Empatía (Ed Antoja, 2017)

th_1cce678baa2865fe866ba90e481edd63_EMPATIA-FOTO-e1490976248671Bajo el amparo de FAADA y unos cuantos mecenas de crowdfounfing, nace Empatía, un documental de encargo sobre el uso que hacemos de los animales y todo lo que conlleva. El encargo lo recibe Ed Antonja (también productor y guionista), y precisamente porque eso de “encargo” suena muy impersonal, el autor decide hacer suya la causa, y cómo no, empatizar. De modo que además de la información, tenemos el viaje del personaje, con lo que se humaniza el contenido y el espectador puede identificarse.

Es una apuesta inteligente a nivel cinematográfico pero también honesta, pues el director evoluciona coherentemente con el discurso de su documental. Pero eso también implica un riesgo, y es que si Ed no cae en gracia o no conectas con él, no entrarás tanto en el juego. Afortunadamente, el simpático autor erigido en protagonista no tiene los aires de grandeza ni afán de trascendencia que tiene por ejemplo, Michael Moore (Bowling for Columbine, Farenheit 9/11, Sicko…), hablando de documentales con gran intervencionismo del director.

Empatía mantiene siempre un tono humilde y transparente, muy bien intencionado. Ed, al inicio del proyecto, sabe más o menos lo mismo que el espectador medio y afronta su desconocimiento con humor. Y aquí, en este párrafo, está la clave de la gran valía de esta película; no porque esté muy bien documentada, o porque intente contrastar siempre la información, o porque sea elegante al ilustrar la crueldad, -y todo esto también son virtudes-. Es porque el diálogo que establece con el público es respetuoso.

Yo soy afín al veganismo aunque no cumplo a raja tabla, -no soy flexitariano, ese término es un eufemismo para hacer lo que te apetezca en cada momento y no sentirte culpable. Cuando hago alguna cruel excepción, soy muy consciente de todo lo que implica-, y en todo ese proceso de transformación que viví de forma muy parecida a la del autor/protagonista, descubrí lo tajantes que pueden ser los veganos y que su comunicación tenía que mejorar, tenía que ser más cercana, más comprensiva –aunque en muchos casos la de los “normales” no lo sea. ¿No es paradójico que lo que se haya normalizado sea el maltrato y la muerte y no el respeto?-.

Por poner un célebre ejemplo, unas de las primeras cosas que vi fue la incontestable charla de Gary Yurofsky, y sí, tenía razón, pero su vehemencia me causaba rechazo. De la misma forma que mis amigos desconectan si empiezo con el discursito vegetariano. Y es lógico, porque para empezar, antes yo también comía carne como si no hubiera un mañana, y en segundo lugar, porque nadie quiere que le digan que lo que ha hecho toda su vida está mal. Ed Antoja sabe esto y desarrolla toda su historia de forma ligera, quitando gravedad –aunque gravedad no le falta-, y queriendo mantener la atención del espectador sin espantarlo. Algo así como “-Ey, que yo soy como tú. Vamos a informarnos.” Pues eso, vamos a informarnos.

En la cantidad ingente de información reside su otro gran valor, como ya apuntaba antes: mucha información contrastada, bien sintetizada y representada con grafismos y animaciones de buen gusto –cabe destacar que no recurre a las horribles imágenes que tienen de la ganadería intensiva y otras prácticas atroces, por lo que el film es apto para todos los públicos-. No podría estar más amenizado. Incluso para los que ya habíamos hecho los deberes de antemano –imprescindibles Earthlings, de Shaun Monson, y la prima hermana de Empatía, Cowspiracy, de Kip Andersen y Keegan Kuhn (ambas muy bien valoradas en imdb.com)-, resultó un apasionante repaso por todas las implicaciones del uso que hace el humano de los animales: éticas, medioambientales, de salud, de sostenibilidad…

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Empatía no es un regaño, es una invitación a la reflexión. Recibe con los brazos abiertos a todo aquel que se quiera informar, que quiera aprender, que quiera salir del engaño al que estamos sometidos desde que tenemos uso de razón. Desmonta tópicos uno tras otro. Hablando de tópicos, e intentando ser un poco más crítico, eché en falta que se incidiera en si una persona puede ser vegana de nacimiento y se desmintiera lo de la desnutrición, más allá de los acertados casos adultos del atleta y de uno de los hombres más fuertes del mundo, ambos veganos. Incluso poner declaraciones de algunos médicos para luego desmentirlas, pues los hay que saben bien poco de nutrición y están condicionados por su tradicional punto de vista –sin querer entrar en la fuerte influencia que ejerce la industria farmacéutica-. No todo lo que dicen los médicos es rigurosamente cierto y contraponer unos con otros hubiera sido un sano ejercicio de contraste, pues el montaje final lo hace un Ed ya convertido y coge lo que le interesa de los doctores que le interesan.

También en esta línea más crítica, aunque ya he dicho que me parece bien este tono amable y pedagógico, no sé hasta qué punto, dulcificarlo tanto le resta gravedad y urgencia al asunto. Espero que el espectador se siga informando después de verlo, se conciencie y se comprometa en lo que buenamente pueda. En todo caso, Empatía es una obra necesaria y llega en un buen momento, ya que cada vez más personas se interesan por el veganismo, no solo como alimentación, sino como forma de vida.

Su paso por la gran pantalla será fugaz, eso seguro, pero le auguro mucho éxito en plataformas VOD, y estoy seguro de que se convertirá casi instantáneamente en una película de referencia mundial entrando en la trilogía básica con las antedichas Earthlings y Cowspiracy. Ahora bien, el camino a recorrer es muy largo y gran parte  de la sociedad no está por la labor. Si el documental lo viera mucha gente ajena a esta sensibilidad, por lo menos, se suban al tren o no, tendrían que admitir que hay motivos de sobra y que no es un capricho, que el capricho está en el uso que hacemos de los animales.

Compañeros de planeta, no le deis la espalda a la información. Luego ya tomaréis vuestras propias decisiones, pero esta película es la mejor forma de iniciarse en algo que cambiará el mundo a mejor. El tráiler me parece el aperitivo perfecto

Óscar Sueiro

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