El extraordinario viaje de T.S. Spivet (The Young and Prodigious T.S. Spivet, Jean-Pierre Jeunet, 2013)

Jean-Pierre Jeunet suele tomarse lo hacer películas con calma, ya que el tiempo más corto que ha tenido entre un proyecto y otro ha sido de dos años, los que separan La ciudad de los niños perdidos (1995) y su debut americano,  Alien Resurrección (1997). Y se nota, ya que muchos, entre los que me incluyo, le perdimos de vista tras la algo cansina  Largo domingo de noviazgo (2004) y ya no hablemos de MicMacs (2009) y su fugaz paso por las salas españolas.

El extraordinario viaje de T.S.Spivet llega nuestro país de la mano de a contracorriente films y avalada por el hecho de ser una adaptación de un conocido libro de aventuras estadounidense de 2009,  Las obras escogidas de T.S.Spivet. La verdad es que es difícil pensar en alguien más adecuado para llevar esa novela al cine. Su mezcla de narrativa con  diagramas e ilustraciones de su protagonista le van como anillo al dedo a Jeunet, un tipo curtido en materia de virguerías visuales y deslumbrantes colorines.

T.S. Spivet (Kyle Catlett) es un niño de diez años que vive con sus padres y sus dos hermanos en un rancho de Montana perdido de la mano de Dios. Siendo un genio a muy temprana edad, T.S. está obsesionado con la cartografía y las ciencias e incluso ha publicado algún trabajo en revistas internacionales que no sospechan de su identidad. Su familia es también muy peculiar: su padre (Callum Keith Rennie, un habitual de series como Galactica y Californication) es un rudo cowboy nacido fuera de tiempo mientras que su madre es una  entomóloga neo-hippy (Helena Bonham Carter, ¿quién si no?) que no para de averiar tostadoras. Su hermano mellizo (Jakob Davies) es tan vaquero como su padre pero con pocas luces y su hermana mayor (Niamh Wilson) sueña con ser Miss América pero tiene que conformarse con tener un único teléfono toda la casa. Tras una tragedia familiar, T.S recibe la llamada de la señora Jibsen (Judy Davis), la directora del museo Smithsonian de Washington, comunicándole que se le va a entregar un premio por una de sus invenciones, una rueda magnética que resulta ser la primera máquina de movimiento perpetuo. Como todo el mundo, Jibsen cree que T.S. es un adulto, por lo que el niño se las ingenia para engañarla y tras pensárselo unos días, huye de casa y se oculta como polizón en un tren de carga para viajar hasta la otra punta del país.

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Al enfrentarnos a una película como esta, con un protagonista infantil, siempre nos asaltan las mismas preguntas; ¿lo hará bien el actor?  ¿Será un repelente de cuidado y nos hará odiar el resto de la obra por su culpa? La verdad es que Catlett aborda el papel de manera entrañable; T.S. cae bien pese a ser un cerebrito y en ningún momento bordea en la asquerosidad estilo “sapientín”.  Empatizamos con él durante su camino de descubrimiento, sus dudas y sus temores a medida que viaja y se encuentra con gente peculiar (entre los que hay un vagabundo interpretado por el actor fijo de Jeunet, Dominique Pinon) y queremos que consiga su meta.

El extraordinario viaje de T.S. Spivet es una extraña mezcla de elementos  que sin embargo funcionan muy bien juntos. Pese a ser todo tan yanqui, la película es franco-canadiense y tiene el clásico ritmo de Jeunet, aunque aquí ha pisado un poco el freno tanto en lo referente a la verborrea como en el aspecto visual. Todo es muy colorista y bonito, pero nuestras córneas no corren el peligro de derretirse como en algunos momentos de Amélie (2001) y el montaje no es tan loco como en sus otras obras. Esta relajación general favorece totalmente a un relato sin prisa pero sin pausa, un cuento moderno que tiene influencias tanto de las aventuras clásicas de un Mark Twain como de la dinámica infantil-juvenil de un Genndy Tartakovsky en la serie animada El laboratorio de Dexter. Podríamos decir que el talante canadiense ha suavizado los excesos habituales de Jeunet dejando un combinado similar a echarle licor a un batido de helado; es consistente, dulzón, atonta un poco y deja un magnífico sabor de boca.

Victor Castillo

 

 

 

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