X-Men: días del futuro pasado (Bryan Singer, 2014)

Esto tenía que pasar; después de catorce años de franquicia mutante cinematográfica, era inevitable que esta adaptara una de las tradiciones más habituales de los tebeos de superhéroes, el retcon, o retro continuidad. Lo que viene a ser un donde dije digo digo diego de toda la vida. Tras el estreno de la excelente X-Men: primera generación (Matthew Vaughn, 2011) y el regreso de Bryan Singer al redil tras su desafortunado paso por DC, las expectativas estaban muy altas respecto a su secuela. Vaughn seguía ligado al proyecto, pero en el momento en que Singer volvió a tomar las riendas de la dirección y  llegaron  las primeras noticias de que esta película iba a adaptar la clásica historia de Chris Claremont de 1981, “días del futuro pasado”, la cosa empezó  a tener tintes de desmadre. Con la excusa de reunir a los mutantes del futuro con los del pasado, el reparto empezó a llenarse de actores y actrices de las anteriores películas; era un argumento prometedor, pero, ¿y si la cosa se convertía en el batiburrillo masificado de personajes de una frase que fue X-Men: la decisión final (Brett Ratner, 2006)?

Por suerte, Singer soluciona el problema al estilo de la segunda parte; hay muchos personajes, sí, pero a todos se les da su tiempo proporcional en pantalla, dándole a la película un aire épico-coral muy emocionante. Y no es para menos, ya que X-Men: días del futuro pasado nos narra el periplo en el tiempo de Lobezno (Hugh Jackman, pulverizando récords como el actor que más veces ha hecho de un superhéroe en la gran pantalla) que viaja hacia 1973 durante un momento clave en la historia de la especie mutante. En la conferencia de paz de París que puso fin a la guerra de Vietnam, el científico Bolivar Trask (Peter Dinklage) es asesinado por Mística (Jennifer Lawrence) y eso llevará a la creación de los centinelas y un estado totalitario anti mutante en el futuro, hecho que Lobezno debe evitar como sea. Para ello necesitará la ayuda de un profesor Xavier (James McAvoy) y un Magneto (Michael Fassbender) en uno de los momentos más duros de su relación, enfrentados por sus diferencias filosóficas y por la marcha de Mística, que continúa en solitario su lucha pro mutante alrededor del mundo.

Pese a las dos líneas temporales en paralelo, la película es un festival de recreación de los setenta (la guerra de Vietnam, patillas, bigotones y un genial Richard Nixon)  y tiene el acierto de mantener casi todo su metraje en esa época, por lo que casi funciona más como una secuela de X-Men: primera generación que como una de X-Men: la decisión final. Más bien es una secuela de la escena post créditos de Lobezno inmortal (The Wolverine, James Mangold, 2013), dejémoslo así y todos contentos;  tiene un ritmo excelente que no decae en sus 130 minutos y está llena de guiños muy acertados a todas sus predecesoras. Todas las escenas están ahí para algo, no hay relleno y desborda épica por todos sitios. Quizá será más dura para alguien que no sepa nada de los X-men fílmicos anteriores a 2011, pero eso es un valor añadido para el fan. Es una película de fanservice absoluto, desde el primer minuto a la genial escena post créditos que ya vaticina lo que veremos en la futura X-Men: Apocalypse prevista para 2016.

Y para terminar vayamos a la pregunta que todo fan de los X-Men fílmicos se hace en estos momentos; que pasa con la continuidad, se arreglan las incongruencias respecto a las otras películas? Sí… y no del todo, pero viene a ser igual. Lo importante queda cerrado y explicado de manera más o menos convincente y lo más importante de todo; el relevo en la línea temporal al estilo del  Star Trek de J.J Abrahams queda asegurado. Los “viejos” personajes se quedan en un lugar temporal en el que no “molestan” y la cosa puede continuar con Fassbender, Lawrence y McAvoy. Aunque hayan fulminado a Pícara (Anna Paquin) del metraje, en el que aparece la friolera de cinco segundos. Nunca llueve a gusto de todos, pero el fan se quedará contento con el resultado, ya que da una retirada digna a toda la franquicia anterior dejando algún que otro fleco suelto sin importancia.  Y, además, ¿no es eso lo que lleva haciendo el comic hace más de cuarenta años?

Victor Castillo

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