Clan salvaje (Mange tes morts, Jean-Charles Hue, 2014)

mange-tes-morts¿El ladrón nace o se hace? ¿Son las circunstancias y el entorno lo único que determina tu conducta? ¿Podemos escoger el buen camino? Quizás en el hábitat gitano que nos presenta el film no es tan sencillo, y es precisamente eso lo que el realizador francés pone sobre la mesa. Jason, un chico de 18 años a punto de recibir el bautismo católico, es el eje central, y los tres personajes que le acompañan; Fred, su hermano mayor recién salido de presidio después de 15 años, Michael, su hermano mediano, fuerte e impulsivo, y su primo, practicante católico, protector y con mejor fondo, condicionan su comportamiento en el que parece ser el momento de su vida en el que tendrá que escoger entre el bien y el mal.

Jason idolatra a su hermano Fred, que cuidaba de él cuando era un niño. Lo encarcelaron por robar un camión lleno de comida, y quince años después vuelve al poblado nómada sin atisbo de arrepentimiento ni reinserción. Su plan es robar un cargamento de cobre, y aunque su idea era ir solamente con Michael, finalmente también lo acompañan Jason y el preventivo  primo

Jason, emprende junto a esta dispar compañía, una suerte de viaje iniciático en el delinquir gitano, en el modus vivendi de los que en su día escogieron el mal camino, concretamente Fred, muy rencoroso con la ley y la autoridad, iracundo e imprevisible, incluso algo asalvajado –gran interpretación de Fréderérik Dorkel.-

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Como era de esperar, la aventura deviene en una desventura llena de incidentes desafortunados –son realmente ladrones de poca monta, muy patéticos-  durante la que se van describiendo los personajes, sus aspiraciones, sus frustraciones, y en la que Jason bascula entre el bien y el mal. Por un lado nos hace tomar conciencia de la dificultad que tiene salir de esa vida, y por otro, a través del primo o de la mirada todavía inocente de Jason, vemos que sí hay elección. Quizás para Fred es demasiado tarde, pero no para nuestro protagonista, que es por quien sufrimos todo el tiempo. Pero incluso Fred, permanentemente cabreado, tiene algunos momentos de lucidez, de esa sabiduría que te da la calle. Él mismo dice “todo ladrón, tarde o temprano tiene que pagar”, mostrando así plena conciencia de su condición y su inevitable destino, consiguiendo con ello, y por primera vez en todo el metraje, algo de empatía por parte del espectador.

A pesar de todo, después de la pequeña odisea y su final, no siento haber recibido una clase de moralina encubierta, porque aunque algo de eso hay, está muy a la vista, y al fin y al cabo, los malos tampoco son tan malos. Son gente de pocos recursos, torpes y  desafortunados.

La primera mitad del metraje tiene un aire más naturalista, cercano al cine documental, con una puesta en escena libre de artificios, y el desenlace estaría más próximo al cine de acción callejera; no me sorprendería para nada que el director hubiera tomado buena nota de nuestro querido cine kinki, con Eloy de la Iglesia como punta visible.

Clan Salvaje tiene una historia que contar, un fondo, un mensaje esperanzador para unos y fatídico para otros, unos personajes bien definidos, y una aproximación bastante rigurosa al sector más pobre del mundo gitano. Un trabajo serio y bien intencionado al que no le falta ritmo, toques de humor, y un poco de poso que invita  a la reflexión.

Oscar Sueiro

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