Star Trek: En la oscuridad (Star Trek Into Darkness, J.J. Abrams, 2013)

Hace cuatro años J.J. Abrams se marcó el reto de reiniciar la saga de Star Trek dándole un nuevo aire mucho más modernizado e intentando convertirla en un taquillero blockbuster de aventuras espaciales. Aquel primer film sorprendió y superó las expectativas de muchos, y todo y que provocó rechazo en una parte de la comunidad fan de la saga, lo cierto es que aquella primera película funcionó notablemente como ópera espacial de entretenimiento. Quizás el principal pero que se le podía poner era que le faltaba consolidar una verdadera alma propia en cuanto a la familia de personajes que conforman la tripulación protagonista del Enterprise. Y es ahí justo donde Abrams se ha centrado en este segundo film: cómo son, conviven y se relacionan esos personajes, y de qué forma actúan y evolucionan hasta convertirse en los héroes que el espectador espera.

El alma de Star Trek Into Darkness es pues el grupo de personajes principales, cuyo epicentro de ellos lo ocupan Kirk y Spock, una pareja que encarna la heroicidad y la amistad desde dos pulsiones totalmente opuestas. Por un lado, Kirk (interpretado por un más que correcto Chris Pine) es el caos, el capitán perdido entre todo su propio mundo, intentando saber qué se supone que debe hacer y buscando saber quién es; es como una fuerza de la naturaleza, sin atender a razones se lanza a todo acontecimiento sin ningún tipo de anticipación ni razonamiento sereno. Su viaje en esta trama será el de descubrir cuál debe ser verdaderamente su cometido y responsabilidad final como capitán del Enterprise. Por otro lado, Spock (Zachary Quinto lo interpreta de forma absolutamente genial) es la imperturbabilidad de la lógica extrema aplicada a todos los aspectos de la vida, tanto en acontecimientos concretos como en cuanto a relaciones con otros seres. ¿Siente verdaderamente Spock? ¿Ha escogido no sentir para poder llevar a cabo sus cometidos de la forma más excelente posible? ¿Siente algo en relación a aquellos a los que protege y con los que lucha? A estas cuestiones se enfrenta este personaje en esta historia, ante las cuales mucho influirá su amistad con Kirk y su peculiar relación amorosa con Uhura (Zoë Saldana). Cabe decir que en Star Trek Into Darkness sí se logra aquello que quedaba en medias tintas en la anterior entrega, y es ni más ni menos que un buen trabajo con este coro principal de personajes; bien dibujados, correctamente trabajados a nivel de guión, y eficazmente perfilados para conseguir que el espectador los entienda y se preocupe por ellos. Tampoco os esperéis ahora por supuesto una obra maestra en cuanto a esta cuestión, estamos hablando de un blockbuster y no de una pieza de artesanía ni nada por el estilo; sencillamente en este segundo film el alma de este nuevo Star Trek empieza a configurarse de una forma muy positiva.

Dejando a un lado a la tripulación del Enterprise, en Star Trek Into Darkness el malvado personaje principal es interpretado por un Benedict Cumberbatch que deja atrás su excelente interpretación del televisivo Sherlock Holmes para transformarse en un poderoso enemigo: fuerte, vengativo, imperturbable y casi invulnerable, este personaje se convierte rápidamente en un elemento excelente para esta saga galáctica. Es preciso no desmenuzar muchas cosas de este malvado para no desvelar spoilers indeseados. Únicamente decir que el trabajo de Cumberbatch es soberbio en este film y que, después de Zachary Quinto, es sin duda lo mejor de Star Trek Into Darkness.

En cuanto a la acción y efectos especiales queda claro, y era de esperar, que hay un salto de potencia para incrementar la espectacularidad de la primera entrega, creando una auténtica montaña rusa de vuelos, batallas, peleas y acción a raudales. Eso sí, hay que admitir que en todo ese espectáculo se advierte un concienzudo trabajo de estilo y sentido común, es decir, una voluntad de no hacer simplemente un despilfarro de efectos digitales en cada fotograma sin control alguno, sino de ofrecer al espectador un equilibrio coherente entre la historia que está siguiendo y el espectáculo visual que está esperando disfrutar. Junto a esto no podemos olvidar hacer una mención especial a la maravillosa banda sonora de Michael Giacchino, capaz de moverse entre la épica más elevada y el drama más lacrimógeno, entre la heroicidad y la comedia, entre la aventura y la poética más humana. Excepcional.

En definitiva, siempre me ha gustado Star Trek, me encantaba la saga de La Nueva Generación con Patrick Stewart, siempre he disfrutado de los films originales con Leonard Nimoy y William Shatner, y para mí este reinicio de la saga está funcionando correctamente. Es fresco, nuevo y emocionante, busca darle un vuelco adrenalítico y operístico a unas aventuras espaciales que todos conocemos pero que de esta forma se nos hacen de nuevo atractivas y emotivas. Puede que estas nuevas entregas no se conviertan en excelentes películas, ni en obras maestras que pasen a la historia del cine. Son lo que buscan ser: blockbusters de calidad que nos hagan disfrutar y que hagan una buena taquilla durante el verano. Una vez aceptamos que eso es lo que son, podemos disfrutarlas como queramos, y sinceramente en esta segunda entrega J.J. Abrams consigue en muchos momentos que nos lo pasemos en grande sentados en nuestra butaca. Yo por mi parte ya estoy deseando ver una tercera.

Xavier Torrents Valdeiglesias

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