Monstruos University (Monsters University, Dan Scanlon, 2013)

Desde luego los guionistas de Pixar tienen uno de los mejores trabajos del mundo. No solamente deben de disfrutar seguro haciendo un cine de animación divertido y entretenido, sino que también deben de sentirse orgullosos de que, siendo meramente películas comerciales, lo que hace Pixar son obras de una calidad muy elevada gracias a un trabajo de guiones que roza siempre (y a veces supera) la excelencia. WALL·E, Buscando a Nemo, Up, Los increíbles, Ratatouille, saga Toy Story o la reciente y maravillosa Brave son ejemplos de lo bien acostumbrados que nos tienen los genios de Pixar, siempre haciéndonos disfrutar como niños, siempre emocionándonos como adultos. Otra de esas películas geniales que nos regalaron en su día fue Monstruos S.A. (Pete Docter, Lee Unkrich, David Silverman, 2001), que rápidamente se convirtió en un éxito mundial recibiendo varias nominaciones a los Óscar, y de la que este año nos ha llegado su precuela: Monstruos University.

La decisión de hacer una precuela en vez de seguir la continuación de las aventuras de Mike y Sullivan es todo un acierto. La historia contada en la primera película fue magnífica y tremendamente emotiva, pero digamos que el arco narrativo de los dos personajes quedó perfectamente cerrado en su desenlace, motivo por el cual inventar una nueva trama en continuación de aquella podría haber parecido repetitivo y quizás fallido. Así que lo que se lleva a cabo es retroceder unos años y contar la historia de juventud de estos dos carismáticos monstruos en el momento en el que entran a estudiar en la Monstruos University. La trama se centra principalmente en Mike y su anhelo desde que es un niño de convertirse en un Asustador profesional. Obviamente todo el mundo a su alrededor le dirá siempre que ese no es trabajo para él, que él es un monstruo que no asusta. Aún y así, Mike luchará por su sueño, una lucha que le llevará a conocer a Sulley, todo un monstruo hecho y derecho, con el que no se llevará para nada bien en sus inicios. Este punto de partida es ingeniosamente notable, pues los dos protagonistas se nos presentan en plena burbuja de inocencia, en la que ellos viven y creen en su mundo; por un lado Mike, totalmente convencido de que trabajando y estudiando muy duro puede lograr su sueño, y por el otro Sulley, presuntuosamente cegado por su confiada perfección como asustador.

Como siempre ocurre en las historias de Pixar, lo que desde un inicio parece ser una trama típica de lucha y autosuperación por parte de sujetos marginados, termina por ser algo mucho más adulto, con un tono de reflexión imbuida de madurez acerca de las falacias que nos idealizamos sobre quiénes queremos ser, olvidándonos de quizás aquello más importante: cómo queremos ser. Rodeando toda esta maravillosa trama, el film tampoco decepciona en su aspecto visual: una auténtica gozada en su calidad gráfica, de texturas, colores y, sobre todo, animaciones; el mundo universitario de estos monstruos está absolutamente vivo en todos los sentidos, con una profundidad de situaciones contextuales enorme y el logro de convencer visualmente al espectador de que ese lugar existe verdaderamente. Es esta una de esas películas que vale la pena ver más de una vez para fijarse en todas las imágenes que siempre quedan en segundo plano o al fondo de la escena, puesto que es ahí donde se nota un trabajo conciso y perfeccionista por parte de los animadores. Nada se deja tan solo suficientemente hecho, sino que todo se lleva hasta el detalle último de elaboración, sello de calidad del estudio.

Pero volviendo al guión en sí, sigue siendo admirable ser testigo de cómo una película que empieza pareciendo ser un film para un público infantil termina por meterse en unos giros dramáticos totalmente adultos. Todos recordamos Up y su majestuoso prólogo, así como Toy Story 3 y esa escena en el clímax final de todos los muñecos cogiéndose de las manos aceptando lo que parece ser su fatal destino, o la delicada, sencilla y lírica emotividad de WALL·E. Puede que en esta Monstruos University no se llegue a esas cotas de dramatismo imbuido de madurez, puesto que esta precuela juega mucho más al humor y carcajada; aún y así, todo ello estalla en la última parte de la película, en la que, cuando parece que la trama ha concluido, un giro da una bofetada al espectador y a Mike revelándole la auténtica verdad de la situación en cuestión y (quizás) de su vida en general. Tras eso, los últimos veinte minutos de film están claramente marcados por un potente tono adulto, con el que el público infantil puede también pasarlo bien por supuesto, pero claramente son esas unas páginas de guión dirigidas a un público más mayor que no es que se vaya a emocionar dramáticamente con lo que acontece, pero sí que se va a parar a pensar y reflexionar acerca de ese momento vital en el que Mike y Sulley caen en la madurez de lo que empieza ya a ser su vida adulta. Pero no una madurez socialmente típica y errónea, sino la madurez de darse cuenta de la burbuja en la que han vivido hasta ese momento, y la de comprender la posibilidad de salir de ella para vivir su vida.            

Xavier Torrents Valdeiglesias

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