Ted (Seth MacFarlane, 2012)

No recuerdo haberme reído nunca tanto en una sala de cine. Eso es lo que pensaba mientras me desternillaba de risa en mi butaca viendo Ted, la primera película de Seth MacFarlane, el creador de Padre de Familia. Es posible que para muchos la idea de ir a ver este film sea absurda: ¿una peli de un osito de peluche que habla? Qué tontería, ¿no? Pues nada de eso, todo lo contrario: estamos ante una comedia brillante, divertida e incluso emotiva. Eso sí, si uno no tiene mucha simpatía hacia el humor de MacFarlane, este film no le agradará demasiado, pues la esencia de Padre de Familia –esa unión total entre lo más políticamente incorrecto y las innumerables referencias a la cultura pop actual– está en este film en su máximo exponente. Ted, un oso de peluche que cobra vida por deseo del niño a quien se lo han regalado, encarna todo el espíritu de inocencia, inmadurez y frikismo que caracteriza, por qué no decirlo, a la mayoría de descarriados de nuestra generación, los cuales hemos crecido en un estado del bienestar que iba decayendo mientras nosotros nos educábamos con Luke Skywalker o Flash Gordon. Así que estáis advertidos: si no le pilláis el punto a MacFarlane no vayáis a ver esta peli.

Como decíamos, el niño consigue su deseo y su osito de peluche pasa a tener vida y a convertirse en su mejor amigo. ¿Qué sucede después? Pues que una vez han pasado los años y la sociedad se ha acostumbrado a él, Ted es un ciudadano más entre tantos, porque, tal y como deja muy claro el narrador, como sucede siempre con todos los famosos y todo lo llamativo, al final a nadie le importa. Así que ahí los tenemos: los dos amigos, John Bennet (Mark Wahlberg) y su oso, viviendo juntos tras toda una vida dedicada a la televisión y a su profunda cinefilia. Ted, una enciclopedia de chistes gamberros y destructivos sobre la cultura pop y la sociedad americana, es el espíritu inocente de John, su alma inmadura. Es mucho más que un simple Peter Pan al uso: a John le gusta crecer y hacerse adulto, tiene a Lori, una novia fabulosa (interpretada por Mila Kunis), pero sencillamente no quiere verse empujado a darle sentido a un proceso de madurez como se supone que debe darlo, es decir, dejando de hacer tonterías con su oso, dejando de vivir alimentado por su imaginario friki, buscando un trabajo que le aporte estabilidad y seriedad, etc, etc. Y ahí surge el problema, él no se deja llevar por ese “madurar” convencional, pero tampoco asume ninguna responsabilidad por ello, ni ninguna postura concreta. Quiere contentar a su chica y a su mejor amigo, lo que obviamente le termina acarreando desgracia. No es que Seth Macfarlane intente darnos un gran mensaje ni moraleja en este film, pero sí que hace reflexionar a su protagonista para que vea que no tiene porque ponerse un traje, cortarse el pelo, dejar de soñar con Flash Gordon y darle sentido a su vida (si es que eso del sentido significa algo), pero sí llegar a un punto en el que decidir qué responsabilidades asumir por cómo es.

Obviamente que nadie piense que esto es una comedia con un mensaje serio y profundo, en absoluto, seguramente lo mejor de este film es que no pretende ser ninguna obra maestra, ninguna gran película, sino sencillamente mostrar por un lado que las historias de pareja no funcionan a partir de fórmulas y esquemas consabidos, y por el otro que nunca entendimos bien a Peter Pan: no se trata de “no quiero hacerme mayor”, sino de “no quiero hacerme mayor como todo el mundo dice que hay que hacerlo”. Todo esto acaba por estar articulado a través de unos diálogos que parecen haber reunido los mejores chistes nunca vistos en todas las temporadas de Padre de Familia y un guión que consigue mantener al espectador pendiente de la trama, de los personajes y sobretodo del humor que, de mismo modo que en una montaña rusa, acelera acto tras acto para que simplemente seamos incapaces de tragarnos las palomitas. Es necesario hacer hincapié en la más que correcta interpretación de Mark Wahlberg, con el que disfrutamos de la historia, al que entendemos y con el que nos reímos y cabreamos a partes iguales. También destacar seguramente la mejor secuencia del film: la fiesta loca que Ted y John viven junto a Sam J. Jones, el actor que daba vida a Flash Gordon; en esa secuencia se encuentra reunido todo el humor, cinismo, incorrección política y sencillamente mala leche de Seth Macfarlane, divertidísima hasta más no poder. Y por último no es posible dejar de subrayar al personaje de Giovanni Ribisi, increíblemente paródico, ridículo y enfermizo, el cual nos deleita con una escena de baile que, al igual que al propio Ted, nos hace troncharnos de risa y desconcertarnos al mismo tiempo.

En definitiva, una de las películas más despreocupadamente divertidas que se pueden ver, una historia con la que nos podremos identificar y reír, e incluso quizás unos personajes que nos harán pensar un poquito en nosotros mismos y en los demás. Vamos, que no es una obra maestra de la historia del cine, pero es de lo mejor que he visto en este año. Ah, y Mila Kunis es algo espectacularmente hermoso.

Xavier Torrents Valdeiglesias

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Una respuesta a Ted (Seth MacFarlane, 2012)

  1. Evil Konan dijo:

    Ted es humor universal, humor del bueno, el humor de los chistes soeces, de situaciones escatológicas, de contradicciones como ver un adorable osito de peluche convertido en un macarra adicto a las drogas, al sexo y a las palabrotas, el de los hermanos Farelly antes de que se volvieran blandos, es humor de la parodia, del frikismo… Que grande el puto Sam Jones. Pertenece a una corriente que me parece a mí que se está dando últimamente de hacer un cine sincero, desprejuiciado, sin pretensiones, sin ánimo de ser trascendental, pasar de criticar una situación o hacer ironías de nada… últimamente el público se cree muy gafapastas, todos somos ya críticos, guionistas, directores y nos hemos vuelto sibaritas, tiquismiquis, degustadores solo de buen cine, de ver que salen nombres prestigiosos y tal, supongo que por culpa de que el cine esta caro y no nos podemos permitir gastar un pastón por un truño… pero la gente olvida para que va a un cine, que busca realmente en una película, para que está pagando una entrada. Los que van a ver Ted es que buscan diversión, un rato de echar unas cuantas risas, de venir al cine para descojonarse, como uno se puede descojonar de lo lindo con la zafia Padre de Familia. Tiene sus altibajos, como todo, Mark Wahlberg sigue sin convencerme y mucho menos haciendo de treintañero, pero eso ya es manía mía con ese actor. Hubiese preferido alguien de esa edad, menos conocido pero con suficiente carisma como para hacer dúo con Ted, la verdadera estrella de la cinta.

    Me lo pasé pipa, me sirvió como alivio tras la decepción que me supuso Prometheus y espero que Seth Macfarlane siga así en su carrera cinematográfica. Al menos con él, y gente como él, uno va al cine para lo que es, divertirse.

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