Circuito cerrado (Uklad zamkniety, Ryszard Bugajski, 2013)

uklad01A principios del siglo XXI un escándalo sacudió a la sociedad polaca: Los tres emprendedores empresarios que fundaron la empresa de desarrollo tecnológico Navar y la convirtieron en un éxito se vieron encarcelados por falsas acusaciones de corrupción y blanqueo de capital; en realidad fueron la diana de una ambiciosa trama fabricada por políticos codiciosos y fiscales corruptos que manipularon la ley a su antojo para hacerse con la mayor parte de las acciones de la empresa.

Al director Ryszard Bugajski nunca le ha temblado el pulso a la hora de manifestar las injusticias de su Polonia natal: El interrogatorio (1989), su película más célebre, estuvo prohibida en su país durante siete años debido a su fuerte carácter de denuncia contra el gobierno. Y en este caso mantiene un discurso bastante claro y directo a la hora de mostrar a los personajes que son los encargados de meter en la cárcel a los tres inocentes, en especial al personaje principal de la trama, el fiscal jefe Kostrzewa (encarnado por el magnífico Janusz Gajos), el cual ya nos es presentado sin florituras como un depredador mezquino y rencoroso (empezando por el hecho de comer carne únicamente de animales a los que caza personalmente). No solo la avaricia le mueve para tratar de hacerse con la empresa Navar, si no un odio personal hacia la familia de uno de los tres implicados, el joven Piotr Maj (Robert Olech), al cual le cayó la peor parte durante los meses que estuvo en presidio, incluyendo tortura y violación. Kostrzewa hizo de la legislación polaca su propio terreno de juego, y en la estructura piramidal que tenía montada para sus “fieles” él estaba en lo más alto.

uklad02Lo realmente inquietante de Circuito cerrado es su vigencia. No se siente la sensación de estar viendo la descripción de un suceso acaecido hace tres lustros, si no de estar sucediendo ahora mismo. No transmite la sensación de que lo ocurrido en Polonia sea algo determinado de este país, sino que podría estar sucediendo en el nuestro.

Si bien la película funciona muy bien, con una narración concisa pero carente de algarabías, sus dos primeros actos (el primero con la caída en desgracia de los tres empresarios, el segundo con su proceso y con la motivación del personaje de Kostrzewa) tienen mayor fuerza y son más contundentes que el tercero: en otras palabras, en la película funciona bastante mejor contemplar como se complica la madeja que verla desenredarse, ya que a partir de la aparición del periodista Robert (Krzysztof Ogloza), el necesario personaje íntegro para poner algo de luz en el oscuro suceso, la película comienza a acelerarse para ir finalizando las diferentes tramas, quedando en el aire varios interrogantes y dando una visión excesivamente general del asunto.

uklad03Con todo, Circuito cerrado es una buena película, de aquellas que jamás deberían dejar de hacerse, aunque el espectador más susceptible saldrá con ganas de dejarse los nudillos en las paredes de la rabia que generan episodios tan injustos y crueles generados por personas que deberían proteger y cuidar a los ciudadanos de su país, y que en cambio actúan como delincuentes rastreros de la más baja estofa. Y la mayor virtud del filme de Bugajski es mostrar a un corrupto envilecido al que la codicia le ha podrido todos los huesos de su ser (siendo despreciado hasta por su propia hija) y que en ciertos círculos de hienas con pretensión de lobos es tratado como el ejemplo a seguir.

Javier J. Valencia

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