Carmina y amén (Paco León, 2014)


 No puedo ni quiero empezar a escribir sobre esta película sin hablar antes –y durante- de su primera parte, Carmina o revienta (2012), un experimento que jugueteaba balanceándose en la línea que separa el documental y la ficción. A mi entender, y teniendo en cuenta que se trataba de una ópera prima que además asumía cierto riesgo, es un éxito. Ante todo es una comedia dentro de una ficción, y en menor medida un documental. Su principal virtud es la naturalidad que consigue gracias a la complicidad que el director tiene con el dúo protagonista; su hermana María y su madre Carmina. Cuesta discernir las líneas de diálogo escritas y la improvisación. María, que es actriz de profesión, está en su salsa y se nota, pero Carmina, la debutante, se sale por los cuatro costados –no me refiero a lo kilos de más, que tenéis mucha guasa-. Me parece muy apropiado recurrir a un lugar común para referirme a su interpretación diciendo que “está en estado de gracia”, valgan ambos sentidos de la frase.


Como espectador hay dos cosas de la propuesta que me seducen: la comedia costumbrista con cierto aire de descaro –esto lo comparten las dos entregas-, y la curiosidad que me suscita el experimento en sí mismo –esto afecta en mayor parte a la predecesora-. En cuestión de comedia hay una cosa muy clara; o te hace gracia o no te la hace, y eso es irremediablemente subjetivo, aunque por desgracia para su autor, afectará a la valoración que se haga de su obra. Pero atendiendo al experimento, me parece una premisa casi indiscutiblemente interesante. El metalenguaje adquiere una tercera dimensión cuando el espectador sabe que Carmina es la madre en la vida real y que hay tanto en ella de personaje, como de persona.


Ahora intento ponerme en el lugar de Paco León: -Mi madre es la leche, en casa nos reímos un montón y la gente se ríe con nosotros. Es una pena que se lo pierdan, esto merece ser compartido. ¿Por qué no hacemos una película low-cost con esto? Quizás aprovechando la popularidad que me ha dado el personaje de Luisma, incluso sale rentable-.

Creo que algo así debió ser el caldo de cultivo que generó las aventuras de Carmina, y me parece un punto de partida honesto y simpático. ¿Y el resultado? Para quien firma estas líneas, notable. Carmina o revienta despertó mi curiosidad como estudioso de la narrativa y analista de géneros cinematográficos y, además, me reí. Hay dos sketches concretamente con los que me carcajeé locamente; cuando Carmina se tira un pedo con sorpresa dentro de la furgoneta, y cuando explica que se ha bebido la medicación vaginal por error. También quiero mencionar la borrachera –no estoy seguro de que fuera fingida- de Paco Casaus, que interpreta fenomenalmente al marido de Carmina.


Ahora ya de pleno con Carmina y amén, empezaré yendo al grano: es todavía más divertida que la primera. Casi lloré de risa, y como yo, toda la sala de cine.

Esta secuela ya es abiertamente ficción pura, pero hereda toda la naturalidad de su primera parte, y afina muchísimo con el casting de secundarios para que estén a la altura. Se nota que están dirigidos por un actor que saca el máximo partido de cada uno de ellos. Son interpretaciones medidas al detalle, a la mirada, al gesto. Colosales todos.
Es inevitable volver a la protagonista, Carmina, que si antes era una revelación, ahora ya es actriz. Está pletórica, titánica. Es el pilar que sostiene el todo. La presentación de su personaje en clave de héroe western reforzada al final por esa música a lo spaghetti, es tremenda. El director, su hijo, se beneficia de conocerla tan bien y sabe extraer de ella el tono que necesita para cada secuencia. Y aunque hay un evidente componente de admiración hacia ella –no es para menos-, aun siendo todo un homenaje –la película está dedicada “A mi madre”-, consigue medir con temple su peso dramático para con el resto de actores.


En esta ocasión, Paco León, también asume un riesgo. No se trata de la mixtura de formatos documental/ficción, sino de la delicada fusión de géneros comedia/drama. En este segundo largometraje, además de hacernos reír, quiere contarnos cosas de ámbito familiar, social y cultural. No es discursivo, es somero, pero está ahí, y si no se dosifica bien, puede, por decirlo de una forma coloquial, cortar el rollo. En esta mesura reside otro de los aciertos del film: el drama está encajado en su justa medida. Ahora bien, sí tengo algo que reprochar:

Spoiler:
En la secuencia final, en la que cena con el chico negro, Carmina revela lo de su cáncer terminal. Eso, y ver pocos minutos después la dedicatoria, hace que el espectador se pregunte si la enfermedad la padece el personaje o la persona (en el segundo caso serían ambos, claro). Idea que queda reforzada queramos o no, por el tratamiento tan realista que se le imprime a todo el relato. Esto, aunque el final sea optimista, me dolió porque a estas alturas ya quiero a Carmina, personaje y persona. No quiero tener que ir a buscar después de la proyección si es cierto o no. Ojalá que no. Tampoco digo que sea gratuito, pues en el guión ya hay alguna pista como la de escupir sangre, para que luego no parezca metido a traición.
Fin de spoiler

En otro orden de cosas, muchas producciones low-cost suelen pecar de deficiencias técnicas o guiones que en lugar de evitarlas, las acentúan. Aquí, refiriéndome más a la primera parte, no sólo sale airosa de ese berenjenal, sino que puntúa con nota. Y me refiero más a la primera porque la segunda ya contó con un presupuesto mayor, pero la diferencia a penas se nota si no eres del mundo audiovisual. No lo digo como menoscabo de la segunda, sino como virtud de la primera, que aprovecha sus recursos de forma ejemplar. Así que felicito a todo el equipo técnico y artístico, que es exactamente el mismo en una que en la otra.
Preciosa la secuencia del funeral rodada en slow-motion con cameo del director incluido, y lágrimas en los ojos con la secuencia de la moto, entre muchas otras.
Habrá a quién no lo haga gracia, a quién le parezca soez, etc., pero en general, le auguro éxito y creo que saldrá beneficiada del boca-oreja. Le deseo lo mejor.

Óscar Sueiro

 

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