Mejor que la ficción: 7 crónicas reales que merecerían una adaptación al cine (o a la TV) (I)

still-of-jerry-bruckheimer-and-don-simpson-in-days-of-thunder-(1990)

No hay nada que capture más la atención y que a la vez nos suene más a trillado que un “basado en hechos reales” al principio de cualquier obra audiovisual, sea serie o película. ¿De verdad eso pasó? ¿Cuánto hay de real y cuánto de “licencias de adaptación”? No se vosotros, pero a mí me obsesiona el saber sobre datos biográficos e históricos y ver cómo se adaptan a otros medios. Sí, en efecto: leo un montón. El surgimiento del libro electrónico ha permitido que gente como un servidor de ustedes acumule más morralla de la que jamás va a poder asimilar.

El mundo del non-fiction literario es inabarcable, especialmente fuera de nuestras fronteras, donde se pueden encontrar crónicas de todo tipo y pelaje; añadid a eso la posibilidad de la autoedición, más barata que nunca, y tenéis un montón de gente escribiendo sobre sus cosas para el que quiera leerlas. Y a veces hasta se convierten en bombazos editoriales. Y no se lleven a equívoco, nada de esto va a ser una disertación sesuda sobre figuras políticas o sociales o libros sobre la cría del caracol prusiano que leen cuatro obsesos en kindle; estas biografías o narraciones históricas son una ventana a muchos momentos que podrían verse perfectamente reflejados en el cine o la televisión si cayeran en las manos correctas. Soñar es gratis, así que allá vamos con la primera parte.

Mención especial: La guerra pixelada que selibró en tu televisor.

gensnes

El libro: Console Wars: Sega, Nintendo and The Battle that Defined a Generation (Blake J. Harris, 2014)

La historia: Estados Unidos, mediados de los años 80. La sobreproducción de videojuegos mediocres y el descontrol económico generalizado tiraron por los suelos a Atari, Coleco y muchas otras compañías del gremio. Lo que se conoció como el videogame crash (una cosa que en España ni olimos gracias a la buena salud de los microordenadores) parecía haber hundido a la joven industria del píxel. Pero Nintendo acudió al rescate con su consola NES, metiéndose en millones de hogares americanos intentando evitar la palabra “consola” (era un entertainment system, de consola nada) y dominando un mercado de nuevo en alza. A principios de los 90, la compañía estaba imbatida. Pero esta no es su historia, si no la de un hombre; Tom Kalinske, un ejecutivo de la compañía rival, Sega, que consiguió poner en jaque a la NES en Estados Unidos en una agresiva guerra de marketing que puso a su consola, la Genesis (Mega Drive en Europa) como la preferida del mercado adolescente, con una promoción “molona” y “extrema” tan acorde con la década de la generación X. Si bien Console Wars es un libro entretenido, se pierde demasiado en “novelizaciones” de situaciones reales y no siempre de la manera correcta. Aunque la cantidad de información que presenta es oro puro para una adaptación…

La adaptación:…que se supone que está en curso, así que por eso la mención especial. Seth Rogen y su guionista habitual Evan Goldberg (Supersalidos, Juerga hasta el fin) compraron los derechos del libro incluso antes de que saliera. Eso es convicción. Ahora queda ver si lo abordan seriamente o lo convierten en una comedia desmadrada. Las dos cosas pueden funcionar, al menos para un servidor.

7- El tipo excesivo que estaba detrás de gran parte de los 80 como concepto hortera.

donsimpson

El libro: High Concept: Don Simpson and The Hollywood Culture of Excess (Charles Fleming, 1998)

La historia: Llegó a gastarse 60.000 dólares al mes en medicación. El “especialista” que quería sacarlo de las drogas murió de sobredosis en su piscina. Convirtió a Eddie Murphy y Tom Cruise en dos de los actores mejor pagados de Hollywood. Y poco antes de morir le dio el espaldarazo final a Michael Bay. En un lugar lleno de fiestas, drogas y dinero para todos como fue la L.A de mediados de los 80, Don Simpson daba miedo incluso a sus contemporáneos. Su consumo de farlopa era legendario, así como su agenda de ligues, tanto gratuitos como “de pago”. En esta entretenida biografía, Fleming desgrana la vida de uno de los egos más enormes de Hollywood y al mismo tiempo uno de sus seres más inseguros, adicto a la cirugía estética y a los métodos de pérdida de peso, Simpson murió de un ataque al corazón en su lavabo el 19 de enero de 1996. En la autopsia posterior le detectaron 21 sustancias diferentes dentro de su organismo. Como véis, un tipo que no se andaba con medias tintas. El que fue responsable de pelotazos como Flashdance (1982), Días de trueno (1990) o Dos policías rebeldes (1995) tenía claras sus preferencias narrativas y estéticas: casi todo lo no estético era accesorio y la película debía poder reducirse a un high concept, una frase que  toda su filosofía (“romance y coches”, “poli de costa oeste va a la costa este”). Aunque su compañero de aventuras (y rayas) Jerry Bruckheimer también tuvo mucho que ver con ello, Simpson es, de manera totalmente merecida, uno de los arquitectos del “estilo por encima de la sustancia” de la década del yo. Y el mamón dejó marca; cada vez que cazo Flashdance por la tele, la veo. Y eso que no va de absolutamente nada.

La adaptación: High Concept huele tanto a telefilme de la HBO que es un crimen contra la humanidad que la cadena no haya hecho algo ya al respecto durante todos estos años. Aún les queda tiempo, el año que viene se cumplen veinte años de su muerte, como lo véis?

6- Las aventuras japonesas de un explorador de lo olvidado.

Gulliver Haikyo 90010

El libro: Into the Ruins: Adventures In Abandoned Japan (Michael John Grist, 2014)

La historia: Michael John Grist aterrizó en Japón en 2003 con un empleo de profesor de inglés para adultos bajo el brazo y con afán de aprender lo que la vida quisiera enseñarle para luego convertirse en escritor. Lo hizo, pero también descubrió una obsesión que le ocupó gran parte de su tiempo; la exploración de ruinas urbanas, que en japón son conocidas con el nombre de haikyo.Grist se ha pasado más de un lustro visitando ruinas niponas de manera compulsiva y documentando sus historias. Desde bases militares a antiguas escuelas de ciencia (con sus correspondientes fetos en tarros) pasando por “hoteles del amor” (los clásicos “picaderos” de habitaciones temáticas) e incluso un pequeño hotel excavado en roca por un granjero de fresas del siglo XIX (¿?). Pero la joya de la corona de esta obra la ostentan los parques temáticos. Japón fue hasta hace bien poco un hervidero de parques de atracciones grandilocuentes impulsados normalmente por empresarios con ideas más bien peculiares; montes Rushmore a un tercio de la escala real, estatuas gigantescas de Gulliver o pueblos rusos enteros son solo algunas de ellas. Con la crisis financiera japonesa de principios de los 90 muchos de estos lugares murieron y el imperio Disney ha ido añadiendo clavos al ataúd durante las décadas posteriores. Pero las fotos (de las que el libro está lleno) de sus bellos cadáveres siguen siendo apasionantes. Y Grist da las coordenadas exactas de cada uno de los lugares. Por si tenéis huevos.

La adaptación: Pese a que Grist ya ha colaborado en un documental belga sobre el tema, olvidémonos de eso y pensemos más a lo grande. ¿Que tal una serie documental épica de esas que alegran las cenas a los que las cazamos en el Discovery Max o similares? O mejor aún, una película de terror basada en un haikyo. Y que no sea como aquella de Chernobyl, por favor. James Wan, si lees esto, ponte a trabajar.

5- El origen secreto (o sea, rarito) de uno de los grandes de la comedia americana.

paulfeig

El libro: Kick Me: Adventures In Adolescence (Paul Feig, 2002)

La historia: Si hay algo sobre lo que Paul Feig sabe escribir muy bien es sobre el ridículo, como ya lleva años demostrando tanto en la televisión (Freaks and Geeks, Arrested Development, The Office) como en el cine (La boda de mi mejor amiga, Espías). Y es que su infancia y adolescencia estuvieron llenos de momentos de vergüenza ajena que dieron suficiente material para este libro y su secuela Superstud. Desde cuando tuvo que actuar en una obra del colegio con un disfraz de duende ayudante de Santa Claus confeccionado con ropa de excedente militar a su brillante idea de exponer una bandera nazi que encontró el armario de su padre delante de su casa, ya que confundió ese souvenir que se trajo de la guerra con una condecoración de la que sentirse orgulloso. La verdad es que todos los que hemos sido un poco raritos en la infancia podemos encontrar algo en este libro con lo que empatizar. Cosas como su odio de alfeñique a las clases de gimnasia o sus primeros y fallidos acercamientos al sexo opuesto (el subtítulo de Superstud es “como me convertí en un virgen de 24 años”, así que ya véis por donde van los tiros) conforman un recorrido entre entrañable y de echarse las manos a la cabeza.

La adaptación: Feig ya había utilizado algunas de sus anécdotas en las tramas de Sam, el personaje que interpretaba John Francis Daley en Freaks and Geeks, pero una serie biográfica sobre estos dos libros podría convertirse en algo muy similar (salvando distancias) a lo que fue Malcom In the Middle en los primeros dosmiles y encumbrar a una nueva estrella infantil/juvenil. Aunque parece que ya no hay sitio para comedias juveniles más burras, ya que la sombra de Disney es alargada.

Víctor Castillo

Esta entrada fue publicada en Cine Ciencia Ficción, Cine Comedia, Cine Documental, Cine Drama, Libro No Ficción, Televisión Series y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.