Too Much Johnson – la película perdida de Orson Welles

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El pasado miércoles 11 de febrero se estrenó en Barcelona Too Much Johnson, la película perdida de Orson Welles. Era la cuarta vez que se proyectaba en público en todo el mundo y El pájaro burlón estuvo ahí para contarlo. Encontrada recientemente en unos almacenes de Pordenone (Italia), una ciudad

dónde curiosamente se celebra un festival de cine mudo llamado Le giornate del cinema muto, fue estrenada este verano mismo, durante la 32ª edición de dicho festival. Too Much Johnson es una película estructurada en tres partes  que el director rodó ex profeso para acompañar a los tres actos de una obra de teatro de mismo título que él mismo iba a dirigir. Tras unos pases de prueba en Conetticut se llegó a la conclusión que la obra no estaba suficientemente madura y el propio Welles decidió no estrenarla. Solo tres años después, en 1941, el director pasaría a la historia por su colosal Ciudadano Kane y la película que nos ocupa quedaría definitivamente relegada al olvido.

El propio Orson Welles explicaría en más de una ocasión que los 8 rollos de película que conformaban la proyección –ahora reencontrada– se habían destruido durante un incendio en Madrid, pero parece ser que el siniestro no fue para tanto y en una época en la que el director viajaba frecuentemente por toda Europa cualquier cosa era posible, como bien quedó demostrado con la aparición de los 8 rollos en Italia, más o menos estropeados por el paso de las décadas pero todavía visibles. Tras una minuciosa restauración y con el 96% del metraje recuperado nos llega por fin esta maravilla hasta nuestros ojos.

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Hablo de “maravilla” por toda la leyenda generada a su alrededor y por tratarse de una de las películas perdidas más buscadas por los historiadores del cine de las últimas décadas. Encontrar esta primera película de Welles, anterior a la magna Ciudadano Kane, representa un sueño hecho realidad para un historiador cinéfilo. ¿Pero qué representa para el espectador? Ni más ni menos que una curiosidad cinematográfica. 66 minutos de material en bruto con un joven Joseph Cotten de protagonista. Algunos fragmentos desfilan ante nuestros ojos perfectamente editados mientras otros –la mayoría– son solo pruebas de cámara y tomas repetidas, que quedaron sin seleccionar por el director.

Too Much Johnson es una comedia muda, una farsa repleta de mímica y slapstick y rodada como mero acompañamiento de una obra de teatro. Para la memoria quedan las arriesgadas acrobacias que Cotten y Edgar Barrier ejecutan por algunos tejados de Nueva York sin protección alguna y que nos recuerdan a las películas de Buster Keaton y Harold Lloyd. También memorable es la escena de los sombreros y la machacona repetición de la cual somos testigos. Durante dicha escena, rodada casi en plano zenital por Welles, el actor Edgar Barrier se dedica a quitar el sombrero de forma abrupta a todos los transeúntes anónimos con los que se cruza en su ansia por encontrar a Cotten; provocando el consiguiente enfado de los mismos. Otro momento clave es el que acontece en el mercado de Nueva York. En él también tienen un papel predominante los planos cenitales, sobre las cajas apiladas, que nos recuerdan poderosamente a las escenas finales de Ciudadano Kane. También el último segmento tiene su interés. La acción sucede en Cuba, aunque en realidad se trata de una zona cercana al río Hudson al norte de Nueva York, atrezada con cuatro palmeras que, colocadas estratégicamente, se van repitiendo en todos los planos.

El historiador y crítico de cine Esteve Riambau, director de la Filmoteca de Catalunya, se encargó de presentar y comentar la película, así como de contar la sorprendente historia que la rodea. El pianista Joan Pineda recreó la partitura original (de la cual se conservan solamente 12 minutos) como acompañamiento en directo del filme. En resumen, Too Much Johnson  es una película que hay que contextualizar en su justa medida y afrontarla solamente como curiosidad histórica. Es el interesante trabajo primerizo de un hombre que poco tiempo después grabaría su nombre con fuego en la historia del cine.

Dani Morell

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