Guía del autoestopista galáctico (The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy, Garth Jennings, 2005)

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La vida monótona y aburrida de Arthur Dent da un vuelco absoluto el día que se entera de que van a destruir su casa. Su mejor amigo, Ford Prefect, le obliga a restarle importancia al hecho de quedarse sin hogar: de hecho, le revela que él siempre ha sido un extraterrestre de incógnito y que la Tierra va a ser destruida en unos minutos. Ford es un autoestopista galáctico, y salva a Arthur de la hecatombe y juntos terminan embarcando en la nave del loco presidente de la galaxia, Zaphod Beeblebrox, junto a Trillian, otra humana superviviente, y Marvin, el robot depresivo, en pos de La Respuesta a la pregunta que ha perseguido la existencia de todos los seres del universo…

En 1978 se emitió por la BBC radiofónica un serial que consiguió un éxito de crítica y público en un medio que ya se daba por agotado. El fenómeno se hizo tan enorme que Douglas Adams, creador de los guiones originales, los trasladó al universo literario en una novela que se convirtió en un best seller por prácticamente el mundo entero. El filón se extendería a la pequeña pantalla en 1981 en una mini-serie de seis episodios que emitiría la BBC repitiendo el éxito del serial y la novela y que se convertiría en casi un precedente de la muy divertida El Enano Rojo (The Red Dwarf), otra serie inglesa de ciencia ficción de culto.

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Después de conocer estas versiones (más otras en otros medios como el teatro, los cómics, los juegos de ordenador o una grabación discográfica), Adams se empeñó en trasladar su creación a la pantalla grande, en un largo periplo que le llevaría desde 1981 hasta su muerte en mayo del 2001. En un primer momento, a principios de la década de los 80, iba a ser Ivan Reitman quien llevaría a cabo el guión escrito por Adams con Bill Murray y Dan Aykroyd, aunque abandonaron finalmente el proyecto en pos de su éxito Los Cazafantasmas (GhostBusters, 1984). Se pasaría quince años pasando de una productora a otra hasta que poco antes de la muerte de Adams parecía que finalmente iba a llevarse a cabo, dirigiendo Jay Roach (uno de los productores del film, que en un primer momento, al delegar la dirección, se la pasó a Spike Jonze), con Nigel Hawthorne, Jim Carrey y Hugh Laurie como protagonistas. Pero de nuevo su traslación a la pantalla grande se detuvo.

Y no fue hasta el 2005 que finalmente se dio luz verde al proyecto. Roach contrató definitivamente al director de videoclips Garth Jennings (del dúo Hammer & Tongs, junto con Nick Goldsmith, acreditado como productor de la película, y que han dirigido vídeos de Blur, Pulp, REM o Supergrass, entre otros) y fichó para el reparto de personajes principales a un elenco de actores que incluía a Sam Rockwell, Martin Freeman (a punto de dar el salto a la fama) , Mos Def, o Zooey Deschanel, guardándose en la manga las voces de los prestigiosos Stephen Fry y Alan Rickman y un cameo de John Malkovich, en un papel que no aparecía ni en la historia original ni en la novela y que Douglas Adams pensó especialmente para él.

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Del mismo modo que la novela no era exactamente igual al serial, la película no es exactamente igual a la novela, lo que ha generado opiniones bastante diversas entre los admiradores de la misma. Pero a decir verdad, sobre todo teniendo en cuenta las horribles adaptaciones cinematográficas que pululan por ahí y que no se quedan contentas hasta poner patas arribas los textos originales, los cambios no son demasiados. De hecho, apenas se introducen un par de tramas nuevas y estas están bastante en consonancia con el libro (escritor y guionista son el mismo), amén de que se han mantenido tal cual fragmentos de la historia que realmente uno pensaba difícil de imaginar visualmente en pantalla grande (véase la muerte de la ballena, los viajes espaciales usando la “improbabilidad” -de cuyo efecto no se abusa en exceso-, o el modo brillante, a través de animaciones, en que se muestran los comentarios de la Guía del Autoestopista sobre tal o cual cosa). Las diferencias más grandes existentes son principalmente la introducción del líder religioso Humma Kavula, antiguo rival electoral del presidente Beeblebrox, el cual da de sí una subtrama para ir en busca de un arma de efectos muy especiales (y que dará de sí uno de los gags más logrados de la película, gracias a Marvin, robot con graves problemas emocionales) y que de paso justifica que Sam Rockwell pueda pasearse por la película con solo una cabeza (y no con dos, como en el libro), y la inevitable aparición de un romance entre Arthur Dent (Freeman) y Trillian (Deschanel), algo por lo cual uno ya apostaba antes de entrar en la sala de cine que iba a ser añadido, pero que no se hace especialmente molesto. Bueno, también se cambian los rasgos pelirrojos de Ford por los afroamericanos de Mos Def, en un intento más de adaptarse a los tiempos de corrección política.

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El resto, muy semejante al libro. El sentido del humor de la película oscila entre lo bobalicón -sin llegar a ser ofensivo; a veces las estupideces funcionan aunque sea por repetición, como en el momento en que Arthur, Zaphod y Ford intentan entrar en la fortaleza Vogona y son asaltados por una especie de matamoscas viviente, terminando en una sucesión de golpes que, de absurda, termina por provocar risa- y lo extravagante, como los cambios que sufren a causa de la energía de la improbabilidad, transformándose los personajes principales cada vez que usan esa tecnología en cosas como muñecos de trapo o sofás.

La ligerísima carga crítico-filosófica que había en la novela se mantiene, en esa inocente burla hacia las preguntas sin respuesta que asolan a la Humanidad y que la computadora Pensamiento Profundo (cuya voz está interpretada por Helen Mirren) es incapaz de responder al no ser capaz de procesar una respuesta con sentido (en uno de esos chistes que funcionan mejor leídos que vistos en pantalla, todo sea dicho), así como su también liviano toque trascendente, en ese momento -de los mejores de la película- en el cual Arthur Dent acompaña a Slatibartfast a la creación de un nuevo mundo.

Una película amable (¿una comedia romántica extravagante de ciencia ficción?), con buenos efectos especiales (tanto los diseñados por ordenador como las criaturas creadas por el equipo del llorado Jim Henson) que, si bien no iba a cambiar la historia del género, tampoco merecía el poco bombo que tuvo en nuestro país.

Javier J. Valencia 

(Texto aparecido originalmente en la web pasadizo.com en el año 2005)

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