociedad: una estibadora, una cirujana, una CEO de videojuegos, una chef, una mecánica de automovilismo, una entrenadora de fútbol y una técnica de sonido. Profesiones generalmente desempeñadas por hombres.

Merece mucho la pena navegar por la web y conocerlas, a todas, y aprender, porque siempre se aprende algo por muy igualitario/a que te creas. Y ayudad a difundir este proyecto – por desgracia todavía necesario-.

En Of Fathers and Sons, de Talal Derki, viajamos al norte de Siria y nos introducimos –infiltramos- en una familia jihadista formada por un padre y tres hijos. Las mujeres no pintan nada allí, claro, y pobre de ellas si se dejan ver demasiado, pero ese no es el tema. Lo documentable en este caso es el entorno bélico en el que crecen esos niños desde el minuto uno, de cómo su banda sonora diaria está compuesta por el sonido de los bombardeos y los disparos, y por ello, de cómo sus juegos infantiles son casi siempre juegos de guerra. Además, a muy temprana edad ya comienza el entrenamiento para las milicias de la Jihad.

Tremenda película que, sin ser para nada explícita ni sensacionalista, te sitúa en esa locura que allí tienen tan asumida. No porque sus reclamas no tengan derecho a ser escuchadas, sino por el sinsentido de la eterna lucha armada.

Talal Derki, su autor, ha estado dos años jugándose la vida para conseguir esta mirada privilegiada. Qué menos que devolverle el favor viéndola y apreciándola.

Toca sumergirse con Dolphin Man, de Lefteris Charitos, que entre archivo y ficción reconstruye la vida de Jaques Mayol, la primera persona capaz de sumergirse a 100 metros de profundidad marítima a pleno pulmón. Pero más allá de esta impresionante hazaña, tuvo una vida de lo más interesante y aventurera.

Su pasión por el yoga y la meditación para conseguir la calma absoluta en sus inmersiones le dan el punto místico, y, por otro lado, su vertiente más granuja aportan el contrapunto socarrón. Pero al final, como todas las grandes historias, también hay un drama. Un loable trabajo de dirección para un film notable.

Silvana, de las jóvenes realizadoras Mika Gustafson, Olivia Kastebring y Christina Tsiobanelis, tiene toda esa fuerza arrolladora de la juventud que quiere cambiar las cosas, pero de algún modo, también tiene esa ingenuidad, tanto en su protagonista como en directoras, que hace que termine siendo una pieza un tanto superficial en contenido y forma.

Silvana es una rapera feminista y antirracista, cosa que compartimos. Incluso el amor por la música, pero en ese viaje que nos proponen las directoras no hay enjundia suficiente como para atrapar. Es interesante pero el discurso no es profundo, aunque adquiere cierto valor cuando ella sufre ansiedad y el tono festivo deja paso a reflexiones algo más relevantes. Un bien para estas realizadoras estetas.

Volvemos a la península con Hasta mañana, si Dios quiere, de Ainara Vera, un entrañable mediometraje que pone su ojo observador en un convento de Pamplona habitado por unas simpáticas ancianas, monjas franciscanas.

Una introducción musical ya deja ver el tono desenfadado que tendrá el film. Luego lo retoma hacia la mitad y al final para dar un toque de ritmo, pues esta película no puede ser de otra forma que no sea pausada. Se ve constantemente con una sonrisa en la boca, pero le reprocharía que saca poco partido a algunos de sus personajes, pues quizás por esa intención observadora pero no interventora, prefiere no influir en lo que ocurre delante de la cámara. Una opción respetable pero que deja escapar la oportunidad de preguntarles mil cosas a estas estupendas hermanas totalmente entregadas al show. Muy recomendable pero anecdótico al fin y al cabo.

En Over the Limit, de Marta Prus, seguimos el entrenamiento diario de nuestra protagonista, una joven atleta de élite rusa que opta a la medalla de oro en los juegos olímpicos. El valor documental en este caso es poder ver la relación que se establece con las entrenadoras y la presión a la que estas someten a la adolescente. En muchos casos diríamos que son crueles, aunque la entrenadora más cerca también da cariño y se nota que la aprecia, pero está en juego el prestigio de Rusia, siempre bien situada en gimnasia rítmica y acrobática. Menos mal que a la niña parece que le dé igual lo que le digan estas señoras, especialmente la seleccionadora nacional, un tanto bruja. Pero, al fin y al cabo, sus métodos parece que funcionan.

Un film muy bien rodado y un seguimiento muy cercano aunque un tanto frío por el propio carácter de la protagonista.

Necesito otra dosis de música y para finalizar este festival voy a ver Yo no me llamo Rubén Blades, de Abner Benaim. Con él, descubro que además de ser un famoso cantante de salsa que empezó a imprimir contenido social a sus letras, se doctoró en derecho por Harvard, fue ministro de turismo y candidato a la presidencia de su país. Panameño de corazón, pero residente en Nueva York, también es actor y ha compartido plano con Christopher Walken y unas treinta películas con otras celebridades. Un pequeño rebelde que quería dejar este documental como legado y no dejar lugar a especulaciones de quién fue en realidad. Un personaje lúcido y digno de conocer.

En fin, vi todo lo que pude pero no todo lo que quise, y casualmente, aunque muy contento con la mayoría de mis elecciones, no vi ni una del palmarés, con el que os dejo hasta el año que viene.

Palmarés DocsBarcelona 2018

Premio DocsBarcelona TV3 al Mejor Documental: The Distant Barking of Dogs
Mención Especial del Jurado: Miss Kiet’s Children
Premio Nuevo Talento: El espanto
Premio Latitud: Robar a Rodin
Premio What The Doc!: The Prince and the Dybbuk
Premio Amnistia Internacional Catalunya al DocsBarcelona: The Congo Tribunal
Premio del Público: Petitet
Premio DOC-U: Nobody is Perfect
Premio Docs&Teens: El viatge de l’Unai
Premio DocsBarcelona del Mes: Angry Inuk

Oscar Sueiro

Esta entrada fue publicada en Cine Documental, Cine Drama, Cine Histórico y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.