Plan diabólico (Seconds, John Frankenheimer, 1966)

Una organización secreta ofrece la posibilidad de cambiar el aspecto físico y la vida de los clientes ricos que aceptan su propuesta. Son capaces de organizar la muerte y entierro del cliente de cara a su entorno social y familiar y preparar una vida totalmente nueva para él. Como siempre, no todo es lo que parece, y hay algunas “cláusulas” que la empresa no acaba de explicar…

Para demostrar definitivamente que títulos como El mensajero del miedo, El hombre de Alcatraz y El tren no eran maravillas por casualidad, Frankenheimer dio a luz otra obra maestra: Plan diabólico (Seconds, 1966).

La música y las imágenes que encabezan la película y sirven de background a los créditos iniciales no auguran precisamente una bonita historia. Es más, presagian claramente algo inquietante, opresivo… y así va a ser Seconds; angustiosa. El hecho de que imágenes y música (de Jerry Goldsmith, por cierto) sean coherentes con el contenido argumental se mantendrá durante todo el film, donde nos toparemos con travellings en primerísimo plano inauditos para la época (de esos que tanto sorprendieron en Requiem for a Dream, de Darren Aronofski), con angulaciones de cámara aberrantes y, por momentos, incluso un montaje bastante sincopado capaz de producir un cierto desasosiego en el espectador.

Frankenheimer no pierde el tiempo, y mientras nos presenta al personaje principal nos va introduciendo en la trama. Enseguida retrata la vida conyugal y laboral del protagonista como algo que empieza a serle totalmente ajeno. Entonces decide probar suerte con la dirección que le había dado su misterioso amigo Charlie, al que él creía muerto. Resulta al menos curioso que el lugar de contacto, desde donde tiene que partir hacia “la compañía”, esté en un almacén de carnes, donde cuelgan cientos de reses sin identidad que han pasado por un proceso de transformación física después de la muerte. Todo esto podría ser una alegoría de lo que se le viene encima a nuestro protagonista, Arthur Hamilton. Justo después, una vez en “la compañía”, el director nos sorprende con una secuencia onírica magistralmente rodada. Más tarde descubriremos que no se trataba de un simple sueño…

Ahora estamos ya en el nudo de la trama, donde manipulan a Arthur hasta convencerle de que se convierta en Tony Wilson (Rock Hudson), fingiendo su muerte presentando un cadáver de características físicas similares, mientras a él lo someten a una cirugía completa. A partir de aquí comienza una nueva vida e, irónicamente, desde “la compañía” hacen hincapié en que ahora podrá gozar de la verdadera libertad. Éstos lo reinsertan en una nueva sociedad donde hará nuevos amigos, se enamorará de Nora (Salome Jens), gozará de popularidad, etcétera. El problema es que todo esto es un artificio. Toda esta gente, menos Nora, que está contratada por “la compañía”, son unos “renacidos” como él, e interpretan su papel conformes con la nueva vida que les han proporcionado. Pero Tony no lo ve tan claro. Si no tienes pasado ¿de qué puedes hablar? Si el amor no es verdaderamente recíproco ¿de que sirve? ¿Y la amistad? ¿Puede uno deshacerse de sus miedos y sus complejos de toda la vida solamente con cambiar su físico?

Es impresionante la secuencia en que Tony se da cuenta de todo esto, cuando en medio de una borrachera se ve reprimido brutalmente, hasta el punto de ser inmovilizado por sus compañeros de fiesta, que lo observan de manera intimidatoria al más puro estilo La invasión de los ladrones de cuerpos, de Don Siegel.

Todo esto hace que el espectador se plantee lo de la sociedad paralela en la que vive. Una sociedad opresora donde es víctima y amenaza al mismo tiempo. Víctima por no poder sobrepasar una serie de normas inhumanas, y amenaza porque si son sobrepasadas se afecta al conjunto y armonía de esa sociedad. Ello remite directamente a grandes obras fantásticas como Soy leyenda (Richard Matheson),1984 (George Orwell), Fahrenheit 451 (Ray Bradbury), entre otras.

Cuando Tony toma conciencia de que su nueva vida es una farsa, decide ir a ver a la que fue su esposa. Y qué triste darse cuenta de que la mujer que creías distante e ignorante conocía tus pensamientos y tu forma de ser mejor que tú mismo. Después de esto, Tony vuelve a “la compañía” reclamando cambiar de vida otra vez, y estos lo callan aceptándolo y poniéndolo en una lista de espera (pero realmente no será la que él desea…)

Luego de hablar con su amigo Charlie, a quien encuentra en “la compañía” haciendo labores de administrativo, o lo que debe ser lo mismo, captando nuevos clientes, empezamos a sospechar que hay gato encerrado. Y si somos un poco detallistas y reparamos en la lágrima que cae del ojo derecho de Charlie cuando lo llaman a quirófano, podremos relacionarlo directamente con la conclusión de la película.

Finalmente nos damos cuenta de para qué era esa lista de espera a la que habían apuntado a Tony. Es como una especie de pez que se muerde la cola, una empresa estilo piramidal en la que mediante el boca a boca, uno mete a otro en la boca del lobo. Y evidentemente, no avisan de que el sistema no funciona, pero es que ni ellos mismo admiten su error, pretenden ir cambiando de vida hasta dar con una vida ideal.

Oscar Sueiro

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