Terrormolins 2016 – Crónica de la 35ª edición del Festival de Cine de Terror de Molins de Rei

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El pájaro burlón vuelve a Terrormolins, que suma con ésta 35 ediciones, y se consagra como uno de los mejores festivales de cine fantástico de Europa con una clara subida de nivel en sus proyecciones. La mejor selección de películas desde los dorados años ochenta.

Más días de festival, más largometrajes a competición, más público y mucho terror. Una organización que cuida los detalles, cuida al público -los precios de los abonos son muy accesibles-, cuida a sus invitados, e intenta mantener la esencia que nos une a todos; el amor por el cine de género. Y para intentar estar a la altura, nosotros hemos ido a ver más películas que nunca. A continuación las reseñamos brevemente para que os hagáis una idea y filtréis según vuestros gustos, pero ya advertimos que casi no hay desperdicio.

La sesión inaugural la protagonizó La Madriguera, de Kurro González, que vino a presentarla con sus actores. Una producción pequeña, un equipo mínimo y muy entregado que ha sacado adelante un largometraje y conseguirán estrenarlo -algo casi milagroso en este país-. La Madriguera vendría a ser un psico-thriller del subgénero de secuestros. Resulta interesante en todo momento y las interpretaciones gozan de personalidad y de convicción. Son uno de los pilares del film porque sostienen incluso algunas debilidades del guion en cuanto a la verosimilitud de su desarrollo -que tengan coherencia interna no siempre significa que el espectador acepte sus reglas-. Tampoco me parecen acertadas algunas elecciones musicales y hay algo en el conjunto que delata que se trata de una ópera prima. En todo caso, consigue crear su propio universo y no deberle casi nada a ninguna otra.

Action Jackson, de Prabhudheva, dentro de la sesión de cine oriental. Hizo bailar y aplaudir al público –especialmente a una fila de habituales a estos saraos- con sus canciones y su cachondeo. Buenas secuencias de acción y algunas tramas mucho más crudas de las que solemos ver en el cine de esas latitudes. Una indi más a la saca de diversión asegurada.

We Go On, de J. Hooland y J. Milton, trata con un toque de humor la curiosidad sobre el más allá, en si termina o no todo con la muerte. No exactamente de terror, precisamente por ese tono desenfadado, pero sí interesante en todo momento. La idea de las muertes mal resueltas, dejar cabos sueltos envida que hacen que nos anclemos a este mundo y no podamos descansar en paz, se ha tratado otras muchas veces, pero aquí, Holland y Miton, le dan cierta personalidad. Aunque falta establecer mejor sus intenciones, apuntan maneras.

The Unseen, de Geoff Redknap, tiene ese aire de cine independiente canadiense tan identificable –de hecho es lo que es-, y con él, esa sensación de estar viendo algo con cierta importancia, una historia humana que nos remueva. Pero la verdad es que después de sorprendernos con la potente premisa, y poner las cartas sobre la mesa, no tiene mucho más que aportar. Incluso cambia un poco de rumbo y divaga por subtramas un tanto inverosímiles. Aun con todo, por ese trabajo actoral y ese frío que traspasa la pantalla, consigue que entremos.

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Let Her Out, de Cody Calahan–seguimos en Canadá-, narra el viaje a la locura de una adolescente tras una lesión provocada por un accidente. Toda la relación con su entorno cambia, ella no parece ser consciente de sus arrebatos sexuales y violentos. Hay algo que hace salir toda la parte que tenía reprimida y empieza a mutar en alguien peligroso. A destacar su fotografía y el plano secuencia en el metro, pero no todos los actores son convincentes ni nos hacen empatizar, por lo que a pesar de ser un film correcto, no sufrimos y simplemente pasamos el rato –lo pasamos bien, eso sí-.

Cruel Summer, de Phillip Escott y Craig Newman, adapta un hecho real acaecido en Inglaterra en el que unos adolescentes liderados por un descerebrado, agreden brutalmente a un chico con trastorno del espectro autista. Una venganza absurda que se va de las manos y que dice mucho de la rabia contenida y la frustración de un sector de la juventud inglesa aunque nunca la justifica –faltaría más-.

Una buena película que va al grano, es seria, está muy bien interpretada y te tiene todo el tiempo con un nudo en la garganta. Muy recomendable para pasarlo “mal”.

Under The Shadow, de Babak Anvari, es iraní y venía con algún premio en su haber. No es para menos, es una de las mejores cintas de terror del año. Se la ha emparentado constantemente con la también notable The Babadook, y sí, existen paralelismos; la relación madre-hija, la superación de miedos, de monstruos internos, y también que su tratamiento del horror pasa por el drama y un personaje bien construido. Me puso la piel de gallina. Imprescindible.

The Wailing, de Hong-Jin Na es una extraordinaria demostración de poderío narrativo y dominio absoluto de lo visual que contiene en sí misma secuencias magistrales. Estoy pensando en el ritual aunque sea precisamente la que sirve para apuntalar la trampa que le tiende al espectador para mantenerlo en vilo hasta el último acto. Una lástima conseguir tales cotas de excelencia para ponerlas al servicio de un ardid narrativo innecesario que finalmente te hace sentir engañado. Aun con todo, disfruté cada minuto y entré dentro con toda el alma. Empecé riéndole las gracias, inquietándome, tensándome y hasta acongojándome. Todo lo que ese juego de ambigüedades propone. Y me hallo con sentimientos encontrados, pues el disfrute fue intenso pero la trampa está por encima de lo aceptable. En fin, como en todo caso, seguro que el director es consciente de traspasar esa línea en pro del espectáculo, es una decisión que en parte puedo respetar.

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Tear me apart, de Alex Lightman, es un film post-apocalíptico, en la línea de The Road (John Hillcoat, 2009), pero más luminoso y con unos valores de producción mucho más modestos. El canibalismo está a la orden del día aunque no es el tema principal, que gira siempre alrededor de sus personajes y sus relaciones de máxima tensión dada la situación límite en la que viven. Interesante aunque la credibilidad está al límite casi todo el metraje por causa de interpretaciones un tanto afectadas.

Lake Bodom, de TaneliMustonen, viene de Finlandia, y si hace nada hablaba de verosimilitud, aquí hay que poner un filtro de disfrute sin pensar demasiado. No tanto por los actores, que están bien, si no por el devenir de la trama y sus giros. Cine adolescente con algo de mensaje, que pasa a ser una venganza y luego un slasher. Muy loco todo pero bien hecho y entretenido.

Darling, de Mickey Keating, es la más experimental de las propuestas de esta edición, especialmente por su montaje y tratamiento sonoro, pues la historia es un viaje a la locura ya retratado en numerosas ocasiones. No por ello deja de seguirse con atención, algo a lo que ayuda su bonita fotografía en blanco y negro y la dirección artística. De muy buen gusto en general y muy estimulante.

Seguimos con el blanco y negro y el tono elegante con The Eyes of My Mother,  la ¡primera! película de Nicolas Pesce, y unas de las que más da que hablar en todos los festivales a los que va – supongo que por ser de las más retorcidas y también por su tratamiento realista-. La ausencia de color y el preciosismo visual ayudan a digerir algunos momentos de crudeza, pero aun con estos suavizantes, esta protagonista loca hace que a la de Darling la puedan nominar al premio Nobel de la paz. Tela. Una de los mejores títulos de género del año.

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K-shop, de Dan Pringle, es terror de denuncia social. Queda notablemente subrayada la crítica a la población británica; respetable de día e impresentable de noche. Una sociedad alcoholizada que desfoga sus frustraciones bebiendo y sacando lo peor de sí mismos –también hay gente normal allí, como dijo el director en la presentación, aunque no salen en la peli- hasta que un joven estudiante que trabaja en el kebab de su padre, explota ante las continuas situaciones de injusticia. Tampoco es un gran spoiler decir que habrá dürums de despojo humano porque la historia va más allá. Y de tan allá que quiere ir, divaga y se alarga más de lo necesario, aunque afortunadamente su protagonista lo da todo y aguanta bien el tirón. Una buena peli.

The Neon Demon, de Nicolas Winding Refn, es otra demostración de poderío visual y del mundo propio del director danés, del que cada vez tengo más claro que primero tiene imágenes en la cabeza y luego les pone una historia. No es tan sólido el relato cómo la forma y la imperiosa necesidad de sobrexcitar nuestras retinas. En esta ocasión el guion es bastante básico y al final dotado con una capa fantástica y alegórica que tampoco sorprende lo más mínimo. Se le ve venir. Pero a estas alturas ya sabemos qué esperar de él, y en ese sentido cumple. Un esteta que ha sofisticado la serie B. Aun con todo el gozo visual, no me emocionó.

Kristen, de Mark Weistra, es de las que juega en una sola localización y con un reparto muy limitado, especialmente concentrado en su protagonista (Terence Schreurs, premiada en el festival que nos ocupa). Este tipo de relatos siempre requieren de un ingenio extra y un continuo estímulo para el espectador, pero en este caso, vemos venir el giro principal demasiado pronto. Lo que parece un “home invasion” descubrimos que va por otros derroteros. Afortunadamente, el film no basa toda su fuerza en esa sorpresa, sino que encuentra su fuerza en la interpretación de su protagonista y en algunas logradas secuencias de terror psicológico.

I’m Not a Serial Killer, de Billy O’Brien, es una interesante aportación al subgénero Serial Killers, que empieza como una peli indie cualquiera -de las buenas- y va virando hacia lo fantástico. O‘Brien intenta huir de los tópicos y entender la mentalidad de un asesino en serie a través del protagonista, diagnosticado como sociópata y especialista en el tema. La tesis del film viene a decirnos que lo que nos sujeta al lado del bien es el amor, y la maldad absoluta tiene algo de inhumano, incluso extraterrestre. El giro sobrenatural es progresivo y bien llevado, aunque seguro que habrá a quién le moleste. Yo quizás no lo hubiera llevado tan lejos, bastaba con sugerirlo, pero en todo caso, sabe a dónde va y lo hace con paso firme. Bastante auténtica y sólida aunque lejos de fascinar.

Train to Busan, de Sang-Ho Yeon. Llevaba ya unos años al borde de aborrecer el sub-género zombies/infectados por la cantidad de títulos insulsos que salían cada temporada a causa de una moda que inició la excelente El amanecer de los muertos (Zack Snyder, 2004) -y ya la he citado dos veces en un día-, pero con el título coreano que nos ocupa, me he reconciliado totalmente.
Es intensa, trepidante, emocionante y no olvida a sus personajes en pro de la acción, sino que los hace crecer gracias a ella. Funciona de maravilla a todos los niveles y vivirla en la gran pantalla es una gozada. Solamente hay que pasarle por alto una pequeña licencia, y es que los infectados tardan en transformarse lo que al drama le interesa, sin ningún tipo de rigurosidad, pero no supone un gran problema cuando estás metido en ella. -Creo que es la única película de zombies que casi me hace llorar-.

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La autopsia de Jane Doe, de André Ovredal es sin duda una de las sorpresas más potentes del año. Me abstuve de verla en Sitges para verla en la maratón de Terrormolins y algunos de mis compañeros que sí la vieron antes ya advertían de que era un plato fuerte –luego sus premios lo confirmarían-. Excelentemente fotografiada, tal como el título adelanta, se trata de una autopsia, no tanto por el terror físico en sí mismo que esto implica –que lo hay y es crudo-, como por el gran misterio que esconde ese cuerpo. Su exploración desata una serie de sucesos aterradores que… –que la veáis-. Entre las cinco mejores de género del año, seguro.

The Girl With All The Gifts, de Colm McCarthy, también pasó por Sitges y la dejé para Molins. Aprovecho para destacar el buen ojo de A contracorriente films al traer esta, La autopsia de Jane Doe y Train to Busan. Se agradece poder verlas en pantalla grande, como es debido. Aquí la premisa y el arranque de la película son muy prometedores, te atrapa instantáneamente, y aunque es buena en todo momento, pierde garra en algunos segmentos y divaga ligeramente. Algo que compensa la asombrosa actuación de la niña protagonista y el logrado diseño de producción.

Vinieron de dentro de…, de David Cronenberg, fue la película sorpresa –yo esperaba Videodrome, ya que esta edición estaba dedicada a las mutaciones, incluso Existenz, ambas también de Cronenberg, pero cualquier título del Canadiense en su etapa “Nueva Carne” hubiera valido. Shivers es su primer largometraje y su falta de medios juega a su favor incluso hoy en día. Es realmente repugnante; esa especie de babosa horrible que te lleva a la locura sexual, el casting feo -que sería imposible hoy- de cuerpos imperfectos y libidinosos que llevan el sexo al grado de agresión y con él te contagian para que formes parte de lo que pronto será una plaga. Aunque no brille por sus valores cinematográficos, es desde luego, perturbadora como pocas. Siempre un placer volver a los orígenes del viejo Cronenberg, ídolo de muchos de nosotros y que además tuvo a bien grabar un vídeo mensaje para el festival, que vimos el día de la inauguración.

Downhill, de Patricio Valladares es seguramente la película más floja de toda la semana -ya suele pasar con la última de la maratón, y eso que los pocos que quedamos en pie somos unos héroes, jeje. Vaya premio-. Imagino que el cansancio también hizo mella en mí, pero los actores no ayudaban en absoluto y la fotografía tampoco. Algunas buenas ideas puntuales y un final por encima de lo esperado me fueron aguantando en la silla, pero casi más por completar la maratón que por interés real.

Finalmente, un año más y esta vez con más y mejores proyecciones que nunca. Algo agotador al compatibilizarlo con el trabajo diario, pero que siempre compensa si eres realmente amante del cine de terror. Gracias Terrormolins y a todos los suyos por hacerlo posible.

Os dejo con el palmarés, hasta el año que viene.

Óscar Sueiro

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